¿Quién preparó el Cuerpo en el Sepulcro?22/05/2009inicio|anterior|siguiente

Los Evangelios consignan que José de Arimatea sepultó a Jesús. Juan añade a Nicodemo. Ni una palabra sobre La Verónica, pese a la evidencia de que el Sudario que se usó era el Manto de su propiedad, preservado sólo por la tradición oral.

Si algo escandalizó a quienes presenciaban el Martirio de Jesús, fue que una mujer asistiera a un condenado a muerte por blasfemia, sin temor a quedar por ello impura, en absoluto desdén hacia la Ley de Moisés; y una vez impura por el golpe del soldado en su mano, disputase el Sudario. Por ello La Verónica fue proscrita aun por los Evangelistas, quienes, al no dejar de ser judíos, no consignaron su hazaña: interferir cuando Jesús era golpeado con brutalidad.

Nicodemo refiere cómo Verónica aboga por Jesús ante Pilato:

“Y una mujer, llamada Verónica, dijo: ‘Doce años venía afligiéndome un flujo de sangre y, con sólo tocar el borde de su vestido, el flujo se detuvo en el mismo momento’.

Y los Judíos exclamaron: Según nuestra ley, una mujer no puede venir a deponer como testigo.”

Nicodemo narra in extenso el juicio y cómo intercede por Jesús ante Pilato; pero al reseñar el sepelio es muy escueto y sólo enuncia a José de Arimatea, pese a que él también intervino y contribuyó con la mezcla de cien libras de mirra y áloe, según consigna Juan. Nicodemo menciona a Verónica y a sí mismo en el juicio; pero calla su propia actuación en el sepelio para no tener que incorporarla, una vez que ésta ha quedado proscrita, pero la rescata del ostracismo al señalar que una mujer, llamada Verónica, testimonia a Pilato que Jesús la curó de un flujo de sangre de 12 años ya. La identifica, ya que se le llamará Verónica sólo después de su proscripción.

Los Evangelios sinópticos señalan que María Magdalena y María la de José vieron dónde era colocado Jesús; Mateo precisa que se quedaron frente al Sepulcro; es decir, no entraron. También exponen que, pasada la Pascua, las mujeres acudieron al Sepulcro para embalsamar en forma el Cuerpo, y se preguntaban quién les ayudaría a rodar la piedra que lo sellaba; de esto se deduce que entre judíos la preparación de un cuerpo era cosa de mujeres.

Así que Verónica se habría prestado a ello, para estar cerca de su Salvador; Y José de Arimatea y Nicodemo accedieron porque, al estar ya impura por asistir a Jesús, La Verónica les ahorraba las operaciones más riesgosas de contacto con el Cuerpo.