Dolor cruciático03/04/2009inicio|anterior|siguiente

Del anterior análisis se deduce que Jesús no murió tan pronto, antes bien, duró mucho con inimaginables dolores a cuestas: No habría pasado Jesús ni una hora en la Cruz, cuando perdió el dominio de sus piernas por los calambres, esguince y dislocación. Su cuerpo quedó pendido sólo de sus brazos; no podía arquearlo para respirar, el aire le entraba a los pulmones en forma muy limitada, pues tampoco podía elevar la cabeza para jalar el aire, impedido por la corona de espinas que se le encajaba y le provocaba profundos dolores de cabeza y músculos. El brazo derecho luxado le obligó a tener como apoyo sólo su brazo izquierdo, con el que debió cargar todo su peso, duplicado por la ley de los vectores. Por cada exhalación, por cada inhalación, el solo brazo izquierdo empujaba hacia arriba y hacia ese lado 160 kilos arrastrando sobre el madero la espalda terriblemente lacerada por 120 azotes. A los intensísimos dolores de las llagas en todo el cuerpo se sumaba el de la copiosa sudoración que las hacía arder; y a ello los terribles dolores de los nervios medios provocados por los clavos en las muñecas, pues aunque no forzara el brazo derecho, inutilizado, la tracción del brazo izquierdo en cada respiración, lo dañaba. Pero nada comparable al dolor del nervio medio del brazo izquierdo, la herida ahí aumentó 24 veces durante la crucifixión. Todo esto, por dos horas o más, al punto que todos esos dolores conjugados y aumentando hacen exclamar al Dios-Hombre: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?