Mujer bravía22/05/2009inicio|anterior|siguiente
- Transmitir su impureza para abrirse paso y tocar la orla del manto de Jesús, cierta de que con ello sanará.
- Ponerse en evidencia después de haber realizado el acto, pese al castigo que implicaba.
- Testificar en favor de Jesús ante Pilato contraviniendo la ley de los judíos.
- Interferir para limpiar el rostro de Jesús y así detener la golpiza que le propinaba un soldado por haber caído.
- Disputar una tela contaminada al soldado que golpeaba a Jesús, sin importarle los señalamientos y las burlas.
- Colocar en el Cuerpo de Jesús sus filacterias contra el dictamen del Sanedrín.
- Sustraer del Sepulcro los objetos contaminantes con el Cuerpo depositados.
- Divulgar su hallazgo del Rostro del Señor impreso en los mantos que conserva.
- No dejar que Velosiano parta con la Sábana y sin ella; acompañarlo hasta Roma en seguimiento de la Sábana.
- Permanecer en el palacio imperial de Villa Capri, y para ello aprender pintura contraviniendo la Ley de Moisés.
- No dudar en pedirle la Sábana al asesino de Tiberio, Calígula, apenas muerto el interesado en la Sábana y marchar de inmediato.
- Pintar a Jesús en una catacumba, violando la Ley mosaica.
- Emprender por tierra una travesía titánica con un maletín que debe mantener alejado de sí.
- Entrevistarse con el rey Abgar cuando siente morirse para pedirle que atesore la Sábana y mande a un emisario por el Sudario a Jerusalén.
- Pintarle a Abgar un códice a modo de instructivo y propio para Nicodemo.
Estas evidencias y deducciones sobre la actuación de la Verónica, proporcionan el muy definido perfil de una personalidad a la que la majestad no impresiona, rústica, sensible al dolor ajeno, justiciera, impulsiva, veraz. No es fortuito, sino providencial, que la tauromaquia le rinda homenaje dándole su nombre a un pase, pero ahora en relación al toro entendido: una mujer de casta Miura, indómita, no rehúye el sufrimiento y burla que la embestida le significan, irreflexiva, con la nobleza de corazón por delante.

Este perfil nos permite afirmar con bastante seguridad que Verónica no advirtió en la Vía Dolorosa el Rostro grabado en el Sudario, como sugiere la Tradición. Si hubiese advertido el Rostro impreso, no habría utilizado el Sudario para realizar las operaciones sepulcrales, lo habría conservado. Descubrió el Rostro impreso una vez que estuvo en plena posesión de los mantos y los pudo observar con detenimiento. Y de que después sí advirtió el Rostro impreso en el Sudario, nos lo refiere la propia Tradición y la Tabla de Edessa, el Códice que pintó para Abgar y Nicodemo, donde el manto ostenta el Rostro, probablemente estilizado después de su muerte por Hanan, el archivero y pintor de Abgar, por orden de éste.

La Tabla de Edessa, o mejor dicho, el Códice de La Verónica, fue datado como del siglo X por las figuras inferiores, de colores apagados, contención de trazo y posturas hieráticas, apegadas a los cánones medievales y bizantinos, pero las pinturas superiores, de colores cálidos, trazos enfáticos y posturas dinámicas, aunque ingenuas en las proporciones por ser obras de una aprendiz, pertenecen a la escuela plástica greco-romana, evidente en los pliegues textiles y en la psicología de los personajes retratados.