Las
razones
de la fe

 

Una pregunta respondida 25 años después de formulada, desata una serie de investigaciones enlazadas por sucesivas preguntas que hallan respuestas en los ámbitos de la razón y de la fe, y desvelan cuatro conspiraciones —en medio de una de las cuales es muerto Jesús de Nazaret— que perfilaron la cultura en Occidente. Coloque el puntero en cada párrafo para que surja la imagen asociada.

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Francisco Hernández
herotata@hotmail.com

índice con vínculos

 

 

 

 

Jesús de Nazaret

La Sábana Santa. Una pregunta inquietante

Una hipótesis sobre el proceso sepulcral

En los límites de la ciencia y de la fe

19 fotografías insólitas de Jesús

La fotocomposición, la foto de Jackie Haas y el rostro impreso en la Sábana

Significados de las fotos y la fotocomposición

Representaciones del rostro impreso en la Sábana

El Sudario de Oviedo. Cuestiones

Los dos testigos

Varón de Dolores

Víctima perfecta, sacrificios perfectos

El proceso sepulcral según el Sudario

¿Quién preparó el cuerpo en el Sepulcro?

Condiciones de Ley para conservarse puro

¿Quién rescató los mantos del sepulcro?

Certificación de autenticidad de la Sábana

Una travesía de cuatro mil kilómetros

El "mandylion" con el Acheiropoieto

Los Rollos de Qumrán y el Buen Ladrón

La disputa por la Traducción y las Transcripción de los Libros Sagrados

Una familia acaudalada y con influencias

El Gran Rabí y el Talión

De cómo el inicio de la Edad Media se anticipó 360 años

Los Sellos y los Tiempos

Agradecimientos

Fuentes consultadas

Documentos

 

 

 

Jesús de Nazaret

Sus enseñanzas sobre el amor y la misericordia debida, y su poder, capaz de calmar tempestades, multiplicar panes, sanar enfermos, expulsar demonios y resucitar muertos, hicieron crecer la fama de Jesús de Nazaret al grado de que las autoridades religiosas de su tiempo temieron ser desplazadas por Él. Lo acosaron, pero su sabiduría anonadó a sus hostigadores. Profetizó que lo matarían, pero resucitaría.

Conoció su tiempo. Luego de tres años de prédica acompañada de señales prodigiosas, anticipó la celebración de la Pascua Judía para despedirse de los suyos en ceremonia solemne, y precisarles que nadie le quitaba la vida, que Él la daba para cumplir la Voluntad de Dios, de establecer entre Dios y el género humano una Nueva Alianza, imperecedera, significada con su Cuerpo y con su Sangre, y pagar con su Sacrificio el castigo por toda miseria y rebeldía que se reconociese necesitada de Redención. Sabedor de su suerte, de terror pánico sudó sangre al orar en espera de su aprehensión.

Apresado a traición y al sigilo de la noche, y en juicio sumarísimo con testigos falsos condenado a muerte por blasfemia al reconocerse Hijo de Dios, sus acusadores exigieron al Procurador Romano que lo ejecutase. Al no hallar éste motivo para ello, los miembros del Sanedrín chantajearon a Poncio Pilato esgrimiendo que se enemistaría con el César de no ultimar a quien, al proclamarse Rey, desafiaba a la majestad imperial. Pilato quiso evitar tal pena, primero enviándolo con Herodes, potestad bajo cuya jurisdicción estaba Jesús en su condición de nazareno; luego, mandándolo azotar –los ejecutores del castigo se excedieron en éste y con burlas le coronaron con espinas y le pusieron un trapo rojo inmundo a modo de capa–; finalmente, ante el potencial motín, se allanó a la voluntad de los acusadores, se lavó las manos y declaró: "Soy libre de la sangre de este justo". Los acusadores todavía respondieron al gesto de Pilato apostando: “Su sangre sobre nuestras cabezas y las de nuestros hijos”.

El también llamado El Cristo (Ungido) cargó la cruz en la que fue clavado fuera de la ciudad de Jerusalén, a la vera del camino, en medio de burlas, ironías y sarcasmos. Murió con prontitud debido al múltiple martirio que se le inflingió, tiempo durante el cual el cielo se oscureció. A su muerte, la tierra tembló, sobrevinieron relámpagos y el velo del Templo se rasgó de arriba a abajo.

Jesús fue sepultado con rapidez para guardar la Pascua judía. El sepulcro fue sellado con una piedra, y al día siguiente fue resguardado por los soldados que dispuso Pilato a la venia de los recelosos sacerdotes que conocían su profecía de que resucitaría al tercer día.

Despuntaba el tercer día desde su muerte cuando la tumba se iluminó luego de rodar sola la piedra que sellaba el acceso, según pudieron ver los atemorizados soldados. Jesús ya no estaba ahí, había resucitado. Las mujeres que acabarían de embalsamar el cuerpo luego de la Pascua, y los dos más cercanos discípulos que alertados por éstas corrieron hacia la tumba, sólo hallaron en ella la Sábana con la que lo cubrieron, allanada con las vendas, y, doblado aparte, el Sudario que había estado sobre su cabeza.

Muchos lo vieron resucitado durante cuarenta días antes de presenciar su ascensión al cielo.

La Sábana Santa. Una pregunta inquietante

El miércoles 18 de abril de 1973, apoyado en diapositivas, el hermano lasallista Manuel Mijares dictó una conferencia sobre la Sábana Santa a sus alumnos de 2° de secundaria.

Expuso que es una fina sarga de lino, tejida en trama llamada espina de pescado, habitual del Damasco del siglo primero, de 1.10 por 4.34 metros, que tiene manchas de sangre y la efigie de un hombre barbado, de 1.80 metros de estatura, torturado, que envolvió dándole vuelta por sobre la cabeza.

Refirió que en el año 525 la Sábana fue hallada en un nicho tapiado sobre la puerta occidental del muro de la ciudad armenia de Edesa, hoy Urfa, en Turquía; se le trasladó a Constantinopla en el año 944; fue sustraída de esa ciudad por Otto de la Roche durante el saqueo perpetrado por integrantes de la Cuarta Cruzada en el año 1204. Por la excomunión del papa Inocencio III a los cruzados que combatieron a sus hermanos de Oriente y saquearon y traficaron reliquias de Constantinopla, éstos ocultaron la Sábana por más de un siglo. En 1355 aparece en Lirey, Francia, como propiedad de Godofredo de Charny. En 1453 la adquirió Luís de Saboya de Margarita de Charny a cambio de un castillo y un estado. En 1532 un incendio derrite parte de la urna de plata que la contiene, y una gota de metal le produce perforaciones simétricas, que dañan la impresión de los antebrazos. En 1578 se le trasladó a Turín para aproximarla a Carlos Borromeo, que peregrinaba enfermo hacia ésta a pedir la intervención divina para el cese de la peste, y se dejó en esa ciudad. En 1939 se le ocultó en la Abadía benedictina de Montevergine para protegerla de las pretensiones de los nazis, y en 1946 se le regresó a Turín.

En 1898 Secondo Pía la fotografió por primera vez y así se supo que la impresión del cuerpo equivale a un negativo fotográfico.

Positivo dorsal

Negativo dorsal

Positivo frontal

Negativo frontal

Esto llamó la atención del ámbito científico que desde entonces la estudia y analiza.

A petición de la Academia Francesa de las Ciencias, Ives Delague la analizó a principios del Siglo XX y concluyó que el hombre que envolvió la Sábana fue azotado, coronado con espinas, crucificado, y lanceado en el costado, tal como los Evangelios refieren que le aconteció a Jesús de Nazaret.

Pierre Barbet la volvió a estudiar a mediados de ese siglo, realizó diversos experimentos con vivos y muertos crucificados, y concluyó lo mismo que su compatriota.

De súbito, al cierre de su conferencia Manuel Mijares advirtió algo y se hizo la pregunta en voz alta: “¿Por qué en la Sábana aparecen las manchas de sangre sobre el cuerpo en el lugar en el que se produjeron de acuerdo a la dinámica de la crucifixión, y no aparecen huellas de las manos que debieron manipular el cuerpo para bajarlo de la cruz, trasladarlo y sepultarlo, y que debieron deformar las manchas de sangre?” La cuestión parecía apuntalar la opinión de quienes postulan la falsedad de la tela. Por toda respuesta obtuvo el silencio.

Una hipótesis sobre el proceso sepulcral

Esa pregunta rondó mi cabeza cuando en 1980 se dieron a conocer los resultados de los análisis realizados en 1979 por una comisión de científicos que recibió permiso de estudiar la tela directamente gracias al descubrimiento de Jackson, Morten y Sumacher, mediante el visor VP8 diseñado para estudiar la orografía de Marte, de que la impresión del cuerpo en la Sábana tiene propiedad tridimensional. y verificó que las manchas oscuras son de sangre humana del tipo AB, la ausencia de pigmento en las manchas y en la imagen del hombre, impresa por una chamuscada muy superficial de los hilos de lino, sin que la ciencia pueda explicar el fenómeno ni tenga método para replicarlo, y la presencia de esporas de polen de plantas endémicas que confirman el itinerario de la reliquia desde Palestina. La interrogante permanecía cuando en 1983 la Sábana pasó a poder del Vaticano por voluntad testamentaria de Humberto de Saboya, cuando en 1988 el análisis mediante carbono 14 realizado por tres laboratorios dató la Sábana de entre los años 1290-1360, y cuando en 1997 un incendio amenazó por tercera vez la Sábana.

A principios de 1998 le renovaron las telas de remiendo y soporte a la Sábana y se realizó una ostensión conmemorativa del centenario de la primera foto que se le tomó. Fue cuando advertí que la precisión que hace Juan en su Evangelio, de que Pilato tuvo que salir del Pretorio para atender a los acusadores de Jesús, porque si los judíos entraban se contaminaban, daba la pauta para resolver el enigma: Jesús, al ser declarado blasfemo, debió ser sujeto de la ceremonia de anatema mediante la cual se le apartó de la Asamblea de los Puros de Israel, se le maldijo, y se le condenó a muerte. Desde ese momento Jesús quedó impuro para los israelitas. Si lo tocaban, quedaban impuros y no habrían podido celebrar la Pascua. Y luego también ya muerto, pues la Ley mosaica establece que quien está bajo el mismo techo bajo el cual alguien muere, o tiene contacto con un muerto, o con las cosas que haya bajo el techo en el que se verificó la defunción, queda impuro por siete días, y volverá a quedar puro sólo después de pasada la semana y mediante dos baños rituales de purificación con aguas lustrales. De modo que para desclavarlo y bajarlo de la cruz, trasladarlo, depositarlo y arreglarlo en el sepulcro, debieron manipular el cuerpo sin tocarlo. Pero, ¿cómo?

Hacia noviembre de ese año formulé una hipótesis factible: ante la cruz se colocó en forma vertical un palo tan largo como la Sábana, y a éste se amarró el cuerpo sujetándolo por el tórax con un arnés hecho con vendas, y por detrás de las rodillas con una venda simple. Una vez sujeto el cuerpo al palo, se desclavaron los pies, se elevó el extremo bajo del palo a los hombros del cargador, apoyando el otro extremo del palo en el patíbulo de la cruz, con lo que el cuerpo quedó en posición próxima a la horizontal, así se desclavaron las manos y mediante vendas se colocaron en el regazo del cadáver.

Bastó que alguien tomara el extremo del palo que descansaba sobre el patíbulo, para trasladar al sepulcro el cuerpo sujeto al palo a modo de cordero sacrificado o presa de caza; y ya ahí, bajar el palo para que el cuerpo se allanara sobre la Sábana previamente mojada con la mezcla de mirra y áloe para que la tela transfiriera la solución aromática al cuerpo sin necesidad de untarla directamente. Después de esto sólo se jaló el palo para desasirlo de las vendas y se extendió sobre el cuerpo la mitad superior de la Sábana, también mojada con la solución de mirra y áloe. Al no tener forma de probar mi hipótesis, me conformé con la satisfacción de responder la pregunta que 25 años atrás se hizo mi profesor.

En los límites de la ciencia y de la fe

Dado que en 1988 la Sábana fue datada por el carbono 14 como una tela medieval, que no se tiene dato cierto si la tela que apareció en Lirey es la que se sustrajo de Constantinopla, y a su vez, si la tela que fue hallada en Edesa y se trasladó a Constantinopla acaso la devoción la vincule con Jesús de Nazaret, del cual no se conoce retrato hecho por algún contemporáneo, un equipo inglés postula que la representación de Jesús es un modelo europeo occidental impuesto desde las cátedras por mano de artistas, que nada tiene que ver con un judío del Siglo I, ni con Jesús, puesto que Pablo censura el cabello largo en su Primera Carta a los Corintios.

Por tanto, estos ingleses reconstruyeron un cráneo del Siglo Primero hallado en Jerusalén para extraer de este el rostro de Jesús. El trabajo lo hizo Richard Neave, plástico forense de la Universidad de Manchester; y en el 2001 la BBC y Mecánica Popular difundieron su modelo.

Todo esto es una broma que llevan al extremo al proponer al hombre de Neavertal, presa de pánico escénico, como objeto de culto, previas sesiones con el estilista y el cirujano plástico que contravienen las censuras de sus propios creadores al cabello largo y a la tez blanca. Da risa y pauta para ilustrarnos y reconocer una cuestión.

Precisemos. Adriano expulsó de Palestina a los judíos en el año 135 y, errantes, se esparcieron por Europa. Los judíos no suelen mezclarse con gentiles, pero hubo cual por amor, convicción, conveniencia o supervivencia, abandonó sus costumbres. Y por azares de la genética, desde hace mucho tiempo buena porción de europeos tiene rasgos judíos.

Ya que los judíos no se mezclan, un judío del Siglo I y uno actual tienen rasgos similares.

El cabello largo era condición para los nazoreos, ya lo fueran por primogenitura o por el año comprometido con su voto. Y como Sansón, Jesús fue nazoreo primogénito.

Cuando Asiria invadió el reino de Israel seiscientos años antes de Cristo, algunos integrantes de la tribu de Dan se sustrajeron a la deportación, huyeron y se establecieron en Etiopía. No tan ortodoxos como los judíos, ahí se mezclaron con los nativos. El cráneo que reconstruyó Neave proviene de la tumba de un falasha en Jerusalén, pues, como israelitas, peregrinaban a esa ciudad tres veces al año en tiempos de Jesús, y algunos habrán muerto allí.

Hay que reconocer que ciertas conclusiones apresuradas, y la resistencia a la crítica de algunos de los que han estudiado estas cuestiones, dieron pie a la broma de los émulos de los Monty Pithon en Manchester. Esto es lo que caricaturizan los ingleses.

En contraparte, se debe reconocer que la ciencia no aporta todas las respuestas, y entre ensayo y error ella misma avanza en su búsqueda de la verdad. Algunos de sus practicantes suelen tomar los postulados científicos como artículos de fe, fuera de los cuales no hay cosa que valga. Esto es particularmente sensible respecto a la Sábana de Turín, cuyas huellas la ciencia no puede explicar ni replicar, y a los libros apócrifos, varios de los cuales fueron alterados en la Edad Media, y por ello se les desechó como fuente fidedigna sin considerar que bajo las fantasías añadidas a los textos originales por los copistas medievales, subyacen algunas historias verídicas y verificables, y otras, creíbles en términos de sentido común. El descrédito a estos libros ahondó la laguna histórica que borda objetos de investigación como la Sábana de Turín. También en este sentido es pertinente la flemática broma en sus censuras sin sustento sólido.

Sirva esto como advertencia. No hay inquina al cuestionar, ni ingenua inadvertencia al considerar los textos fuera de canon para la ciencia y para la fe, y otros aspectos. Pese a mis propias resistencias, la búsqueda de la multiforme verdad me ha exigido transitar escabrosos parajes. Bienvenida la crítica.

19 fotografías insólitas de Jesús

Me habían regalado dos fotografías misteriosas de Jesús (5 y 6). En una búsqueda por internet en 2006 hallé más y me admiró que en todas el rostro muestre el mismo perfil.

1. Tomada en París en vísperas de la Primera Guerra Mundial, por un fotógrafo húngaro de apellido Semiechen, a la aparición a un curandero francés de apellido Saltzman.

2. Tomada en 1930 en México por la donante de un sagrario para un nuevo templo, al ser introducidas las formas consagradas al tabernáculo, que era lo que deseaba registrar.

3. Una versión narra que durante la Guerra Civil española (1934-1936), un sacerdote tomó la foto al copón con las formas consagradas que albergaba en su casa para protegerlas de la profanación y los saqueos. La segunda versión asienta que la foto fue tomada al regresar el copón al sagrario luego de los saqueos, y se adjudica la foto a la señora Gladys. Una tercera versión señala que el autor es un fotoperiodista atrapado en una cueva en el Sinaí, cuando en 1973 cubría la Guerra del Yom Kipur, y por lo cual se hizo sacerdote.

