El Sudario revela que el proceso sepulcral se inició apenas comprobada la muerte de Jesús con la lanzada, ya que la venda que sirvió de cojinete para oprimir el Sudario sobre el torso de Jesús para recoger la sangre y el agua que manó de la herida, después utilizada para hacer el arnés, permanecía tan húmeda de sangre y agua al llegar al Sepulcro, que sus bordes se imprimieron en el Sudario. El caluroso abril jerosolimitano seca una tela en no más de 20 minutos –más rápido si hay sangre. Los Evangelios narran que, muerto Jesús, José de Arimatea pidió el Cuerpo a Pilato; incluso Juan, testigo presencial, así lo consigna. Sin embargo, el breve fragmento del Evangelio de Pedro que ha llegado a nuestros días, relata: “Empero José, el amigo del Pilato y del Señor, permaneció allí. Y, sabiendo que se le iba a crucificar, fue a Pilato, y le pidió el cuerpo del Señor, para sepultarlo” (2,1). Esta versión tiene crédito por cuanto Pedro, como cabeza de la nueva Iglesia, mantuvo contacto con el de Arimatea, quien era miembro del Consejo Judío, para que los judíos cristianos no fueran expulsados de las sinagogas, de forma que el mismo José le habría compartido a Pedro su testimonio. Y, mientras Jesús subía al Calvario y padecía en la cruz, José abrió el sepulcro y compró la sábana con la que lo envolvería, en tanto Nicodemo contribuyó comprando la mirra y el áloe. Así, una vez comprobada con la lanzada la muerte de Jesús, el jefe del | piquete de soldados que hacía guardia, instruido por Pilato de antemano, a un tiempo le envió un emisario para informarlo de la muerte y dio su venia a José para que procediera a descolgar y sepultar su Cuerpo.![]() En uno de los sitios que ostentan esta foto misteriosa de la peregrina chilena Diana Cooper, quien en el siglo XIX realizó una toma de una calle de Jerusalén, pero al revelar apareció esta imagen, se ha querido identificar con José de Arimatea al interlocutor de Jesús; Juan en segundo plano, y Pedro detrás de éste. |