4. Tomada en 1960 en Italia por Eugenio Siragusa.

5. Una versión refiere que en Colombia un fotógrafo tomó la foto a solicitud de una religiosa amiga a la cual se le apareció Jesús cuando él solo veía una silla vacía. Otra versión expone que unos masones le lanzaron el reto a Jesús de que si en verdad existía se pusiera en determinado lugar para tomarle esta foto.

6. Tomada de forma inadvertida con una cámara Kodak instamatic 110, por Jackie Hass, de Pennsilvania, en octubre de 1982. Halló el negativo en uno de los rollos que reveló de su peregrinación a Tierra Santa, entre las fotos que tomó en el Santo Sepulcro.

7. Tomada por la religiosa keniana Ana Alí, en la Porta Angélica de Roma, el 8 de septiembre de 1987, acompañada de un llamado para la conversión del mundo, y un exhorto para guardar devoción a la Eucaristía. Las apariciones de Jesús a la religiosa continuaron hasta 1991.

8. Tomada el 26 de noviembre del 2000, Fiesta de Cristo Rey del Universo, en Medellín, Colombia, por un teólogo a quien se le venía apareciendo Jesús desde el jueves santo de 1992. El mismo autor retocó la foto "para mejorarla, auxiliado por el mismo Jesús”.

9. Tomada por una peregrina en algún santuario de Europa, expuesta en el sitio 7dolors.

10. El sitio de donde se obtuvo esta imagen la ostenta como "dibujo psicopictográfico realizado en sesión mediúmnica". Sin embargo, al aplicarle herramientas de los programas de tratamiento de imagen, reacciona como fotografía y no como dibujo.

11. Estampa italiana con las leyendas al pie "Jesús mío, misericordia" y "El verdadero retrato descrito (en carta al césar Tiberio) por Léntulo, gobernador de Judea, amigo de Poncio Pilato".

12. Sin datos, de posible origen ruso.

13. Sin datos.

14. Sin datos.

15. Sin datos.

16. Sin datos.

17. Sin datos.

18. Sin datos. El cuerpo está compactado en sentido horizontal, señal de que fue tomada desde un vehículo en movimiento a cierta velocidad.

19. Sin datos.

La fotocomposición, la foto de Jackie
Haas y el rostro impreso en la Sábana

Por su perfil coincidente, me pregunté qué resultaría de sobreponer las fotos como transparencias.

Sin embargo, en tres fotografías, el rostro muestra el perfil derecho, mientras que en las restantes dieciséis fotografías muestra el perfil izquierdo. En dos de las fotos con perfil derecho se aprecia que el manto descansa sobre el hombro de ese lado.

Pero si se observan pinturas y esculturas griegas y romanas, se puede saber que el manto se usaba sobre el hombro izquierdo. Así pues, consideré que no era arbitrario aplicar efecto espejo a las tres fotos para adicionarlos a la fotocomposición.

Por cierta deformidad, la fotografía de Jackie Haas parece tomada a una imagen bidimensional: el mentón aparece pronunciado y la nariz está curvada y de frente, no compatible con el perfil del Rostro.

Para que pueda coincidir con las otras 18 fotografías, además de aplicarle efecto espejo, se debe girar 6 grados a la izquierda y desfasarse en sentido horizontal.

Fotocomposición sin la foto de Jackie Haas.

Fotocomposición con la foto de Jackie Haas.

Si se compara la fotocomposición, sin y con la foto de Jackie Haas, se puede observar cómo la coincidencia es relativa, pero esta foto le aporta color y cierto efecto tridimensional a la fotocomposición.

Si a la fotocomposición se le aplica efecto espejo, por alguna razón inexplicable el rostro se ve extraño. Que el ojo opte por acoger la fotocomposición con perfil izquierdo, es un indicio de que se acertó al realizar la fotocomposición con este perfil.

Las mismas herramientas equilibrar tono, de Phot Paint, y ecualizar, de Photo Shop, que sirven para saber que todas son fotos y no dibujos o pinturas, revelan que el objetivo retratado reacciona como fuente lumínica.

Al aplicar estas herramientas a las fotos y a la fotocomposición, los contrastes entre el objetivo y el ambiente se atenúan en vez de acentuarse, como sucede cuando la foto es a un objetivo opaco. Ninguna de estas dos reacciones se presentan cuando se aplican estas herramientas a un dibujo o a una pintura, casos en los que las imágenes conservan sus relaciones cromática y tonal originales.

La prueba obvia fue comparar la fotocomposición con el rostro impreso en la Sábana Santa. La coincidencia es tal, que además de revelar que se trata de la misma persona, sólo puede significar que el rostro se imprimió en la Sábana con el mismo perfil que guarda en las fotos.

Si se realizan rostros con cada uno de los lados del rostro impreso en la Sábana:

Rostro con lados derechos.

Rostro con lados izquierdos.

La pronunciada diferencia entre las dos composiciones acusa el perfil con el que el rostro se imprimió en la tela.

Y como en las fotografías, el registro en la Sábana también radia al aplicarle las herramientas antes descritas.

En primera instancia el rostro impreso en la Sábana sirvió de testigo. Después, por sus afinidades con las fotos, se consideró que podía ser incorporado a la fotocomposición. Pero, ¿cuál? ¿El positivo (negativo) o el negativo (positivo)?

El negativo (positivo) enfatiza los efectos deslumbrantes de la luz que radia el rostro.

El positivo (negativo) suaviza los efectos de la luz y hace más perceptibles las sutilezas del rostro. Es este el que se incorporó y preside a las fotos en la fotocomposición.

También se identificaron tres fotos insólitas apócrifas, ninguna de las cuales coincide con el rostro de la Sábana, ni radia luz como las auténticas. La tercera no puede esconder el pincel.

Supuesta aparición en un congreso en Monterrey, México.

Supuesta materialización realizada por Sai Baba.

Supuesta aparición a un clérigo francés.

Significados de las fotos y la fotocomposición

Las anteriores cuestiones no agotan las razones de las fotografías insólitas, que hay que indagar en las propias fotos, en las circunstancias en las que surgieron. Vemos que son varias las que han sido compartidas sin mayor dato sobre su origen, y en al menos dos fotografías, los datos sobre sus orígenes son inciertos puesto que existen versiones divergentes. Abordo esta primera cuestión.

A las 5 de la tarde del 6 de febrero de 1999 Andrés Castellá Planch circulaba rumbo a Mineral el Chico, en El Mezquital, en el estado mexicano de Hidalgo, acompañado del fotógrafo Antonio Duch Manzano, al participar en un rally. Antonio tomó esta secuencia y advirtió a Andrés de la aparición, y también la vio. La segunda toma es toda una teofanía, tres luces perfectamente identificables coinciden en la Persona: una, sobre la cabeza; una en el corazón y otra lo circunda a la altura de la cintura, lo cual evoca la visión del Hijo de Hombre de Ezequiel (1, 26-28): “Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas, había algo como una piedra de zafiro en forma de trono, y sobre esta forma de trono, por encima, en lo más alto, una figura de apariencia humana. Vi luego como el fulgor del electro, algo como un fuego que formaba una envoltura, todo alrededor, desde lo que parecía ser sus caderas para arriba; y desde lo que parecía ser sus caderas para abajo, vi algo como fuego que producía un resplandor en torno, con el aspecto del arco iris que aparece en las nubes los días de lluvia: tal era el aspecto de este resplandor, todo en torno. Era algo como la forma de la gloria de Yahveh. A su vista caí rostro en tierra y oí una voz que hablaba.”

En octubre de 2006 Antonio Duch me compartió que una ocasión se topó en la calle con un vendedor que ofrecía sus fotos. Le preguntó sobre el origen de éstas, y el vendedor le refirió una historia apócrifa. Antonio Duch no desmintió al vendedor ni se manifestó como el autor. Lo dejó hacer agradecido de que sus fotos le sirvieran a aquél hombre para sobrevivir.

Así vemos que los autores de este tipo de fotos suelen no reclamar ni manifestarse, que fue uno de los propósitos al abrir este sitio. De modo que hay que atenerse a los datos con que se cuentan. Las explicaciones las obtenemos al interpretar en el plano de la fe los datos que nos aportan las fotos.

En primera instancia llama la atención que algunas fotos surgen en sitios que viven momentos de violencia: París, en vísperas de la Primera Guerra Mundial; México, durante la Guerra Cristera; España, durante la Guerra Civil; Colombia, concomitantemente convulsionada por la guerrilla y las mafias de narcotraficantes; Israel, y su sempiterno conflicto con los árabes. Al manifestarse en estos casos, Jesús ofrece consuelo y apela a la paz.

En al menos dos casos: México 1930 y España 1934/36, el rostro de Jesús surge cuando se fotografiaba el copón con las formas consagradas; en tanto que una parte de los mensajes de Jesús a Ana Alí, vidente y autora de la foto de Roma en 1987, es para pedir reparación eucarística por las afrentas a Ella perpetradas. Jesús se manifiesta íntegro en su Pasión y su Pascua redentoras en la Eucaristía, y así lo prueban múltiples milagros eucarísticos. Lo mínimo es honrar a Aquél que se ofreció a morir en lugar de uno para pagar las propias faltas. Despreciar en Ella su sacrificio redentor no quedará impune.

En la fotografía de Jackie Haas surgida en el Santo Sepulcro, Jesús se manifiesta resucitado, y hace patente su condición divina. Esta foto y la de el sitio 7 Dolors, son fruto de peregrinaciones. Son pues un llamado a no apegarse y deshacerse de todo peso muerto. Las peregrinaciones conjugan piedad y misericordia, el amor a Dios con el amor al prójimo. Jesús nace como peregrino y muere al peregrinar. Al respecto es aleccionador el testimonio de Gloria Polo, quien, fulminada por un rayo, durante su muerte clínica es sometida al examen de su vida previo a ser confinada en el infierno. En el último instante invoca a Jesús, quien detiene su caída y le muestra la razón por la cual le dará una segunda oportunidad: conmovido ante la gráfica del suceso en un diario, el hombre más humilde de Colombia cae en tierra y promete a Dios peregrinar a un Santuario en el otro extremo del país, si se apiada de aquella mujer y la deja vivir. Entonces Gloria Polo recibe de Jesús una orden imperante al recibir una segunda oportunidad: repetir mil veces mil aquél acto de misericordia. Hoy su vida es una peregrinación continua para compartir su testimonio.

Ateniéndonos a las propias fotos, resalta que en todas Jesús muestre el mismo perfil. Como si con esto nos confirme que es fiel a sí mismo, a sus promesas, y son inmutables su doctrina y su amor. Que presente el perfil izquierdo y hacia ese lado voltee podemos explicárnoslo con el pasaje de Mt.25:31-46, en el que advierte que a su retorno pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Acogerá a las ovejas por haber tenido misericordia, y apartará de sí a los cabritos por no haber tenido compasión con el necesitado. Luego, las fotos son una advertencia y un llamado a la conversión y a practicar la compasión, lo cual configura la otra parte de los mensajes recibidos por Ana Alí.

En dos casos los videntes tuvieron apariciones por un periodo de tiempo. Esto parece indicar la disposición de Jesús para establecer un vínculo de amistad con quien le demuestre este interés. Siempre es Él quien tiene la iniciativa. Más todavía, la luz que radia el rostro en todas las fotos es signo de santidad, y a través de esto nos impele a abandonarnos a su divina voluntad, como Él se abandonó a la voluntad del Padre.

Los cosmólogos enfocaron el telescopio espacial Hubble a una mínima porción de vacío. Por espacio de diez días tomó ochocientas fotos que luego se sobrepusieron como transparencia y así se obtuvieron imágenes de los campos profundo y ultra profundo del cosmos, en los que se detectaron más de diez mil galaxias. El mismo método se siguió con las fotos que dieron como resultado la fotocomposición, que deja ver ciertas sutilezas del rostro de Jesús, que aparece más nítido e incluso con propiedad tridimensional, heredada del rostro impreso en la Sábana, y de sobreponer la foto de Jackie Haas a las demás fotos. Esto es un indicio de que ciencia y fe se complementan y no se oponen. A partir de la teoría del big bang y de estas fotos del Hubble, la palabra "creación" dejó de ser extraña a la ciencia.

De forma similar, la fotocomposición resulta de sobreponer las fotos coincidentes, sin excluir aquellas que por su baja calidad pudieran no haber sido tomadas en cuenta. Esas fotos también contribuyen al resultado final. Esto significa que ningún grupo sobra de los que confiesan a Jesús como Redentor, y aun de los que actúan de buena voluntad, de acuerdo al Anuncio del Nacimiento de Jesús, hecho por el Ángel a los pastores: “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad“.

Las fotos unidas hacen un Rostro más definido y aun tridimensional, y del que dimana luz que puede ser retratada. Lo cual evoca la oración que Jesús dirige al Padre previo a su Sacrificio: “No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en Mí, para que todos sean uno. Como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, que ellos también sean uno en Nosotros, para que el mundo crea que Tú Me has enviado” (Jn 17, 20). Es, pues, un llamado urgente a la unidad de los cristianos haciendo a un lado cualquier diferencia; de la misma forma que, respecto a las fotos, los retoques o defectos de exposición, impresión y copia de cada foto en particular, quedan eliminados al sobreponerse y hacer una única imagen.

Sobre estos bosquejos sumarios, el lector puede profundizar a través de los ricos documentos pastorales que desarrollan la doctrina de Jesús, en las devociones que nos aproximan a su esencia y a su voluntad, y en las menciones del Rostro de Dios en la Biblia.

Representaciones del rostro impreso en la Sábana

A partir de que se descubrió que el negativo de la impresión del cuerpo en la Sábana equivale a un positivo fotográfico, varios artistas se han dado a la tarea de representar este rostro, ya muerto, ya vivo.

Celine Marín

Guiulio Ricci

Brunner

Ariel Aggemian

Autor desconocido

Robótica Maeso; Bruner y Pardo

Francisco Trigueros

Juan Manuel Miñarro

Ray Downing. Estudio Macbeth

Autor desconocido

Se puede observar que todos representan el rostro de frente, salvo Ricci, el cual no atina a definir el perfil pero tampoco lo representa de frente total, precisamente la anomalía que presenta la foto de Jackie Haas. El origen de esta anomalía nos quedará explicado más adelante.

Y quienes lo retratan de frente, ya lo representan más esbelto, como Marin, Aggemian y la imagen robótica; o más ancho, como Miñarro, Trigueros y Downing, al tomar como patrón relativo el lado derecho (esbelto) o el lado izquierdo (ancho) del rostro impreso en la Sábana. Los demás compensan la diferencia sin haber advertido el perfil, cuyos efectos Ricci y Miñarro parecen atribuirlos a los golpes que recibió Jesús.

Ray Downing atribuye la diferencia de su representación a la posición envolvente de la Sábana al momento de ser imprimada por el rostro. Esto es verdad, pero una tela puesta sobre un rostro no sigue todos sus contornos, como explica la primera imagen de Downing. Sin embargo, al modelar su rostro con la imagen de la Sábana, apegaron ésta a la hipotética anatomía.

Ray Downing incluso postula que, por seguir la Sábana los contornos del cuerpo, éste sería de menores dimensiones que las de su impresión, pero vemos que sucede lo contrario si el cuerpo está flexionado, como de hecho se imprimió, y la Sábana tiende puentes entre las salientes y protuberancias, el cuerpo se imprimió en menor dimensión.

Es después de la amplia difusión con que contó Downing, que se advierten intenciones extra científicas como las de Neave: propone su modelo al culto.

El negativo fotográfico de la Sábana nos revela el rostro que en ésta se imprimió, pero hace imperceptible el perfil que guarda, cosa que parece no suceder con el positivo (negativo) que es el propio manto, ya que el primer reconstructor del rostro impreso en la Sábana fue un artista del siglo VI —recién descubierta ésta— que sí intuyó el perfil al tener que discernir el rostro del positivo (negativo). E incluso con acierto lo invirtió y lo puso con perfil izquierdo.

Sin embargo, pintó el lado derecho más angosto, del lado izquierdo dominante; y en el segundo plano derecho, el izquierdo más amplio, de modo que el rostro de la Sábana debe invertirse, como de hecho está impreso, para que coincida con el de este icono. Esto hace aparentar un rostro cóncavo, como cuenco, y no convexo o abultado.

Rostros cóncavos como símbolo de introspección, y el hieratismo o rigidez de las figuras en alusión a morir a lo mundano, fueron la norma para realizar iconos en Oriente, nos ilustra Tania Vielmans en El mundo del icono. Si este fue el primer icono, la impresión del cuerpo en la Sábana está en la raíz de las normas con las que Bizancio ciñó al arte de sus iconos, y estas normas a su vez habrían influido la plástica medieval en Occidente, ya entonces desasida del arte grecorromano.

Hubo otro reconstructor, o mejor dicho: copista, que calcó el rostro de la Sábana en el velo que se conserva en Manopello con la clara intención de falsificar el Velo de la Verónica, cuando la Sábana permanecía escondida a raíz de la excomunión decretada por el papa Inocencio III contra los saqueadores, traficantes y falsificadores de reliquias de Constantinopla. Las proporciones son tan exactas, como inexactos son los rasgos fisonómicos. Un intérprete incompetente.

Caben aquí una aclaración y una objeción. El microanalista Walter McCrone fue miembro del equipo STURP que analizó la Sábana de Turín en 1978. Sus análisis arrojaron la presencia de ocre rojo y bermellón, pigmentos usuales en el siglo XIV. Ya sea porque dichos análisis se opusieran a análisis paralelos hechos por el mismo equipo, porque se consideraran insuficientes, o por razones extracientíficas, fue apartado del equipo y se desestimaron sus conclusiones en el informe final del STURP. Es muy probable que McCrone tuviera razón, ya que al calcar el rostro impreso en la Sábana, el pintor del manto de Manopello trabajó por ambos lados de su tela, y esto necesariamente contaminó la Sábana de Turín. Es lamentable que, atendiendo a dudosos criterios de conservación, se alisara y limpiara de détritos la Sábana de Turín, pues cada arruga y cada détrito aportaba datos sobre su historicidad. Vale también respecto del Sudario de Oviedo, al que se mutiló la esquina arrugada para someter esta al análisis —ocioso— del carbono 14, pues esas arrugas eran el único registro volumétrico del rostro de Jesús.

El Sudario de Oviedo. Cuestiones

Poco después supe que en Oviedo se conserva otra tela asociada a la Pasión de Jesús.

El Sudario de Oviedo mide cincuenta y tres por ochenta y tres centímetros y está muy manchado de sangre.

Es un tafetán de lino muy maltratado por haber estado expuesto a la devoción.

Se le sacó de Jerusalén en un arcón en el año 614; recorrió el norte de África para llegar a España tres años después. Conforme el Islam avanzó en la Península Ibérica, el arcón fue llevado cada vez más al norte, se le ocultó en Monte Sacro y en el año mil se le depositó en Oviedo. Ahí la reina Sancha y el Cid Rodrigo Díaz de Vivar abrieron el arcón para inventariar su contenido, y hallaron una sandalia, un "pan", y el Sudario.

El primero que se fijó en esta otra tela fue Mons. Giulio Ricci, quien antes había estudiado la Sábana Santa.

Por lo que creyó advertir en la Sábana, Ricci formuló su hipótesis de que Jesús no cargó toda la cruz, sino sólo el patíbulo que le fue amarrado a los brazos.

Que Jesús fue clavado al patíbulo y ya así fue levantado para ensartar el patíbulo al estípite de la cruz. Y que ya muerto Jesús, se bajó el patíbulo y en el piso se le desclavó.

Modeló un crucifijo con Jesús muerto, con el brazo derecho flexionado y la cabeza envuelta en el Sudario.

Años después, el Equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología (edices) retomó la hipótesis de Ricci de que el Sudario envolvió la cabeza de Jesús en la cruz, e hizo sus propias investigaciones, que concluyen que:

• El Sudario se usó en un hombre muerto.

• Doblado circunvaló parcialmente la cabeza con el cuerpo de pie, se cosió a la cabellera de la nuca. Permaneció así cuarenta minutos. Fue sostenido por un puño.

• Después yació el cuerpo en el piso otros cuarenta minutos en decúbito supino con el brazo derecho levantado hacia la cabeza.

• Así se produjo un manchón con réplica por trasminado en efecto espejo, al estar doblado el Sudario.

• Y una mancha extensa y tenue por fluido salido de la nariz proveniente de los pulmones.

• El Sudario se desprendió y se volvió a colocar circunvalando la cabeza, amarrado por uno de sus lados en forma de capucha. Así se trasladó el cuerpo al sepulcro, y ya ahí se sacó de la cabeza el Sudario amarrado.

Si Jesús sangró profusamente de la cabeza por la corona de espinas, como el propio Ricci ilustra, ¿por qué el Sudario, que circunvaló la cabeza, sólo se manchó con la sangre del rostro al envolver la cabeza en formas parcial y total?

¿Por qué la mancha producida por trasminado en efecto espejo tiene mayores tamaño y densidad aparentes?

El doblez del Sudario deja dos fracciones, de 37 cm una y de 46 cm otra. La cabeza de un judío de 1.80 m de estatura tiene un perímetro de 62 cm. Suponiendo que los 16 cm que faltan para circunvalar la cabeza se correspondan al brazo levantado, el Sudario no queda sujeto asido solo por la nuca; la parte que cubre el rostro queda desasida, inútil para el propósito que se advierte de cubrir el rostro o toda la cabeza, pues la parte superior no afectada por las manchas mide 16 cm, apenas suficiente para cubrir la coronilla, no para bajar por detrás otros 19 cm a la altura de la región del Sudario que presenta los pespuntes, para quedar asida a la nuca.

Sostiene que el brazo crucificado impidió que en la primera aplicación el Sudario rodeara completa la cabeza.

Pero según muestran las imágenes de los experimentos de Pierre Barbet con cadáveres crucificados, la tensión de la crucifixión, de los músculos intercostales a los músculos externoncleidoastoideos impide que la cabeza pueda reclinarse más de seis grados; y según los estudios de los reguerillos de sangre hechos por Barbet, el ángulo que guardaron los brazos respecto a la cabeza no impide que una tela la circunvale.

El escultor Juan Manuel Miñarro, miembro del edices, elaboró el Cristo de la Universidad, crucificado con los brazos en un ángulo 20 grados divergente del crucifijo realizado por Charles Villandre de acuerdo a los estudios de Pierre Barbet a las trayectorias de los reguerillos de sangre en los brazos que muestra la imagen impresa en Sábana. Aun así, cuesta trabajo hacerse a la idea de que el brazo interfiera para que una tela pueda circunvalar la cabeza. Sólo el inoperante doblez del Sudario.

El sufrimiento prolongado que padeció Jesús, con intensa pérdida de sangre, anticipó el proceso de respiración anaeróbica de las células, lo cual propició que el rigor mortis se presentara casi de inmediato a la muerte ¿Cómo conciliar esto con los amplios tiempos y los movimientos que sugiere el informe del edices, y con el acomodo del cadáver para bajarle el brazo después de una hora y veinte minutos al disponerlo en el sepulcro? Además, estos movimientos de descendimiento, yacimiento en el piso, levantamiento, acarreo y depósito en el sepulcro, necesariamente habrían afectado las huellas de sangre y contravenido las disposiciones de la Ley mosaica.

El médico multiespecialista José Suárez Lledó Alemany publicó en la Internet un informe en el que rechaza que la mancha extensa y tenue sea fluido que saliera por la boca desde los pulmones, pues eso implica que Jesús sufriera disnea, y al no poder respirar, no pudiera hablar y gritar en la cruz, como asientan los Evangelios que hizo Jesús.

En efecto, Jesús tuvo dificultad para respirar, pero no por el colapso de los pulmones que sugiere el informe del edices, sino por la opresión de los músculos intercostales a la caja toraxica por efecto de la tensión producida por los brazos en cruz que soportaban el cuerpo, y que Jesús venció levantando el cuerpo cada vez que necesitó respirar y quiso hablar, como muestra el diagrama de Ricci-edices, aunque, como podremos ver más adelante, el trabajo para respirar Jesús lo realizó con el brazo izquierdo, no con el derecho, como está representado.

El edices renovó su sitio y expone que el Sudario fijó los mechones como si el cuerpo estuviera de pie. Pero eso habría manchado de sangre el sudario como no lo hizo, y hecho que el cabello se adhiriera a las sienes, y los mechones no bajaran paralelos al rostro y se imprimiera en la Sábana a semejanza del nemes egipcio, tal como se imprimieron.

Por todo lo anterior, consideré que si contaba con un rostro coincidente con el que se imprimió en la Sábana Santa, podía explorar con éste las manchas en el Sudario de Oviedo para discernir aplicaciones de dicha tela al rostro, pues también contaba para hallarlas, con la herida en forma de 3 en la frente del rostro impreso en la Sábana, pues, si el Sudario fuese auténtico, esta herida también habría dejado huella en la tela de Oviedo.

Los dos testigos

La Verónica limpia el rostro de Jesús. En cuanto coloqué la fotocomposición en la mancha que el edices dice que se produjo por trasminado en efecto espejo, apareció el rostro de Jesús doliente, por tanto estaba vivo, pues un muerto no gesticula. El Sudario es el velo de La Verónica y esta aplicación fue para limpiarle a Jesús el Rostro camino al Calvario, cubierto por la sangre que mana de las heridas bajo la corona de espinas. Es perceptible la silueta de una mano que se interpuso entre el Rostro y el Sudario, lo que impidió que el Sudario recogiera la sangre del pómulo derecho; esta mano es del mismo tamaño y proporción que las impresas en la Sábana. La mano presenta la palma, no el dorso. Jesús se cubría de un golpe, y desearía impedir que las espinas se ensartaran en el Sudario, o bien, desensartarlas. De haber tenido los brazos atados al patíbulo, como postula Ricci, Jesús no se habría podido cubrir el ojo cuando La Verónica le limpia el rostro.

Jesús es golpeado. En la parte baja del Sudario se imprimió la huella de un puño de tres dedos que golpeó en el dorso a una mano femenina. El golpe fue cuando esta mano estaba sobre la barbilla de Jesús. Una línea recta gruesa marca la trayectoria del puño que hizo que la tela se plegara envolviendo la mano femenina, y registrara doble huella del puño, y de la mano que golpeaba, esta última por la palma —amarillo— y por el dorso —rojo—. Esa mano limpiaba el Rostro con el Sudario, mediando una tela entre la mano y el Sudario. El golpe hizo que La Verónica quedara impura por el contacto del Sudario con el dorso de su mano. La posición de la mano femenina nos indica que Jesús yacía en el suelo, pues la mujer accionó sobre la cabeza de Jesús. Un segundo golpe, de menor fuerza y en tangente, lo recibió Jesús en el pómulo y en la mano con la que se cubría el ojo.

El Sudario es arrebatado. Posterior a los golpes, por la parte inferior del Sudario unos dedos, encerrados en círculos, arrebatan el Sudario, originando las huellas en forma de acordeón encerradas en línea discontinua. Está proyectado el desplazamiento del Sudario por los golpes anteriores, que nos hace saber que las líneas del extremo izquierdo se produjeron al resbalar de la tela sobre el antebrazo de Jesús –también proyectado con línea discontinua– durante el arrebato del Sudario. Las líneas del extremo derecho las produjo el deslizamiento del Sudario sobre la mano de Jesús; y los puntos, el trepidante resbalar de la tela sobre la corona de espinas durante el arrebato.

El soldado torea a La Verónica. Después del arrebato, el soldado se burla de La Verónica: la mano que tiene asido el manto por la parte baja se lo presenta repetidas veces, La Verónica lo toma y entonces el soldado lo jala una y otra vez, originándose la serie de líneas sobre los círculos de línea discontinua que encierran las marcas de cada intento, y provocando la furia de La Verónica, que, burlada y sabedora de que ha quedado impura, deja la tela que mediaba entre su mano y el manto y toma el Sudario directamente, (círculo en rojo). A quienes presenciaban la escena, les quedó claro el desdén de La Verónica a la Ley de Moisés: en vísperas de la Pascua que se acercaba, auxiliaba a Quien había sido declarado blasfemo, y sin temor, disputaba una tela que transmitía impureza. El propio hecho la hacía una proscrita, y por esta razón, los evangelistas, que no dejaban de ser judíos, no refirieron en sus escritos el suceso.

La Verónica cae al recuperar el Sudario. Aún resbala el Sudario de la mano de La Verónica, quien lo vuelve a tomar con la mano desnuda, pero en esta ocasión el soldado espera a que La Verónica, enfurecida por la burla, aplique todas sus fuerzas, entonces aparenta tomar con la otra mano el Sudario para disputar la tela, pero le suelta el Sudario para que la mujer caiga de sentón, tal como indican las dos líneas que se desprenden de la zona encerrada en línea discontinua en dirección al círculo rojo, que marca la zona donde tomó La Verónica el Sudario. Las huellas de la aparente toma del Sudario con la otra mano están confundidas con las huellas de aplicaciones posteriores, bajo el gran manchón de sangre que media entre el círculo y las líneas.

Dos huellas, una mano. Jesús es clavado. Se advierte que al puño que dejó su huella en el Sudario pertenece a una mano a la que le falta el dedo medio. Las únicas huellas humanas que aparecen la Sábana, ajenas al cuerpo de Jesús, son las de unos dedos en la región de la planta del pie izquierdo, bajo el talón, que, en apariencia, se quedaron con la sangre de la superficie que tocaron, lo cual vincularía la huella al sepelio. Pero el ángulo excesivo entre los dedos, cuyos extremos casi se tocan, indica que la mano ejercía presión sobre el pie para obligarlo a girar; y el similar tamaño de los dedos nos indica que son el índice y el anular, pues sobre el talón aparece el perfil del pulgar, y en el arco, el perfil del meñique, éste sí en concordancia de ángulo con el anular, por lo que esta mano carecía del dedo medio. Es, por tanto, del soldado que golpeó a Jesús y arrebató el Sudario a La Verónica. La sangre corrió hacia la planta del pie a través de la mano mientras los pies eran clavados, y dejó de correr hacia la planta al separarse la mano una vez clavados los pies, tomando un cauce natural por el empeine torcido, por lo que estas huellas no se borraron con el correr de la sangre durante el tiempo en que Jesús permaneció en la cruz. Esta huella indica, además, que la operación se realizó con Jesús acostado, no de pie, pues la sangre no habría corrido por la mano hacia la planta a la altura del talón de haber estado ya Jesús colgado, clavadas las manos al patíbulo en la cruz, según postula Ricci. Lo anterior nos informa, a su vez, que el stipes y el patíbulo de la cruz no estaban separados de acuerdo a esa misma hipótesis, sino unidos, de forma que Jesús cargó la cruz completa. Y según hemos observado respecto a la primera aplicación, Jesús necesitaba libres las dos manos y los dos brazos para cargar la cruz completa.

Contención de sangre por la lanzada. La mancha es del mismo tamaño, proporción e inclinación que la de la Sábana, que al aparecer breve y discontinua, indica que fue limpiada. Para esta aplicación el Sudario fue puesto en sentido vertical. En el Sudario, bajo la gran mancha de la lanzada, se aprecian múltiples rectángulos producidos al oprimir con una venda enrollada el Sudario al torso y el costado de Jesús, repetidas veces, para recoger con éste la sangre y el agua que escurrían. Esta operación también grabó en el Sudario varias heridas en el vientre por la flagelación, las cuales se señalan con rojo en el esquema. Es la mancha que el edices atribuye al fluido salido de la boca.

Retiro de la corona de espinas. Se ensartaron en las espinas los extremos del sudario, y con su parte media se jaló hacia arriba la corona. En morado, las huellas anteriores; y en amarillo, las posteriores. Las huellas de sangre que llegan al borde del Sudario son las de la cabellera. Las flechas en verde señalan la coleta.

Jesús sufrió la corona hasta su muerte. Si el Sudario se coloca vertical a la Sábana, las huellas de la coleta y la cabellera indican la inclinación y giro de la cabeza al operar el retiro de la corona. El desfase de la aplicación del Sudario se debió a que la corona se retiró cuando Jesús colgaba muerto, con la cabeza reclinada. Esta evidencia contradice la otra parte de la hipótesis de Ricci, quien se figuró que a Jesús le retiraron la corona de espinas en el Pretorio antes de iniciar su ascenso al Calvario. Las flechas en verde señalan las huellas de la coleta. Las amarillas superiores, el cabello que caía por delante del cuerpo, y las inferiores, el cabello que caía por detrás. Si se hace coincidir, recta con la de la Sábana, la huella en el Sudario de la coleta del peinado que llevaba Jesús al ser crucificado, el Sudario se proyecta fuera de la vertical, inoperante para la extracción de la corona; más aun por el desfase en que fue posicionado para ensartarlo a las espinas. Esto confirma que la cabeza estaba reclinada.

Retención de la cabeza para hacer el arnés. La ubicación del Rostro en esta aplicación la dieron las huellas del ceño y el arco superciliar derecho; las demás manchas eran hasta entonces inciertas, dado que ocupa la misma región que tuvo contacto con la herida del costado. El Sudario medió entre el Rostro y el palo-anda con el que se le levantó la cabeza para colocar en el mentón la venda con que se practicaba el arnés; las flechas amarillas señalan el borde de esta venda, que por haber servido para oprimir el Sudario contra el torso, estaba manchada y húmeda. Aparece la huella del palo en medio de la frente y no aparece la herida en forma de 3 porque el Sudario se usó para preservar el palo del contacto con cadáver, no para limpiar el Rostro. Se aprecian los orificios nasales taponados con una gasa ya saturada de sangre, y la nariz deformada por la opresión del palo. La mancha de sangre de la barbilla, más baja que ésta, indica que, al levantar la cabeza, la boca se abrió, lo cual revela que esta operación se realizó recién muerto Jesús, con el cuerpo todavía no afectado por el rigor mortis.

El diseño del arnés. En la Sábana, la ausencia de imagen de la coronilla, los hombros y el alto tórax, así como dos cruces en la espalda, indica que en esas regiones, se interpuso una venda entre el cuerpo y la Sábana. El arnés comenzó en la barba, subió a la coronilla, bajó por delante a las axilas –pero por detrás de los mechones de cabello que caían por delante, de forma que el arnés mantuvo el cabello como si el cuerpo estuviera en pie cuando yació en la tumba, y por ello se imprimió a modo de nemes egipcio– cruzó por atrás hacia las partes yuxtapuestas de hombros y cuello, se proyectó hacia el palo-anda, y de éste hacia la parte contraria del cuello y los hombros (esas secciones descansaron sobre el alto tórax ya en el Sepulcro), de ahí cruzó por la espalda hacia las costillas, y de éstas subió hacia el palo-anda frente al cual se amarró.

Desprendimiento. Se usó la misma parte del Sudario que estuvo en contacto con el Rostro al ser limpiado por La Verónica. Primero se desprendió el pie izquierdo (pi), clavado sobre el pie derecho, después este otro pie (pd); se izó el palo apoyándolo en el patíbulo y se precedió a desprender la mano derecha (md), y luego la mano izquierda (mi).

Traslado al sepulcro. Esta aplicación se halló gracias a la herida en forma de “3” (flecha roja). Las flechas amarillas señalan el contorno de la parte de la venda que rodeó la cabeza y cerró la mandíbula; las flechas en naranja señalan las partes de la venda que soportaron el Cuerpo colgado del palo-anda, y que aparecen distendidas porque tocaron el Sudario al depositar el cuerpo en el Sepulcro. Las mismas huellas de la venda con la que se elaboró el arnés, nos informan que permanecía mojada en la sangre que manó del costado, por lo que no habría transcurrido mucho tiempo desde cuando, con esta venda, se oprimió el Sudario para que recogiera la sangre y el agua que manaba de la herida del costado. A esta aplicación la complementa la mancha de sangre en la Sábana del reguerillo que corrió hacia la espalda por a posición y movimiento de cuerpo pendido del palo al trasladarlo.

Depósito en el sepulcro. En la Sábana, en la zona de los glúteos, hay un doble registro, –más evidente si se ecualiza la imagen como la que aquí se presenta–, que indica que en el sepulro el Cuerpo fue depositado en forma parcial, pero como sobresalían los pies de la Sábana, de inmediato fue levantado para desplazarlo ocho centímetros hacia arriba y cuatro centímetros hacia la derecha. En el primer depósito quedó marcado el pliegue glúteo con sangre, y en el segundo depósito, definitivo, el pliegue glúteo aparece como una sombra, pues no contenía ya la sangre que sólo se había acumulado ahí y que ya se había transferido a la Sábana mojada en la solución de mirra y áloe, en el primer depósito, parcial. El doble depósito provocó que la impresión del Cuerpo en la Sábana parezca tener la espalda muy larga y las piernas muy cortas; esta desproporción aparente ha sido esgrimida como argumento para desacreditar la autenticidad de la Sábana. La aplicación del Sudario para el traslado, complementa estas huellas en la Sábana, pues la venda tocó el Sudario al distenderse por quedar el cuerpo depositado en el sepulcro.

Acomodo de pies y manos en el sepulcro. Se consignan de acuerdo al miembro: mano derecha: md; mano izquierda: mi; pie derecho: pd; pie izquierdo: pi. Cuatro huellas indican que el pie derecho fue acomodado cuatro veces. En la Sábana, el talón del pie derecho dejó cuatro diferentes rastros de sangre, cada rastro se corresponde a una aplicación del Sudario. El acomodo final coincide con el registro de la radiación de la Resurrección. En el negativo de la Sábana es más apreciable cómo el pie izquierdo dejó un doble registro; al igual que los glúteos, la sangre es de la primera posición; y la imagen por radiación, en donde ya no aparece sangre, la posición definitiva.

Retiro de la gasa de la nariz. Las huellas del Rostro asociadas a esta aplicación son inapreciables, pues el Sudario sólo sirvió para retirar la gasa con la que se habían taponado los orificios nasales para las operaciones de descendimiento, traslado y depósito. Como se puede apreciar, es la misma región del Sudario que sirvió para seis de las aplicaciones anteriores.

Cerrado del ojo derecho. Otras huellas dejadas por la herida en forma de “3” que ostenta en la frente el Hombre de la Sábana, fueron capitales para hallar ésta y otras cuatro aplicaciones. En esta ocasión el Sudario se utilizó para cerrar el párpado derecho, sobre el que se aprecia la huella del pellizco con el que se asió para bajarlo. En la parte alta del párpado izquierdo se observa cierta acumulación de sangre, lo que indica que durante esta operación ese ojo aún estaba abierto. El parche gráfico ayuda a apreciar mejor las huellas de la operación.

Cerrado del ojo izquierdo. El Sudario se desplazó para cerrar el párpado izquierdo con la misma parte del Sudario con la que se había cerrado el párpado derecho. El parche gráfico ayuda a apreciar el pellizco para asir el párpado izquierdo para bajarlo, y cómo el párpado derecho, ya cerrado, aparece limpio, pero con cierto rastro de sangre en la parte baja, señal de que ya había sido cerrado.

Levantado de la cabeza reclinada. Se utilizó el Sudario para mediar con el palo-anda con el que se hizo presión sobre el lado derecho de la nariz y la frente con el propósito de levantar la cabeza que permanecía reclinada conforme a la posición en la que quedó al morir Jesús: es la razón por la que el Sudario se encuentre girado seis grados. La huella del palo-anda es perfectamente visible, y parece que se expande en la frente por efecto del desplazamiento del palo al cambio de posición durante la elevación de la cabeza. Retirada la gasa de la nariz, la sangre fluyó mojando el bigote. Se aprecia que de la boca también alcanza a salir sangre.

Volteado de la cabeza girada a la derecha. Esta aplicación es la continuación de la anterior: se enderezó el Sudario para continuar haciendo presión con el palo-anda sobre la cabeza para girarla a la izquierda –su huella se aprecia al centro de la frente y por toda la nariz–, se siguió oprimiendo el párpado izquierdo, lo cual se ve mediante el parche gráfico de la segunda imagen. La expansión de la herida en forma de “3” indica la resistencia de la cabeza a quedar derecha y el tiempo que duró la aplicación, suficiente para que el Sudario, fortuitamente doblado por la orilla, recogiera la volumetría de la parte derecha del Rostro; también se limpió la sangre que fluyó de la nariz al ser retirado el tapón. Se aprecia que aún sale de la boca un reguerillo de sangre que se desplaza desde la comisura derecha.

Opresión de párpados y colocado del tefilin. Esta aplicación tuvo una doble finalidad: continuar la opresión de ambos párpados y la colocación de la filacteria profanada en el puente nasal. Según los estudiosos, a un blasfemo se le profanaban las filacterias y dejaba de portarlas, pues había roto la Ley de Dios. La colocación de esta filacteria parece indicar que quien realizó la limpieza del Cuerpo, discrepaba de la opinión del Sumo Sacerdote de que Jesús hubiese blasfemado y, en franca rebeldía hacia el Sanedrín y repudiando su dictamen, aun profanada la hubiese colocado en su lugar para una íntima ceremonia fúnebre.

Acarreo de objetos al sepulcro. El Sudario se usó para trasladar al Sepulcro todos los objetos manchados con sangre o que tuvieron contacto con Jesús declarado blasfemo, y para disponer esos objetos a los lados del Cuerpo en la Sábana. Sobre el letrero de la cruz –su huella enmarcada en línea discontinua color amarillo– se colocó el Sudario, y sobre éste, los objetos que se recopilaban en el Calvario. Se encierra en línea discontinua color naranja la parte del Sudario que sirvió para la recopilación de objetos y para luego acomodarlos a los lados del Cuerpo sobre la Sábana, en el Sepulcro.

Huellas de los objetos en el Sudario. Coinciden con las huellas de los objetos hallados en la Sábana por Alan y Mary Whanger: letrero, sandalia (el modelo es la huella del pie en la Sábana), esponja, lanza, flagelos, clavos, pinzas y filacterias. Es posible que sobre estos objetos quedaran la corona de espinas y el martillo. En la parte superior del letrero, que se conserva en Roma, hay huellas de calafateo de un uso anterior, que también recogió el Sudario. Las sandalias fueron puestas suela con suela, de forma que el Sudario recogió la huella del pie de Jesús, marcada en la sandalia. Es probable que el “pan” inventariado del Arca de Oviedo, sea la esponja. El Sudario estaba húmedo, de forma que recogió las huellas de los objetos con nitidez destacable.

Cobertura de pudor para oración fúnebre. Concluida la preparación del Cuerpo, se cubrieron con el Sudario los genitales para la íntima ceremonia fúnebre. Al estar húmedo por una aspersión ritual, el Sudario recogió gran parte de la sangre acumulada alrededor de las heridas de las muñecas y en la entrepierna. Puesto que la aplicación fue para cubrir y no para limpiar, aún quedó sangre, particularmente en la herida de la muñeca izquierda, que era la más lastimada por cargar Jesús con ella todo su cuerpo para poder respirar, sangre que se transferiría a la Sábana por estar, ésta sí, mojada.

Doblado del Sudario. Finalmente, el Sudario fue levantado del regazo de Jesús, volteado y puesto de nuevo sobre éste, en ángulo de 33 grados, para proceder a doblarlo dejando al interior la cara que había tenido contacto con el Cuerpo. Durante esta acción, quedaron apenas grabados los nudillos de la mano izquierda de Jesús en la parte superior del Sudario.

Giro de la cabeza ya cubierta por la Sábana. Una vez que la Sábana fue puesta sobre el cuerpo. La cabeza giró seis grados hacia la derecha y se reclinó otros seis grados, para volver a la posición fijada por el rigor mortis. esto hizo que la tela sufriera flexión, y su trama, torsión. La propia Sábana guarda los registros de este doble movimiento: 1. Por el giro y la reclinación de la cabeza, se hicieron las arrugas que arriba y abajo enmarcan el rostro. En la arruga superior están muy definidos los dos movimientos con las dos diferentes trayectorias. La Sábana se tensó o abrió hacia la izquierda, y se distendió o cerró hacia la derecha. 2. El arco supeciliar derecho aparece más breve que el izquierdo. 3. La herida en forma de “3” aparece como dibujo recargado por el desliz de la Sábana sobre el Rostro. 4. El perfil del Rostro está en alto contraste del lado derecho, y se diluye del lado izquierdo. 5. Del lado derecho el bigote se contrajo de descendió, y hacia el lado izquierdo se expandió. 6. El cabello del lado izquierdo se imprimió con mayor fuerza que el cabello del lado derecho. 7. La barba se desplazó hacia la izquierda por el giro de la cabeza a la derecha. Esta flexión y torsión, es la que recogió Ricci en su representación del Rostro impreso en la Sábana, y la que retrata la foto de Jackie Haas.

Sábana mojada - Sábana seca y arrugada. Cerrado el Sepulcro, la Sábana, mojada, se fue secando y arrugando, más todavía porque la tela era nueva, y de lino; de modo que, al momento de imprimarse el cuerpo al resucitar Jesús, la Sábana estaba muy arrugada. Eso es lo que plasmó la quemadura por radiación, y eso lo que registra el visor VP8 de la NASA. John Jackson, uno de los científicos que usó ese instrumento, afirma que en la Sábana hay un desfase entre los registros de sangre (Sábana mojada) y los de quemadura por radiación (Sábana seca y arrugada); y que al ser radiada, la tela estaba arrugada, pues la quemadura que produjo es discontinua.

Así, vemos cómo el Sudario de Oviedo fue usado de forma sistemática para no generar más objetos impuros, y de forma metódica para que la sangre y la impureza no se expandiera en la propia tela, lo cual facilita la explicación de las aplicaciones; y junto con la Sábana, describe en forma pormenorizada el proceso sepulcral que se le siguió a Jesús, sin tocarlo, de modo que certifica la identidad judía de la víctima y de los operadores de las telas. Ente ambas telas se avalan: lo que una "dice", la otra lo confirma. Por tanto, queda establecida plenamente la autenticidad de ambas telas.

Varón de Dolores

Juan señala que cuando Pilatos fue informado que Jesús había muerto, se sorprendió por lo rápido de su deceso. Los forenses coinciden que murió por asfixia. Los brazos en cruz impiden respirar al oprimir los músculos intercostales; para vencer esa opresión el crucificado debe elevarse apoyándose en los pies. Los forenses informan que una persona con el cuerpo suspendido sólo de los brazos, sin apoyo de los pies, tarda unos 20 minutos en morir. En esta foto de entre 1953-54, el Dr. Pierre Barbet, eminente forense que estudió el martirio y muerte del Hombre de la Sábana, toma los signos vitales a un voluntario crucificado. Obsérvese cómo éste se eleva y curva el cuerpo para poder respirar. El apoyo lo ejerce sobre la parte media de los pies, a la altura de donde penetraron los clavos a Jesús. Mientras hay dominio de las piernas los brazos sirven sólo para suspenderse.

Sin embargo, en el caso de Jesús, la huella del arrastre del pie derecho en la Sábana indica que el talón estaba en carne viva por los esfuerzos de Jesús para apoyar sobre éste casi todo el peso de su cuerpo mientras tuvo dominio de sus piernas.

El suplicio más cruento que sufrió Jesús fue el de tener que producirse Él mismo dolores de paroxismo para poder respirar. Los pies de Jesús fueron clavados con un solo clavo, obligándolos a girar de forma que el punto de apoyo (el clavo) fue el del momento de vencimiento; en cuanto Jesús se apoyó en sus pies para respirar, su peso provocó la torcedura, el esguince de las articulaciones (flechas amarillas) y luego la dislocación de los huesos del tobillo del pie derecho (flechas rojas). En la Sábana se ve cómo las partes afectadas por muy notable inflamación son las de los tobillos que aparecen deformados, no los empeines perforados. De que Jesús llegó hasta la dislocación lo confirma que en la Sábana aparezcan, a la vez, las heridas de las pantorrillas (flechas naranja) y la planta del pie derecho, ambas por contacto directo con la Sábana en el plano de la losa funeraria.

Esto nos lo confirman las huellas de las heridas por los clavos en pies y manos, en la Sábana y en el Sudario, el cual tiene un registro más completo de las heridas por los clavos; en la Sábana no se grabó la herida de la mano derecha, que es el patrón del tamaño original de las heridas por los clavos. Pero en el Sudario no hay huella de ninguna herida por entrada de clavo, mientras que la Sábana registró la del empeine del pie izquierdo. De la mano izquierda, el Sudario recogió la huella de la herida sin la sangre del contorno porque ya se había secado; la Sábana sí la recogió pues al estar mojada hidrató la sangre que había fluido de la herida. La herida de esa mano abarca 24 veces más superficie que la herida de la mano derecha; el estrago habrá sido mayor si se considera la elasticidad de la piel. La herida del pie izquierdo es de un tamaño cuatro veces mayor que la herida del pie derecho, que coincide en tamaño con la de la mando derecha; esto indica que, al igual que el brazo derecho, el pie derecho estaba inutilizado; Jesús lo usó sólo para apoyar el pie izquierdo. Los cinco registros de la herida del pie derecho en el Sudario nos ayudan a tener idea de la dificultad que implicó acomodarlo al yacer el Cuerpo, por la tremenda dislocación que sufrió Jesús en ese pie.

Del anterior análisis se deduce que Jesús no murió tan pronto, antes bien, duró mucho con inimaginables dolores a cuestas: No habría pasado Jesús ni una hora en la Cruz, cuando perdió el dominio de sus piernas por los calambres, esguince y dislocación. Su cuerpo quedó pendido sólo de sus brazos; no podía arquearlo para respirar, el aire le entraba a los pulmones en forma muy limitada, pues tampoco podía elevar la cabeza para jalar el aire, impedido por la corona de espinas que se le encajaba y le provocaba profundos dolores de cabeza y músculos. El brazo derecho luxado le obligó a tener como apoyo sólo su brazo izquierdo, con el que debió cargar todo su peso, duplicado por la ley de los vectores. Por cada exhalación, por cada inhalación, el solo brazo izquierdo empujaba hacia arriba y hacia ese lado 160 kilos arrastrando sobre el madero la espalda terriblemente lacerada por 120 azotes. A los intensísimos dolores de las llagas en todo el cuerpo se sumaba el de la copiosa sudoración que las hacía arder; y a ello los terribles dolores de los nervios medios provocados por los clavos en las muñecas, pues aunque no forzara el brazo derecho, inutilizado, la tracción del brazo izquierdo en cada respiración, lo dañaba. Pero nada comparable al dolor del nervio medio del brazo izquierdo, la herida ahí aumentó 24 veces durante la crucifixión. El Dr. Zugibe ha sintetizado todos estos dolores de paroxismo como "una sinfonía de dolor". Todo esto, por tres horas, al punto que todos esos dolores conjugados y aumentando hacen exclamar al Dios-Hombre: “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”

Víctima perfecta, sacrificios perfectos

Desde un principio quedó establecido el paralelismo entre el sacrificio de Jesús y el cordero pascual. La víctima de pascua es de comunión, se sacrifica uno por familia y debe ser comida ritualmente en recuerdo de cuando en Egipto Dios les ordenó a los israelitas este sacrificio y esta comida, y untar las jambas de sus puertas con la sangre del cordero para que a su paso el Ángel Exterminador respetara sus casas. Murieron los primogénitos de los egipcios y por fin el faraón accedió a que los israelitas partieran después de siglos de esclavitud.

El propio Jesús escandalizó a sus seguidores cuando les advirtió que quien no comiera su carne y bebiera su sangre, no tendría vida, y muchos lo abandonaron. En efecto, múltiples milagros eucarísticos certifican la transubstanciación que acontece al consagrar el pan y el vino el sacerdote: el pan se convierte en carne, y el vino en sangre. La Pascua de Jesús, su paso de la muerte a la vida por la resurrección, es figura del paso de la muerte por el pecado, a la vida en la virtud que ofrece a sus seguidores, y garante de la resurrección final para estos.

Pero de acuerdo a lo que dice Jesús en la Última Cena, que su cuerpo “será entregado por nosotros”, y que “su sangre, de la Alianza nueva y eterna, será derramada por todos los hombres, para el perdón de los pecados”, da a su sacrificio calidades que van más allá del sacrificio de Pascua: sella la Nueva Alianza, y obra para el perdón de los pecados. Además, al indicar a sus discípulos hacer lo mismo en su conmemoración, estatuye su sacerdocio, lo cual también implica sacrificios. Para sellar la Alianza, Moisés ordenó inmolar novillos como sacrificios de comunión para Yahveh. Después de leerles los Mandamientos, el pueblo se comprometió a su obediencia, entonces Moisés roció al pueblo con la sangre de los novillos y dijo: “Esta es la sangre de la Alianza que Yahveh ha hecho con vosotros, según todas estas palabras” (Ex 24:5-8). Al ser sacrificio de comunión, los novillos se comieron de forma similar al cordero de Pascua. Para la consagración sacerdotal, Yahveh demandó sacrificar tres víctimas: un novillo, en anatema por el pecado, y dos carneros, uno sacrificado en holocausto, y el otro, el de la investidura, de comunión, fue comido por Aarón y sus hijos, luego de ser asperjados por Moisés con la sangre de los tres animales. Y vemos que Junto con Jesús mueren dos ladrones.

Merece un aparte el sacrificio para la expiación de los pecados, tanto por la complejidad del rito sacrificial, como porque a través de estos sacrificios es que Jesús se manifiesta como Mesías Redentor, entregándose por los pecados de todos. El Día de la Expiación y del Perdón, el Yom Kipur, era la fiesta principal de los israelitas, sólo en esta fiesta, el sábado de sábados, podía entrar el Sumo Sacerdote al Santo de los Santos para asperjar con la sangre de las víctimas el Arca de la Alianza y el Propiciatorio, e incensarlos. Debía tener lugar el día décimo del mes séptimo. Si respecto a la Pascua la Ley determina el día catorce de Abib o Nisan, respecto a Yom Kipur la ley menciona el número ordinal día: décimo, y del mes: séptimo, no su nombre. Por llevarse a cabo dicha fiesta en ese mes séptimo, los israelitas le pusieron a ese mes el nombre de Perdón: Tishrei. En el exilio en Babilonia los israelitas adoptaron el calendario caldeo y su año se recorrió seis meses, de forma que su primer mes: Abib o Nisan, pasó a ser su séptimo mes, mientras que el otrora séptimo mes: Tishrei, se convirtió en el primer mes de su año. Por ya llevar ese mes el nombre de Perdón, no trasladaron Yom Kipur al ahora su mes séptimo: Abib o Nisan. Y tampoco la fiesta de las Trompetas o Rosh Hasana, el primer día del séptimo mes. De haber apegado estas fiestas a lo que dicta la Ley, la muerte de Jesús habría tenido lugar tres o cuatro horas antes del inicio de la Pascua y del Yom Kipur, esa misma tarde, pues Yom Yipur se debía celebrar en sábado. Con todo, la Pasión de Jesús replica de forma pormenorizada el rito de Yom Kipur, tal como se celebró antes del exilio, al regreso del exilio, y después de que fue destruido el Templo. Según se desprende del contraste entre Levítico 16 y el libro de Yom de la Mishná del Talmud, con los pasajes de la Pasión en los Evangelios, y el apócrifo Actas de Pilato. Enumero los paralelismos:

1. Una semana antes de la fiesta, al Sumo Sacerdote y a su sustituto en caso de que algún incidente lo inhabilitara, se les separaba en la Cámara de los Consejeros. En tales días el Sumo Sacerdote debía asperjar sangre, quemar incienso, cuidar las lámparas, ofrecer la cabeza y las patas del animal sacrificado, y practicar la compleja liturgia de la ceremonia de la fiesta. En el caso de Jesús, entra triunfal a Jerusalén y desarrolla en el Templo la semana más intensa de su magisterio.

2. De las cuatro víctimas a sacrificar por Yom Kipur, el sumo sacerdote debía pagar el novillo de su bolsa. El sumo sacerdote Caifás y sus sustituto Anás, pagaron a Judas treinta monedas de plata para que les entregase a Jesús.

3. En el Templo, el sumo sacerdote debía velar la víspera. Y dos discípulos de los rabíes vigilaban que este no cayera en sueño. Si caía en sueño le chasqueaban los dedos y lo exhortaban a espabilarse. La víspera de su muerte Jesús vela en oración, y en dos ocasiones se aproxima a espabilar a sus discípulos que, vencidos por el sueño, no lo han podido acompañar en su vela y en sus plegarias.

4. En Yom Kipur un sacerdote salía a advertir el alba y retornaba al Santo para anunciarla, con lo cual iniciaba la compleja ceremonia principal. Jesús vuelve con sus discípulos y los levanta para recibir a quienes llegan a apresarlo.

5. La Torá demanda sacrificar cuatro víctimas en Yom Kipur: un novillo, dos machos cabríos y un cordero. A tres se las mataba, y a una, el cabrito para Azazel, el demonio que enseñó a usar armas a los hombres y cosméticos a las mujeres según el Libro de Enoc, se le liberaba en el desierto. Con Jesús mueren dos ladrones, mientras que Bar Abbas es liberado.

6. Si los dos cabritos presentados para Yom Kipur debían tener el mismo aspecto, Jesús de Nazaret y Jesús bar Abbas compartieron el mismo nombre y sobrenombre: Hijo del Padre.

7. En Yom Kipur el destino de los cabritos se echaba a suertes, y Pilato dejó a la suerte a quién liberaría entre Jesús y Bar Abbas, al preguntárselo a la plebe.

8. Las tabletas con las que se decidía la suerte de cada cabrito, rezaba una “Para YHWH”, y la otra “Para Azazel”. El letrero de la cruz de Jesús rezaba en hebrero: “Yahshua HaNosri WeMelej HaYahudim”. Mediante notaricón o acróstico se podía leer el tetragrámaton.

9. Según cayeran las tabletas, se le indicaba al Sumo Sacerdote levantar uno u otro brazo, y este profería: “Para Yahveh”, para señalar que el cabrito de tal lado se destinaba a Yahveh. En la cruz Jesús promete el Paraíso al ladrón arrepentido, y así lo destina para Yahveh.

10. En Yom Kipur el sumo sacerdote revisaba a las víctimas que se le presentaban y declaraba su perfección antes de sacrificarlas. Pilato interroga a Jesús, no halla culpa en él y declara su perfección: “soy libre de la sangre de este justo”.

11. Al igual que el sumo sacerdote, Pilato cumplió con el lavacro ritual al lavarse las manos.

12. Después del exilio se le comenzó a amarrar un listón rojo de lana al cuello al cabrito para Yahveh, y un listón rojo de lana a la cornamenta al cabrito para Azazel en recuerdo de la profecía de Isaías de que los pecados rojos como la grana, cual la lana blanquearán para el arrepentido. Para burlarse de Jesús los soldados que lo han azotado le colocan una corona de espinas (cornamenta) y le amarran al cuello un trapo rojo inmundo a modo de capa.

13. Así como los sacrificios de Yom Kipur tenían lugar fuera del Templo y de la ciudad, Jesús y los ladrones murieron fuera de la cuidad.

14. La Ley prescribe la cuarta víctima, el cordero, para expiar los pecados de los gentiles. Al inicio de su vida pública, Jesús se aproxima a Juan el Bautista en el Jordán, este lo señala a sus discípulos y les dice: He ahí el Cordero de Dios.

15. En Yom Kipur el sumo sacerdote proclamaba que los pecados “serán perdonados viendo que todo el pueblo estaba en la ignorancia”. Desde la cruz Jesús pide: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

16. Después del exilio se dejó de liberar al cabrito para Azazel, y se le despeñó en el Monte Tzuk. Al colgarse Judas, se rompió el cuello y se despeñó.

17. Mediante un correo con banderas, treinta sacerdotes hacían llegar al sumo sacerdote en el Templo la noticia de que el cabrito para Azazel había muerto despeñado en el Monte Tzuk. Pilato ordena al centurión encargado de las ejecuciones, que en cuanto muera Jesús le envíe un mensajero a informarlo.

18. Todo el día anterior a Yom Kipur, el sumo sacerdote practicaba la incisión que al día siguiente haría a las víctimas, pues, de no ser esta perfecta, tendría que repetir el sacrificio. Jesús habría sido lanceado cuando, en el síncope final, lo dan por muerto. La lanzada, perfecta, hirió el corazón y le habría provocado la muerte. De esta manera Jesús, además, habría sido rescatado de morir por asfixia, la muerte natural de la crucifixión, pero que invalidaría su sacrificio mesiánico, pues la Ley considera maldita la muerte por asfixia o ahogamiento. Tres signos. Inmediato a la lanzada Longinos declara: "Verdaderamente este era Hijo de Dios". Pilato se admira de que Jesús muriera tan pronto. Y anticipándose a esto, Jesús, en un grito pronuncia sus últimas palabras: "Todo está cumplido. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".

19. Cuando se estatuyó la costumbre del kaparot, después de la destrucción del Templo, también se promovió la visita a los cementerios en Yom Kipur para pedir por los muertos. Al morir Jesús, varios muertos salieron de sus tumbas, mientras él es sepultado según la costumbre judía. Y obraron los testimonios escritos de los muertos Alejandro y Rufo, que respondieron al conjuro para apersonarse en el Templo, y en los que dieron fe de cómo Jesús irrumpió en el Seol para rescatar a los justos, según el apócrifo Actas de Pilato o Evangelio de Nicodemo. Marcos en su Evangelio (15:21) y Pablo en su Carta a los Romanos (16:12) señalan que Simón de Cirene, el que ayudó a cargar la cruz a Jesús, era el padre de Alejandro y Rufo. Estos datos sólo nos permiten saber que Alejandro y Rufo estaban ya muertos y sepultados al morir Jesús, y que su misteriosa aparición después de muertos es la razón por la que Marcos y Pablo los citen en relación a Simón de Cirene. Y que el hecho tuvo efecto, está consagrado como artículo de fe en el Credo de los Apóstoles.

20. La víspera de su muerte Jesús le profetiza a Simón Pedro que antes de que el gallo cante él lo negará tres veces. En memoria de los sacrificios de Yom Kipur tras la destrucción del Templo, los israelitas practican en la víspera el rito del kaparot: le dan tres vueltas sobre sus cabezas a esas aves mientras recitan tres veces la fórmula de expiación vicaria: “Este ave ocupa mi lugar, me reemplaza y es mi perdón. Este ave va a la muerte y yo entraré en vida larga y pacible”.

21. Las víctimas de Yom Kipur no podían ser tocadas mas que por el sumo sacerdote y los sacerdotes que lo auxiliaban. Y ha quedado explicado cómo Jesús no fue tocado, antes de morir, muerto y resucitado.. Más aún. Tampoco lo sacro, como el Arca y el Propiciatorio, podían ser tocados. Aquél que osó tocarlos murió fulminado. Para trasladarlos, eran sostenidos con dos varales de acacia que entraban en argollas. En el caso de Jesús, su Cuerpo es asido a un palo mediante vendas, e intacto es trasladado al sepulcro.

22. El sumo sacerdote asperjaba con sangre el velo que ocultaba el Santo de los Santos, donde se encontraba el Arca de la Alianza y el Propiciatorio. Al acontecer el terremoto a la muerte de Jesús, este velo se rasga de arriba a abajo.

23. Del mismo modo se asperjaba con sangre el Arca y el Propiciatorio. Después del exilio el Arca no se encontró, y en el Santo de los Santos el sumo sacerdote asperjaba el piso en su memoria. Jesús derramó su sangre a tierra donde permanecen ocultos el Arca y el Propiciatorio.

24. Lo más sorprendente: el arqueólogo aficionado Ron Wyatt, identificó el sitio exacto en el que se crucificó a Jesús, y cómo el terremoto que acaeció a su muerte, provocó una fisura en el escarpado en el que también se excavó su tumba donde se depositó a Jesús, siguió a la izquierda del estípite de la cruz, bajó seis metros hasta la gruta en la que Jeremías ocultó el Arca de la Alianza, la cual halló el 6 de enero de 1982, por esta fisura bajó la sangre de Jesús y cayó en el Propiciatorio sobre el Arca, cumpliéndose así el precepto sobre Yom Kipur. Se supo que era la sangre de Jesús porque, al llevarla a analizar, se encontró que era sangre viva pese a haber estado seca dos mil años, y en lugar de contener los 46 cromosomas habituales: 23 de la madre y 23 del padre, contenía 24 cromosomas, lo que implicó que 23 cromosomas provenían de la madre, y sólo uno, aquél que definió la sexualidad, provino del Padre.

Esta serie de paralelismos señalan indefectiblemente a Jesús como Mesías Redentor. Los sacrificios para la unción sacerdotal, debían realizarse ante la Tienda del Encuentro, que entonces y hoy es la peña de la gruta donde Jeremías escondió el Arca de la Alianza y el Propiciatorio, y donde también está el sepulcro: la peña ante la cual murió Jesús, que así se manifiesta como víctima perfecta que en forma perfecta cumple con todos los sacrificios, incluido el de la vaca roja con cuyas cenizas se hacían las aguas lustrales, pues consumido por el fuego del dolor, su cuerpo fue puesto en un lugar puro, fuera del campamento.

Ahora queda manifiesta la suma humillación a la que se somete Jesús después de haber pagado nuestra rebeldías, cuando arriesga la validez de su sacrificio redentor al ofrecerse inerme para que Tomás lo toque y así compruebe su resurrección.

Esto llena de sentido a la Fiesta de la Divina Misericordia que se celebra, precisamente, ocho días después de Pascua: por misericordia divina Jesús es preservado de ser tocado y así permanece válida la redención cumplida en la cruz. Y esta Fiesta es la inserción del Yom Kipur, la Fiesta del Perdón, en el cristianismo, celebrada de acuerdo a la Ley en el séptimo mes del judaísmo, pero ahora, diez días después del Sacrificio de Jesús en la cruz. Uno de los mensajes recibidos por sor Faustina Kowlaska, vidente del Señor de la Misericordia, nos confirma nuestra intuición: Jesús señala que los rayos representan la sangre y el agua que brotaron al recibir la lanzada cuando el corazón daba su último latido. Es decir, clínicamente, la causa de la muerte fue la herida por lanzada y no la asfixia. Y la lanzada limpia, precisa, ocupa el lugar de la incisión que el Sumo Sacerdote practicaba a las víctimas.

No deja de llamar la atención que estas evidencias fueran inadvertidas por los primeros testigos y los sucesivos apologetas durante dos mil años. Ron Wyatt se explicaba que hubiera realizado tantos hallazgos de arqueología bíblica (Arca de Noé, Sodoma y Gomorra, Paso del Mar Rojo, carros del ejército del faraón, Monte Sinaí, Calvario, Sepulcro, Arca de la Alianza), en la voluntad de Dios de manifestarse de modo tal que no se le restase gloria. No es diferente el sentir del profano que comparte esta serie de hallazgos en este sitio. En ambos casos los propósitos de Dios son evidentes: que la Historia Sagrada no es mito, que Israel reconozca al Mesías que le envió, y pueda así cumplir para el Mundo su misión como Pueblo Elegido: ser justo entre las naciones, y luz para los pueblos, a fin de preparar su retorno, pues David salmodió: “Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies”, lo cual implica que Jesús regresará hasta que en el mundo reinen la justicia y la paz, y así se cumpla la profecía que profirió ante Caifás en el Sanedrín: “No me volverán a ver hasta que digan «Bendito el que viene en nombre del Señor»”.

Otro sacrificio, más radical, cumplió Jesús: el exterminio de la Casa Sacerdotal a manos de la Casa Sacerdotal, por haber accedido Aarón a hacer al pueblo el becerro de oro que idolatraron (Ex 32:26-29). Esto explica por qué Jesús se deslinda de su madre y sus hermanos (Jn 2:4; Mc 3:32-34), que proclame que quien ama a su madre o a sus hermanos más que a Él, no es digno de Él (Mt 10:37; Lc 14:26). Y que advierta que no vino a traer paz, sino violencia (Mt 10: 34-39; Lc 12:51-53), pues violencia se tiene que hacer uno para primar la voluntad de Dios y abandonar tradiciones, costumbres, comodidades, apegos, temores, vicios y rencores.

El proceso sepulcral según el Sudario

El Sudario revela que el proceso sepulcral se inició apenas comprobada la muerte de Jesús con la lanzada, ya que la venda que sirvió de cojinete para oprimir el Sudario sobre el torso de Jesús para recoger la sangre y el agua que manó de la herida del costado, después usada para hacer el arnés, permanecía tan húmeda al llegar al Sepulcro, que sus bordes se imprimieron en el Sudario. El caluroso abril jerosolimitano seca una tela en no más de 20 minutos –más rápido si hay sangre.

Los Evangelios narran que, muerto Jesús, José de Arimatea pidió el Cuerpo a Pilato; incluso Juan, testigo presencial, así lo consigna. Sin embargo, el breve fragmento del Evangelio de Pedro que ha llegado a nuestros días, refiere: “Empero José, el amigo de Pilato y del Señor, permaneció allí (frente al Pretorio). Y, sabiendo que se le iba a crucificar, fue a Pilato, y le pidió el cuerpo del Señor, para sepultarlo” (2,1). Esta versión está más acorde con la inmediatez con que se procedió a descolgar, trasladar y depositar el cuerpo según revela el Sudario, pese a que la crítica histórica considera tardío este Evangelio, y se le atribuyó a Pedro para que lo escrito gozase de autoridad.

Así, en tanto Jesús subía al Calvario y padecía en la cruz, José fue a comprar la sábana con la que lo envolvería, en tanto Nicodemo contribuyó comprando la mirra y el áloe. Al llevar los enseres abrieron el sepulcro. Y una vez comprobada con la lanzada la muerte de Jesús, Longinos, jefe del piquete de soldados encargado de la ejecución, instruido por Pilato de antemano, a un tiempo le envió a éste un emisario para informarlo de la muerte de Jesús, y dio su venia a José para que procediera a descolgar y sepultar el Cuerpo.

¿Quién preparó el cuerpo en el Sepulcro?

Los Evangelios consignan que José de Arimatea sepultó a Jesús. Juan añade a Nicodemo. Ni una palabra sobre La Verónica, pese a la evidencia de que el Sudario que se usó fue el Velo de su propiedad —preservado sólo por la tradición oral— que rescató de las manos del soldado después de limpiar el rostro de Jesús.

Si algo escandalizó a quienes presenciaban el martirio de Jesús, fue que una mujer asistiera a un condenado a muerte por blasfemia, sin temor a quedar por ello impura, en absoluto desdén hacia la Ley de Moisés; y una vez impura por el golpe del soldado en su mano, disputase su velo con éste. Por ello La Verónica fue proscrita incluso por los evangelistas, quienes, al no dejar de ser israelitas, no consignaron su hazaña: interferir cuando Jesús era golpeado con brutalidad.

Nicodemo refiere cómo Verónica aboga por Jesús ante Pilato:

“Y una mujer, llamada Verónica, dijo: ‘Doce años venía afligiéndome un flujo de sangre y, con sólo tocar el borde de su vestido, el flujo se detuvo en el mismo momento’. Y los Judíos exclamaron: Según nuestra ley, una mujer no puede venir a deponer como testigo.”

Nicodemo narra in extenso el juicio y cómo intercede por Jesús ante Pilato; pero al reseñar el sepelio es muy escueto y sólo enuncia a José de Arimatea, pese a que él también intervino y contribuyó con la mezcla de cien libras de mirra y áloe, según consigna Juan. Nicodemo menciona a Verónica y a sí mismo en el juicio; pero calla su propia actuación en el sepelio para no tener que incorporar a La Verónica una vez que ésta ha quedado proscrita, pero la rescata del ostracismo al señalar que "una mujer, llamada Verónica", testimonia ante Pilato que Jesús la curó de un flujo de sangre de 12 años ya. La identifica, ya que se le llamará Verónica sólo hasta después de su proscripción.

Los Evangelios sinópticos señalan que María Magdalena y María la de José "vieron" dónde era colocado Jesús; Mateo precisa que "se quedaron frente al Sepulcro"; es decir, no entraron. También exponen que, pasada la Pascua, las mujeres acudieron al Sepulcro para embalsamar en forma el Cuerpo, y se preguntaban quién les ayudaría a rodar la piedra que lo sellaba; de esto se deduce que entre judíos la preparación de un cuerpo era cosa de mujeres.

Así que Verónica se habría prestado a ello para estar cerca de su Salvador; y José de Arimatea y Nicodemo accedieron porque, al estar ya impura por asistir a Jesús, La Verónica les ahorraba las operaciones más riesgosas de contacto con el Cuerpo.

Condiciones de Ley para conservarse puro

La Ley de Moisés establece que si un insecto cae en un guiso, se debe desechar el guiso y destruir el traste y el fogón, pues han quedado irremisiblemente impuros.

Vendas, Sudario y Sábana tocaron la fuente de impureza: el Cuerpo de Jesús, por lo que estos objetos debieron ser tocados mediante triple guante para cumplir el precepto mosaico que declara impura cosa que toca cosa impura por haber tocado cosa impura por haber tenido contacto con la fuente de impureza. Por esta razón no aparecen huellas humanas de la manipulación del Cuerpo en la Sábana, ni en el Sudario. Las huellas de la mano de La Verónica son por el golpe que le dio el soldado cuando enjugaba el Rostro de Jesús y por la disputa del Sudario con el soldado; estos dos hechos hicieron que quedara impura, pero guardó la Ley durante el proceso sepulcral, sobre todo porque tanto José de Arimatea como Nicodemo eran sanedritas. Esto confirma la originalidad de ambos mantos, esto es, la condición de judíos de la persona muerta y de quienes intervinieron en el proceso sepulcral de Jesús.

¿Quién rescató los mantos del sepulcro?

Los mantos mortuorios eran objetos que transmitían impureza. Tal era la Ley que hasta los objetos manchados con sangre del difunto, con su cuerpo se sepultaban. Y preservarlos habría sido considerado idolatría. Esto hace que se descarte a los fieles a la Ley: María, los Apóstoles, y las otras mujeres. Los mantos mortuorios de Jesús los debió rescatar un gentil o un proscrito.

En cambio, Verónica tenía una actitud desafiante hacia la Ley, muy entendible: al presentársele el flujo de sangre, tuvo que abandonar al esposo, si era casada; y con él, a los hijos, e ir a vivir fuera de la ciudad, en donde nadie la visitaría porque su sola cercanía acarreaba impureza. Tras 12 largos años, estaba tan ávida de contacto humano y social que arriesga su vida. Tocar a persona pura le implicaba pena capital por transmitir deliberadamente su impureza. Ella cree que está segura si procede con sigilo.

Pero Jesús siente la fuerza curativa que sale de Él, se detiene y pregunta: “¡¿Quién me ha tocado?!” Verónica siente hundirse el piso bajo sus pies, mas la alivia escuchar que Pedro le quiere hacer ver a Jesús lo absurdo de la pregunta cuando apenas pueden avanzar porque una multitud se arremolina a su alrededor; pero Jesús repite la pregunta, espera, y ella tiene que dar la cara: “Yo, Señor”. Dar cuenta de su mal: un flujo de sangre por 12 años ya, que le ha hecho gastar su fortuna sin por ello recuperar la salud. Y la razón de su acción: “pensé que con sólo tocar la orla de su manto sanaría”. Está en evidencia. Jesús no sólo la perdona por transmitirle su impureza sino que deja que le robe la salud: “Vete, mujer, tu fe te ha salvado”. A otros tocaría Verónica al abrirse paso para llegar hasta Jesús, pero ya nadie la reprochó ni la intentó lapidar por haberles también transmitido su impureza.

En la Vía Dolorosa Verónica actúa igual y a la inversa: arriesga la vida social por auxiliar a quien le había dado salud y recibía una inmisericorde golpiza. Se conduele y se vuelve proscrita por el proscrito. Luego de la resurrección aun apostará su fama al rescatar del Sepulcro todos los objetos relacionados con Jesús.

Que interviniera en el juicio público a Jesús y en la Vía Dolorosa indica que La Verónica no retornó al fuero de ningún tutor, padre, hermano o esposo luego de recuperar su salud. Después de 12 años de aislamiento, difícilmente se habría podido volver a acostumbrar a la convivencia familiar, y para la familia ella también les resultaría casi una extraña; quizá el esposo le habría extendido ya libelo de divorcio. Esto obraría para que, luego de recuperar la salud, se convirtiera en la seguidora incómoda de Jesús a la que los demás seguidores desdeñaban llamándole "La Hemorroisa". Consideraría que su situación le facilitaba preservar en secreto los objetos que sustraería del sepulcro, pues todos éstos tenían sangre de difunto condenado, eran impuros, y botín de la profanación de un sepulcro, aunque éste estuviera abierto y el muerto hubiese desaparecido.

El día de la resurrección La Verónica esperó hasta ya entrada la noche para ir al sepulcro y recatar su velo, la mortaja y las demás cosas. Advirtió que éstas peligraban en cualquier lugar al que un israelita pudiese seguirla y entrar, pues si la seguía la policía del Templo entraría a destruirlas. Después de mucho caminar encontró el lugar idóneo: una construcción marcada con el signo de anatema: una cruz. Ahí nadie se atrevería a aproximarse, menos a entrar, pues había sido maldecida por pertenecer a algún infractor que, como Jesús, terminó crucificado, ya que los israelitas tenían vedado por Roma lapidar según su Ley. Ejecutar era atributo de Roma desde que Herodes Arquelao fue depuesto y el césar nombró en su lugar a un gobernador y a un procurador, y los romanos ejecutaban crucificando.

Ese lugar se ubica a más de 12 kilómetros al este de Jerusalén, ya que es el límite donde florece la Zygophyllum dumosum, planta endémica del desierto de Judea que no crece en Jerusalén, cuyos rastros fueron hallados en la Sábana por Alan y Mary Wrangler, e identificados por el botánico Avinoam Danin. En un perímetro de 5 kilómetros por 5 kilómetros en el que esta planta confluye con otras especies endémicas cuyos rastros también fueron hallados en la Sábana: la Gundelia tournefortii, que florece en los altos de Judea, el área de Jerusalén incluida, y la Cistus creticus que florece en la costa mediterránea y Samaria.

Al llegar, o quizá por la mañana, extendió la Sábana y ante sus ojos apareció la sombra del cuerpo de Jesús, de frente y de espalda; y luego, al desdoblar su velo, habría visto impreso en sangre el gesto dolorido del Señor. Conociendo su talante, si la mujer hubiese advertido antes que las manchas de sangre dibujaban el rostro de Jesús, no habría usado su velo en el proceso sepulcral. Fue hasta después de sustraerlo del sepulcro que lo advirtió. La mujer no pudo ocultar la maravilla, pero al divulgarla hizo aún más patente su actitud de pertinaz infractora de la Ley. Es muy probable que la tildaran de loca, incluidos los seguidores de Jesús, que ante todo eran israelitas; pues, como se verá, no la condenaron y ejecutaron. Por eso, para burlarse de ella le pusieron por mote "La Verónica" (la del verdadero icono o la de la verdadera imagen), pues sólo el escarnio pudo ser la razón de ese apodo en una sociedad en la que la Ley prohibía hacerse imagen de cuanto hay en cielo, tierra, agua y abismos.

Certificación de autenticidad de la Sábana

Los únicos que dieron crédito a La Verónica fueron José de Arimatea y Nicodemo –los dos que, junto con ella, dieron sepultura a Jesús–, según se deduce del libro La Venganza del Salvador (Vindicatis Salvatoris o Vindicta), el cual confirma que fue Verónica quien preservó los mantos mortuorios de Jesús.

Este apócrifo narra cómo, en su travesía, la barca de Natán, embajador judío que lleva a Roma el pacto entre el Consejo de Jerusalén y Herodes, es arrastrada al norte de África, donde en la ciudad libia de Burdigalla le predica a Tito, rey de Aquitania, luego de que éste lo abordara en busca curación; y cuando lamenta la muerte del Salvador que lo habría podido curar, queda sanado de una llaga en el rostro y pide ser bautizado.

En gratitud, Tito jura vengar la muerte redentora; avisa a Roma sobre sus razones e intenciones y acomete Jerusalén con Vespasiano. Apresado Pilato y advertidos por José de Arimatea y Nicodemo de que Verónica tiene la tela mortuoria con la efigie de Jesús, mandan carta a Roma pidiendo la presencia de Velosiano, a quien el emperador Tiberio envía a Jerusalén, encomendándole castigar a quienes dieron muerte al Mesías, y a su regreso, traer a alguien que lo cure de lepra de entre los seguidores del Cristo.

En Jerusalén, José de Arimatea y Nicodemo le confirman a Velosiano que Verónica resguarda el manto que envolvió el cuerpo de Jesús, y aunque ella lo niega, cede a la violencia y muestra la Sábana:

“Y viéndola, Velosiano, se prosternó en tierra y, con fe sincera y corazón encendido, la tomó, la envolvió en una tela dorada, la cerró en una caja, y la selló con su anillo. E hizo un juramento: 'Por el Dios vivo y por la salud del César, que no verá su faz nadie hasta que vea yo la de mi señor, Tiberio'."

Las inscripciones en latín, griego y hebreo descubiertas, unas, por el QFB Piero Ugolotti y el paleógrafo Aldo Marastoni, de la Universidad de Milán, y otras por los expertos en óptica André Marion y Anne Laure Couragey, del Instituto de Óptica Teórica y Aplicada de Orsay, en el lado de la Sábana donde no hay imagen, alrededor del Rostro, y de las cuales se han reconstruido frases y palabras sueltas: “yo atestiguo” o “yo certifico”, “Sombra de Rostro”, “Nazareno muerto” o “Nazareno condenado”, “Tiberio” y “Adán”, conforman el solemne juramento de Velosiano a Tiberio.

Hay al menos cinco razones de que las inscripciones se corresponden al juramento de Velosiano y no al proceso funerario, como el segundo equipo de descubridores y Bárbara Frale creyeron: 1. El texto histórico que lo refiere. 2. Fue solemne. La cultura latina primó lo escrito sobre lo verbal. 3. La Resurrección de Jesús se había convertido en un asunto de Estado, según el informe de Pilato, la propagación del hecho hasta el rey de Aquitania y el envío de Velosiano en Jerusalén. 4. Velosiano se jura al Emperador, y, a la vez, certifica la autenticidad de la impresión, protege la Sábana de suplantaciones, y la incorpora al acervo imperial. 5. Si las inscripciones se correspondieran al proceso sepulcral, no habrían consignado "Sombra de Rostro", pues esto se verificó después de la resurrección.

De esta manera, la Sábana ostenta la certificación sobre su autenticidad, realizada por el emisario del Emperador, no más allá de cinco años luego de la Resurrección, en el mismo momento en que se la confiscaba a la mujer que la había preservado de la destrucción, y que la conservaba consigo, atestiguada por tres testigos de alto rango, diferente nacionalidad y continente: Tito, rey de Aquitania, africano; Natán (“Adán”), embajador judío, asiático, y el cuestor militar romano Vespasiano, europeo.

Conforme a las palabras solemnes de Velosiano, el juramento escrito en la Sábana contiene el sello de su anillo. Es la inscripción numismática del leptón hallada en la región del párpado del ojo derecho por el P. Francis Filas, sj, quien también vinculó su descubrimiento al proceso sepulcral.

Un leptón no pudo usarse en el proceso sepulcral por cuatro razones: 1. El Sudario consigna cómo se le cerraron los ojos a Jesús, y el esmero puesto en ello (tres aplicaciones en cada caso). 2. El leptón es una moneda de insignificantes tamaño y peso, sin cualidades para mantener un párpado cerrado si el rigor mortis lo obligara a abrirse. 3. Si hubiese estado el leptón entre el párpado y la Sábana, habría dejado una sombra en la Sábana, y no su inscripción numismática, tal como dejó su sombra la venda del arnés al interferir la radiación de la Resurrección. 4. De haberse grabado la imagen y las inscripciones numismáticas, éstas debieron aparecer invertidas, y no rectas, como aparecen.

Un anillo diseñado para sello tiene la imagen en bajorrelieve e invertida, de forma que, cuando se oprime en el lacrado, imagen e inscripciones quedan derechas y en altorrelieve; sería el caso de haberse aplicado el sello en el anverso de la Sábana, donde se encuentra la imagen corporal. Pero el sello fue al juramento-certificación inscrito en el reverso de la Sábana, donde no hay imagen corporal. Entonces no fue un anillo diseñado como sello, sino uno que tenía un leptón engarzado, de forma que al oprimirlo por el reverso de la tela, por el anverso de ésta se ven en altorrelieve y rectas y no invertidas, la imagen e inscripciones numismáticas.

¿Por qué Velosiano, enviado por el césar desde el centro del Imperio, habría usado como representante imperial un anillo con un leptón engarzado, que si bien era romano, era la moneda de más baja denominación y sólo circulaba en Judea? Exploremos la respuesta.

La madre del césar Tiberio conspiró para matar a tres sucesivos herederos al trono que ocupaba Augusto —con el cual se casó luego de despreciar al padre de Tiberio y de su hermano Druso—, hasta que Tiberio quedó en línea se sucesión y fue obligado por el césar a divorciarse de su esposa, también por intriga de su madre, para casarse con su suegra Julia, hija de Augusto. Ya como césar, no superó la muerte de su hijo y heredero Druso, encargó el gobierno del Imperio a Sejano y se refugió en su palacio de Villa Jovis en la isla de Capri. Allí fue enterado mediante una carta de Antonia Menor, viuda de su  hermano Druso, del complot de Sejano y de la hija de ésta y sobrina de Tiberio, Livia, para matar al esposo de ésta, Druso, hijo de Tiberio. Tiberio demoró más de medio año en acusar a Sejano ante el Senado por alta traición, pues antes obró para restarle poder y asegurase de que no encabezara una rebelión. Sejano fue ajusticiado, Livia se suicidó, y Tiberio, ya en estado de paranoia, emprendió una cacería contra los afectos a Sejano. Tiberio llevaría ya nueve años en Capri sufriendo una irritación crónica de la piel del rostro que cubría con emplastos para soportarla, cuando tiene lugar el viaje de Velosiano a Jerusalén.

En tales circunstancias, representar al emperador era la forma más segura de acabar en el cadalso. Muy fundadas sospechas habría creído tener Velosiano de que Tiberio buscaba deshacerse de él, cuando lo enviaba a los confines del Imperio para asunto que ver ¡con la resurrección de un hombre!, y retornar con su mortaja y un discípulo de aquel hombre que obrasen la milagrosa curación del mal que aquejaba a Tiberio, que ni los mejores médicos habían logrado sanar.

Es así que Velosiano procede con finísima y perspicaz prudencia para conjurar cualquier sospecha y comprobar ante la fiscalizadora mirada del paranoico Tiberio, su fiel representación y el cabal cumplimiento de la encomienda. De manera que, recién desembarcado en Judea, se hace de un anillo que avalase la representación que llevaba, pero a la vez, y dado el caso, confirmase su estancia en el lugar al que había sido enviado.

¿Y qué mejor que un anillo que tuviera engarzada una moneda acuñada en la ceca de Banias, en las faldas del monte Hermón, en y para la provincia romana de Cesárea Filipa, y que por ser del más humilde artificio y de la denominación más baja, a nadie le interesara sacarla del territorio donde se usaba, y por tanto fuera casi imposible hacerse de ella fuera de esa jurisdicción? De esta manera tan original y en verdad magistral, Velosiano hace la mínima ostentación de la representación que lleva, y le procura las máximas seguridades al emperador Tiberio; es decir, a sí mismo.

Al igual que Velosiano, también Pilato fue presa de la paranoia transmitida por Tiberio, puesto que fue Sejano quien lo había nombrado procurador de Judea. Al enviar a Tiberio las Actas del Caso de Jesús, Pilato le haría ver cómo por el chantaje de los sacerdotes que habían hecho correr la especie del robo del cuerpo de Jesús, falló contra justicia.

Continuando con la narración de Vindicatis Salvatoris, “Verónica decide abandonar cuanto poseía por el amor de Cristo” y sigue a Velosiano, quien la interroga sobre lo que busca o quiere:

“Y ella contestó: ‘Busco la faz de Nuestro Señor Jesucristo, que me ha iluminado no por mis merecimientos, sino por su piadosa misericordia. Devuélveme la imagen de Nuestro Señor Jesucristo, porque me mata el dolor de no tenerla. Si no me la devuelves, yo no te abandonaré hasta que no vea dónde la has depositado, pues quiero, miserable de mí, servirla todos los días de mi vida. Porque creo que es mi redentor, y que vive en la eternidad’ (5,32).”

Velosiano la acoge en su comitiva que parte ese mismo día. De acuerdo al argumento que hemos esgrimido respecto al por qué de tal anillo, a Velosiano se le presenta todavía la oportunidad de presentar ante Tiberio a la mujer que preservó la Sábana, de ahí la facilidad con la que la acoge en la comitiva. Vindicatis Salvatoris concluye cuando Tiberio recupera la salud al postrarse ante la Sábana.

Las fantasías añadidas: Que Tito enfrente a los judíos y aprese a Pilato, que luego de sanar el césar pida ser bautizado e instruido en la fe por Natán, que Pilato sea ahogado en el Tíber, y que los jefes judíos sean vendidos como esclavos a treinta por moneda. Hay otra versión, Historia de la curación del césar Tiberio, en la cual Verónica se presta a ir a Roma a mostrar la Sábana a Tiberio, y no tiene todos esos añadidos, pero si Verónica voluntariamente hubiese llevado la Sábana a Roma, ésta no tendría las inscripciones del juramento de Velosiano.

La Sábana llegó y permaneció, no en Roma, sino en el palacio de Tiberio de Villa Jovis, en Capri. donde residía el césar. Esto también lo confirma el estudio botánico realizado por Avinoam Danin, el cual identificó en la Sábana plantas que florecen en las partes altas de los acantilados. Y es indicio de que Tiberio no le regresó la Sábana a La Verónica, pero le permitió venerarla.

Dado que no hay informes sobre qué sucedió después para que la Sábana apareciera sepultada en Edesa, sólo podía conjeturar que La Verónica la habría recuperado, quizá a la muerte de Tiberio, y habría emprendido por tierra el regreso a Jerusalén, puesto que Edesa está muy tierra adentro del Mediterráneo. Que ahí murió La Verónica. Y dado que ahí se encontró quinientos años después, la Sábana se sepultó por influencia de algún judío, pero no por éste, ya que fue tapiada en el nicho sobre la puerta occidental del muro de la ciudad, un sitio de distinción. La confirmación llegó de forma inesperada.

Una travesía de cuatro mil kilómetros

El Monasterio de la Transfiguración, o de Santa Catalina, en el Sinaí tiene la mayor colección de iconos antiguos, varios de los cuales fueron llevados allí para salvarlos de los movimientos iconoclastas que fluctuaron entre el año 730 (siglo VIII) y el año 843 (Siglo IX). Ente otros está la denominada Tabla de Edesa, datada como del siglo X, y, según se ha creído, retrata al discípulo Adai, y al rey Abgar.

El libro armenio "La doctrina de Adai" refiere que dos dignatarios y el archivista de Abgar, Hanan, viajan a Beit Guvrin, para entregar cartas de Abgar a Sabino, hijo del senador Eustorgio. Deciden ir a Jerusalén cautivados por una multitud atraída por Jesús de Nazaret que está en esa ciudad. A su regreso le refieren a Abgar lo que le vieron hacer y le escucharon decir a Jesús, y Abgar envía a Hanan de nuevo para pedir a Jesús su salud, y ofrecerle su ciudad como refugio, pues ya es hostigado por los jefes judíos. Jesús declina su ofrecimiento, pero le promete que enviará un discípulo mediante el cual recuperará la salud. Hanan aprovecha para hacer un retrato de Jesús a fin de que lo conozca Abgar. Luego de la ascensión de Jesús, Adai llega a Edesa a predicar. Por su intercesión sana Abgar, el cual erige una doctrina para que ahí Adai instruya en la fe a sus súbditos.

Lo demás son interpolaciones que incluso ubican antes al césar Claudio que a Tiberio, y Calígula. En ninguna parte este texto refiere la tela con un rostro que sostiene "Abgar" en la tabla de Edesa, y que se corresponde a la tradición oral o leyenda del mandilion de Edesa, el "rostro no hecho por mano humana" o acheiropoieto, que le habría reglado el apóstol Judas Tadeo al rey armenio Abgar, y que los historiadores suponen leyenda para explicar por qué la Sábana apareció en esa ciudad. Pero esa "leyenda" habla de un rostro, no de todo el cuerpo, por delante y por detrás. Algunos justifican esto proponiendo que se debe a que la Sábana fue expuesta a la devoción doblada en cuatro, sólo mostrando el rostro. Pero el rostro pintado está francamente desfasado de la tela, y por otro lado, las distintas representaciones del acheiropoieto divergen en las proporciones de la tela, y en el espacio que ocupa el rostro en el "mantelito". Y si la Sábana es el acheiropoieto, ¿cómo explicar que dos siglos antes de su descubrimiento Eusebio de Cesárea ya refiera que la Imagen de Edesa fue llevada al rey Abgar por el discípulo Tadeo? Y tampoco Eusebio se refiere a la Sábana como el objeto que llevó Tadeo, lo habría consignado claramente, como Juan. Eusebio se refiere a otra imagen. Es posible que para entonces ya la tabla abonara a la "leyenda".

Otra cuestión. Si se le llama "Tabla de Edesa" es porque provenía de tal ciudad cuando llegó al Monasterio donde se conserva, y si venía de Edesa es porque se buscó salvarla de los movimientos iconoclastas, y éstos tuvieron lugar en los siglos VIII y IX, de modo que es errónea su datación como del sigo X, puesto que en ese siglo ya no se necesitó salvar obras de la destrucción. Esa datación obedece a las figuras inferiores añadidas en ese siglo, que sí pertenecen a la escuela bizantina: sin perspectiva, hieráticas, realizadas con colores apagados. También obran para la confusión las desproporciones de las figuras superiores, las cuales, sin embargo, están dotadas de dinamismo merced a la deficiente perspectiva isométrica del escabel, y a los gestos de las manos, que además revelan la psicología de cada personaje, algo que la escuela bizantina ignora y la escuela pictórica grecorromana enfatiza. También los vivos colores están más en concordancia con la escuela pictórica grecorromana, de modo que la desproporción de las figuras no son intencionadas, sino fruto de la inexperiencia. Son obras de un aprendiz con un año escaso de escuela.

Si se compara el rostro del supuesto discípulo Adai y el de Calígula es patente que se trata de la misma persona, en edad aparente, cabeza triangular, frente, mentón, labios delgados y oprimidos, y la forma de las orejas. El gesto desdeñoso de la mano suelta suple la deficiencia que no tiene la escultura. Además de principiante, el autor ignoraba los ropajes romanos. No atina a colocar bien la toga a la que le falta la franja agusticlavia. representativa de la dignidad del joven, y la túnica no está bien definida como praetexta.

Y si observamos cómo el supuesto rey Abgar sostiene la tela con el rostro mediante una tela gruesa plegada a modo de guante, sabremos que dicha tela la considera impura quien la sostiene, lo que nos indica que es judío, y sus ropajes están resueltos con naturalidad. Mientras que el joven de pie, extiende la mano desnuda con gesto de solicitud de la tela. Además, la tela tiene las medidas y proporciones del Sudario de Oviedo, y el rostro está desfasado como en éste, aunque definitivamente retocado por mano ajena a la del pintor original, como la aureola añadida a ¡Calígula! Sin embargo el Sudario nunca estuvo en Edesa. Y, con relativa certeza, sabemos que sólo Verónica, Nicodemo y José de Arimatea conocían el Sudario. Y de los tres, Verónica es la única que se hubiese atrevido a hacer imágenes, y que, además, habría conocido a Calígula al permanecer en Villa Jovis.

Para poder estar cerca de la Sábana, de nuevo Verónica trasgrede la Ley y se recluta como ayudante aprendiz del pintor que embellece el palacio de Villa Jovis. No necesitó esperar mucho más de un año para recuperarla. Tiberio muere y Verónica le pide a Calígula la Sábana que guardaba Tiberio. Calígula se la reintegra y emprende por tierra el regreso a Jerusalén, urgida por recuperar su velo que, por su precipitada partida, encargó a Nicodemo. Debió ser por tierra, porque Edesa está unos trescientos kilómetros tierra adentro del Mediterráneo. Así vemos que en su itinerario de Jerusalén a Edesa entre los años 35 y 38, en poder de Velosiano la Sábana recorre medio Mediterráneo de Oriente a Poniente, hasta Capri, donde permanece poco más de un año hasta la muerte de Tiberio. Y luego, en manos de La Verónica, cruza la Península Itálica, Los Balcanes, y Anatolia, hasta llegar a Edesa.

En la catacumba de San Marcelino y San Pedro, en Roma, hay una pintura que difiere de las tradicionales representaciones paleocristianas de Jesús como dignatario romano, imberbe, exceptuando aquella en la que se le representa cual Zeus. Aquí Jesús está representado como el judío que fue. Al igual que en la Tabla de Edesa, manos ajenas al primer pincel retocaron la figura queriéndole añadir la franja angusticlavia, y también añadieron las figuras que lo rodean. La desproporción de la figura de Jesús contrasta con plasticidad de las figuras que lo rodean. También es pintado sobre un escabel sin dominio de la perspectiva isométrica. Y como en aquellas, manos y pies tienen una proporción que hace verlos frágiles.

El detalle del rostro nos permite ver cuán fiel es la pintura a las facciones de Jesús. Coincide con la fotocomposición. Quien pintó aquí a Jesús lo debió haber conocido. Las facciones están resueltas con relativa maestría si nos atenemos a las condiciones con las que trabajó el pintor: sobre piedra no tratada, con luz de tea. Esta pintura la habría realizado Verónica a su paso por Roma, al guarecerse en esa antigua mina que daba cobijo a viandantes y menesterosos, contertulios a quienes habló de Jesús y, para no arriesgar de nuevo la Sábana, se los pintó. Si Jesús es tan parecido aquí, como Calígula en la Tabla de Edesa, nos revelan a Verónica como una fina retratista. En la Tabla de Edesa tenemos, pues, una muy cercana aproximación al aspecto de Nicodemo, dado que no hay forma de contrastarlo.

Lo más probable es que en Anatolia bordeara de poniente a oriente las cordilleras de los Montes Taurus y Antitaurus hasta que el terreno le permitió tomar rumbo sur, por lo cual llegó extenuada a Edesa tras caminar más de cuatro mil kilómetros desde la bahía de Nápoles. Aunque no se puede descartar que cruzara los Montes Taurus por el escabroso paso ventisquero de las Puertas Cilicias al norte de Tarso, pues le urgía llegar a Jerusalén para rescatar su velo; que esto la extenuara o se accidentara, y quedara a expensas de un "buen samaritano" armenio que se la llevó a Edesa.

El armenio que la auxilió, la enteró de que el señor de esa ciudad al que apodaban "El Negro" por la enfermedad que había oscurecido su rostro, había sanado mediante un discípulo de Jesús y había acogido la nueva fe. Y Verónica, sabedora de que su muerte estaba próxima, se entrevistó con Abgar para solicitarle que atesorara la Sábana y enviara un mensajero a Jerusalén a rescatar su velo que había dejado encargado a Nicodemo. Puesto que no sabía escribir pero ahora sí pintar, realizó la pintura de Calígula para explicar cómo había recuperado la Sábana, y la de Nicodemo entregándole el velo al mensajero de Abgar, para que al verse representado con el velo, Nicodemo comprendiera que era ella la que obraba, y su voluntad la que le transmitía el mensajero de Abgar.

El "mandylion" con el Acheiropoieto

¿Por qué Abgar, que se supone se convirtió al cristianismo fuera de Israel, incumplió el deseo de la moribunda Verónica y sepultó la Sábana que envolvió a Jesús en un nicho sobre la puerta occidental del muro de Edesa, donde fue hallada quinientos años después, y no envió a Jerusalén a su mensajero a rescatar el Velo de La Verónica de las manos de Nicodemo?

Para indagar la respuesta la única opción es escudriñar las personalidades de los apóstoles que fueron enviados a predicar a Edesa: Judas y Simón, y a partir de esto reconstruir los hechos.

Judas, el primo de Jesús, es citado como Tadeo por Mateo y por Marcos, las citas en Marcos son copia de las citas en Mateo, así que Mateo es la fuente. Lo hace cuando Jesús envía a predicar, distinguiendo entre apóstoles y discípulos, ahí Mateo enlista a los doce apóstoles y sólo lo llama Tadeo, omitiendo su nombre (Mt 10,3 y Mc 3,18) La omisión del nombre es deliberada, casi despreciativa, pues lo enfatiza cuando de los otros enuncia nombre y sobrenombre: “Simón, llamado Pedro (...) Mateo el publicano (...) Simón el cananeo y Judas el iscariote”. Es muy significativo que sólo Mateo consigne el sobrenombre de Tadeo, y sólo el sobrenombre.

Cuando Mateo cita el nombre de Judas es porque a él aluden los nazarenos que recelan de Jesús: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?” (Mt 13,55 y Mc 6,3).

La mención directa y subrayada del sobrenombre, e indirecta del nombre, indica la distancia entre Judas (cumplidor de la Ley) y Mateo (el publicano recaudador de impuestos, convertido). Judas habría desdeñado a Mateo y este se habría resentido.

Simón Cananeo, también llamado El Celota, provendría de este grupo de corte político, beligerante. Seguir a Jesús ya le significó una conversión similar a la de Mateo. Sería mucho mayor que Jesús, puesto que el auge de los celotas se presentó cuando Judas Galileo se opuso al censo de Quirino, en los tiempos que nació Jesús, y sus huestes fueron aniquiladas. Algunos sobrevivientes se radicalizaron y se hicieron sicarios para con sus crímenes poner en entredicho la pax romana. Al seguir a Jesús, Simón optó por la alternativa de la paz, de modo que a grandes rasgos se nos presenta pacífico, conciliador.

De que una princesa armenia fuera la primera en llamarse Verónica, alguien dedujo que la leyenda de La Verónica tiene su origen en Edesa. Quien esto propuso omite o desconoce su mención en las Actas de Pilato o Evangelio de Nicodemo. Es probable que esta princesa naciera en los días en que La Verónica llegó a Edesa y le pidió a Abgar atesorar la Sábana y enviar por su velo, y murió; y que al llegar poco después Judas Tadeo y Simón Cananeo, Judas cuestionara a Abgar el por qué llamara así a su hija, y Abgar le refiriera el homenaje que así le hacía a la mujer que había llegado moribunda, legándole la Sábana, y haciéndole prometer que enviaría a su mensajero a Jerusalén a rescatar el velo. Como celoso de la Ley, Judas le habría exigido sepultar la Sábana y no enviar por el velo, pues ambas telas eran impuras, y la Ley también prohibía idolatrar imágenes.

Abgar se sometió a las exigencias de Judas Tadeo, sepultó la Sábana y se olvidó del velo. Pero perder así los mantos que habría considerado el mayor tesoro del mundo, y faltar a su palabra, a su solemne promesa hecha a la mujer moribunda, lo hizo caer en una profunda depresión que somatizó.

Reconvenido por Simón sobre su falta de tacto e inflexibilidad para con Abgar, Judas Tadeo asumió la responsabilidad por el malestar de Abgar y se retiró fuera de la ciudad a un lugar apartado para orar por la salud del rey armenio.

Como buen israelita, Judas oró bajo su taled muchos días, al término de los cuales se desembarazó de su manto de oración, y, para su sorpresa, en su propio manto de oración había aparecido impreso el rostro de Jesús. Al regresar a Edesa Judas fue al palacio de Abgar y le dijo que tenía un regalo del Señor para él, un manto de oración, que le daría sólo bajo la condición de que lo usara en el sigilo de sus aposentos, y ordenara ser sepultado con éste, ya que a los israelitas se les sepulta con su manto de oración. Y que también ordenara a su corte no mentar la Sábana ni a La Verónica. Abgar recuperó ánimo y salud, y así creyó Judas asegurarse de que no se fuera a extender el culto "idolátrico" a las imágenes. Y hasta hoy "purga" como el santo más representado, con la faz de Jesús en su pecho.

Según las diversas tablas del significado de los nombres, Tadeo quiere decir Enérgico en arameo, Prudente en sirio, El que alaba o agradece retirado del pueblo en hebreo, y Premiado en latín. Esta curiosa multiplicidad de significados tiende una línea muy significativa respecto al actuar de Judas, sorprendentemente coincidente con nuestra conjetura meta histórica: enérgico —prudente — agradecido con Dios — premiado. Si se comparan los sinónimos de enérgico y de prudente, se verá que estos dos adjetivos llegan a ser antagónicos, salvo que el prudente se entienda en el sentido bíblico: El que cumple puntualmente los 613 preceptos de la Ley, lo cual tendría relación con el sinónimo intransigente, de enérgico. Judas fue apodado Tadeo por su meticuloso celo para cumplir la Ley, enemigo de las omisiones y las transgresiones, y Mateo había sido un trasgresor contumaz. De ahí el desdén de Judas y el sordo resentimiento de Mateo, que se trasluce en la forma en que Mateo cita a Judas; y la posterior postura de Judas ante Abgar respecto a Verónica, a la Sábana, al Sudario y al Acheiropoieto impreso en el taled de Judas, ya que la apariencia y dimensiones de un manto de oración israelita son del todo compatibles con un "mantelito".

En la Catedral de Jerez de la Frontera y en la capilla de Nuestra Señora de los Palomares en la localidad de Trebujena, en Cádiz, se conservan estas dos pinturas con la leyenda, en latín “Verdadera efigie de Ntro. Sr. Jesucristo como fue enviado al Rey Abgar”. Obran en inventarios eclesiásticos desde principios del siglo XIX. Estas pinturas son indicio de que, en efecto, Hanan hizo un retrato de Jesús en Jerusalén para mostrárselo a Abgar. Probablemente también fue saqueada de Constantinopla en el 1204, llegó a España, y se hicieron estas pinturas para reponer la original, que debió ser una tabla, saqueada por las tropas francesas que apuntalaban el reinado de José Bonaparte (1808-1813). La de la catedral, arriba, es más artística y el pincel es del entre siglo XVIII-XIX, la de Trebujena, abajo, es más ingenua, y quizá sea más próxima a la original si se considera que Hanan, era archivero y emisario de Abgar. Pintaría por afición. Otro indicio es que la leyenda en esa pintura tiene una incorrección ortográfica, corregida en la pintura de la Catedral; en la antigüedad las faltas ortográficas eran muy comunes en las inscripciones. Los rasgos de la pintura de Trebujena son muy primitivos (cejas, ondulación del cabello). Ambas tienen la frente más amplia. No coinciden con la fotocomposición.

Con esto creí terminar mis indagaciones, pero una lectura puesta en mis manos por un amigo, originó un salto cuántico que abrió otras perspectivas a lo investigado.

Los Rollos de Qumrán y el Buen Ladrón

A fines de 1946 tres pastores beduinos encontraron unos rollos en una cueva a 14 kilómetros al oriente de Jerusalén en el desierto de Judea.

Por intensas búsquedas, de 1948 a 1956 se descubrieron otras diez cuevas aledañas con restos de manuscritos pertenecientes a más de ochocientos rollos.

Exceptuando los restos hallados en la cueva 7, escritos en griego sobre papiro, los de las demás cuevas son pergamino, el 40 por ciento escrito en hebreo y arameo en letra arcaica (letra caldea) y el 60 por ciento en hebreo y arameo protomasorético (letra sirofenicia).

Apenas descubierta la primera cueva, la ONU votó la partición del Protectorado Británico en Medio Oriente en dos Estados: uno árabe y otro hebreo. Esto desató la violencia al reclamar los árabes todo el territorio. Las refriegas impidieron la búsqueda arqueológica organizada y sistematizada y el contacto entre los interesados. Al ver los beduinos el interés por sus hallazgos, siempre encontraron antes que los arqueólogos más cuevas con restos de manuscritos que todavía fragmentaron más para aumentar sus ganancias, dadas las cotizaciones que alcanzaron los fragmentos.

La búsqueda arqueológica incluyó las ruinas de Qumrán. Dado que los fragmentos de cerámica ahí encontrados eran del mismo tipo de arcilla que la de las tinajas que contenían los rollos en las cuevas, los especialistas dedujeron que los escritos provenían de tal lugar. Por lo que refieren algunos de los textos hallados en las cuevas, lo supusieron monasterio esenio. Las ruinas muestran vestigios de incendio, y junto a las ruinas de Qumrán se descubrieron restos de campamentos, y un panteón con más de mil doscientas osamentas. La alineación norte-sur de la gran mayoría de entierros difiere de la costumbre judía.

Roland Guérin de Vaux halló un rollo de cobre escrito en clave sobre la ubicación de los Libros de la Ley y los Profetas, el Tabernáculo, el Arca de la Alianza, y demás enseres sacros, así como el depósito de Salomón: un tesoro de 70 toneladas de oro y plata.

Vendly Jones, halló una anforita con aceite para la unción de los reyes y 900 libras de incienso, esparcido y en tinajas.

Norman Golb no estuvo de acuerdo en que una biblioteca tan grande fuera sectaria, para él los Libros provienen del Templo de Jerusalén. E Izhar Hirshfeld vio similitudes entre Qumrán y otras ruinas que investigaba que parecían ser de una casa solariega.

En medio de estas cuestiones aderezadas con el trhiller que significó que distintos grupos pretendieran los rollos entre intrigas y refriegas, leí que el análisis por carbono 14 promedió como del año 33 las telas que envolvían algunos rollos. De inmediato asocié esto con un escrito anexo a las Actas de Pilato: la Declaración de José de Arimatea, que consigna que siete días antes de la Pasión, le fueron remitidos a Pilato desde Jericó dos hombres. Dimas, que tenía una posada, acusado de robar del Templo los Libros de la Ley y los Profetas, y el depósito secreto de Salomón; y Gestas, que mataba a los viandantes para robarles, los cuales sepultaba Dimas. Anás y Caifás estaban angustiados porque los Libros presidían las grandes fiestas religiosas, la de la Pascua estaba en puerta y los Libros no eran encontrados. La responsable de la Biblioteca Sacra era Sara, hija de Caifás. Que Judas Iscariote se prestó para acusar a Jesús de este robo, y Nicodemo conminó al Consejo a no actuar bajo esta falsa acusación. Que una vez apresado Jesús, Sara declaró que había dicho que destruyeran el Templo y él lo reconstruiría en tres días. Que para no ser parte de la conspiración, Nicodemo, José de Arimatea y algunos otros consejeros se apartaron.

Qumrán sería la posada de Dimas; las osamentas, de las víctimas de Gestas enterradas por Dimas —los esenios, profundamente religiosos, habrían alineado los cuerpos de poniente a oriente—; y la arcilla de las tinajas con los libros igual que la de la posada porque Dimas, dueño de la posada, sustrajo del Templo los Libros en estas tinajas. Pero, ¿una posada en medio del desierto? Puede ser. Los israelitas peregrinaban tres veces al año a Jerusalén, sería una posada para peregrinos, por eso los restos de campamentos.

Que Dimas robara los libros en tanto administraba una posada para peregrinos, revela su doble personalidad. Es curioso que él no matara viandantes, pero sí los sepultara sin delatar a Gestas. Eran cómplices, y sepultarían a las víctimas ("colaboracionistas") con orientación Norte: Roma; y a sus compañeros celotas y sicarios (nacionalistas), orientados hacia Jerusalén. No parece que fuera Dimas el interesado en robar los Libros, muy riesgosa operación que a la postre le costó la vida, pues para esos años los celotas ya habían mutado su original celo por la Ley, por un celo nacionalista que no se detuvo ante acciones sacrílegas, tal como quedó claro cuando treinta años después tomaron por asalto el Templo donde perpetraron atrocidades. El interesado debió ser algún peregrino —y no cualquier peregrino— que pagó muy bien por ellos, pero que no estuvo a tiempo para recogerlos y para que Dimas y Gestas pudieran huir. Gestas habría escondido las tinajas con los Libros en distintas cuevas para asegurar la paga y anticiparse a la traición del contratante. Así, mientras dosificaban la entrega de los Libros, dispersarían a los hombres del contratante en las cuevas, mientras Dimas, Gestas y sus demás cómplices se reagrupaban, pues necesitaron ser más los cómplices para sustraer del Templo 800 rollos en tinajas de una sola vez. ¡Doce carretones!

Para poner en perspectiva este robo, debemos saber que sólo el sacerdote de determinada ciudad podía acceder a los Anales de dicha ciudad, considerados sagrados. Alejandro Magno en sus conquistas, se hizo acompañar por la Ilíada y la Odisea, fuertemente resguardadas, pues las consideró el mayor tesoro de su Imperio. En Roma, los Libros Sibilinos eran resguardados por dos sucesivas guardias, y guardados en un cofre dentro de otro cofre, y muy raramente se podían consultar, cosa limitada por lo regular al César. En cuestión de aprecio, es como si hoy un ladrón vaciara el Museo de Louvre, El Prado, el Hermitage, el Museo Metropolitano, o el Museo Vaticano ¡Vaya que Dimas resultó ser un muy buen ladrón!

Para conocer la historia de Dimas hay que remontarnos a la Historia de José el carpintero. Allí se narra que cuando José y María con el niño huían a Egipto, los soldados de Herodes les pisaban los talones. En el oasis de Ein Guedí pidieron auxilio a unos salteadores, entre los cuales estaba Dimas, quien se compadeció de la familia que huía y pedía auxilio. Contrariando a sus cómplices, la escondió en su guarida hasta que los soldados de Herodes pasaron y se alejaron. Jesús tendría entre uno y dos años.

En el tiempo en que Jesús nació, se realizó el censo de Quirino al cual se rebeló Judas Galileo al frente de un grupo de celotas que pronto fueron aplastados por los romanos. Dimas, Gestas, y Simón Cananeo, también llamado El Celota, habrían pertenecido a este movimiento y pudieron huir. Después de la derrota, unos se hicieron sicarios para poner en entredicho la pax romana con sus asesinatos y asaltos. Sería el caso de Gestas, por eso no lo delataba Dimas.

Una de las mayores enseñanzas de Jesús pudo haber tenido origen en una escena que se le grabó de cuando a sus cinco o seis años retornaba de Egipto con su familia y, rumbo a Galilea evitaron Jerusalén, temiendo José que Herodes Arquelao, sucesor de Herodes el Grande, también quisiera matar a Jesús.

Poco antes de dejar atrás el desierto de Judea para pasar a Samaria, hicieron un alto en la posada que ya tenía Dimas. Ahí se encontraban cuando llegó un samaritano que traía consigo a un judío malherido por su cómplice Gestas y sus secuaces al asaltarlo en el camino a Jericó. La posada fue la mejor forma de encubrir su guarida que por treinta años les permitió salir impunes al asaltar y matar.

Desde luego que María se prestaría a cuidar al judío herido. Y tanto ella como José reconocerían a Dimas, su antiguo bienhechor. Y seguramente María lo volvió a reconocer cuando, transida de dolor, ascendía el Calvario acompañando a Jesús. Es muy probable que las palabras que entonces María le brindara a Dimas desataran su proceso de conversión en el castigo, y así pudiera perpetrar un robo todavía mayor: el Paraíso.

Anatemizada la posada por el robo sacrílego de Dimas, sería el más seguro refugio para que Verónica se fiara de que ahí no se atreverían a entrar los judíos para destruir los objetos que sustrajo del sepulcro. Las ruinas de Qumrán quedan dentro del breve polígono definido por las evidencias botánicas de la Sábana catalogadas por Avinoam Danin.

Y quizá los cuatro orificios replicados que ya mostraba la Sábana antes de que se le sustrajera de Constantinopla, según se reproduce en el manuscrito húngaro Pray, de entre 1192 y 1195, se deban a un incendio que habría provocado la Policía del Templo, enviada por los sacerdotes a prenderle fuego a la posada desde afuera para destruir los objetos impuros, pero Verónica los pudo rescatar y desde entonces fue más prudente: por eso negó ante Tito, Natán y Vespasiano que ella tuviera la Sábana, y se resistió a mostrársela a Velosiano.

En 1972 el sacerdote español José O’Callaghan, del Instituto Bíblico de Roma, identificó un fragmento en griego sobre papiro procedente de la cueva siete de Qumrán, con un pasaje del Evangelio de Marcos. Después identificó otros ocho fragmentos procedentes de la misma cueva, con Marcos, Primera de Santiago, Primera a Timoteo, Hechos, Romanos, y Segunda de Pedro. Los libros depositados en esta séptima cueva tendrían distinto origen que los demás, tanto por su base: papiro y no pergamino, como por su contenido. Estos manuscritos, datados como del año 50, no pudieron provenir del Templo de Jerusalén, mas aportan dato de cuán temprano fueron escritos esos libros neotestamentarios.

Respecto a los pergaminos de las otras diez cuevas, cabe apuntar que el orientalista William Foxwell Albright dató algunos, por su escritura caldea, de entre trescientos y hasta seiscientos años antes de Cristo.

La disputa por la Traducción y la
Transcripción de los Libros Sagrados

He imputado a un peregrino el interés por los Libros robados por Dimas. Y es que, a no ser que el motivo fuera su destrucción —y no fue su destrucción el motivo, puesto que se hallaron en cuevas—, cualquier persona de cualquier secta que hubiese querido preservar ocultos tan alto número de manuscritos sagrados en los territorios judíos, no llegaría muy lejos, como de hecho le sucedió a Dimas.

Pensé en los motivos que tendría el, o los peregrinos. Alguna pista parecieron aportar los propios manuscritos hallados. Unos estaban en letra caldea, y otros en letra sirofenicia, lo cual indica que en esos días se realizaba la transcripción de los libros originales en letra caldea, a letra sirofenicia. Y los paleógrafos detectaron que la traducción griega de Los Setenta o Septuaginta, es más fiel a los escritos de Qumrán originales en letra caldea que a los escritos de Qumrán en letra sirofenicia, a los que en cambio se apega la versión masorética israelita. Esto revela que, a la par que se transcribían, se hacía una edición. Se ajustaban palabras.

Hay un libro dedicado a los motivos y el proceso de la traducción Septuaginta: la Carta de Aristeas a su hermano Filócrates. Este libro refiere que Demetrio de Falero, director de la Gran Biblioteca de Alejandría. entrega cuentas al faraón Ptolomeo Filadelfo. Había recopilado una ingente cantidad de manuscritos para los fondos egipcio, asirio, persa, griego, romano e hindú del acervo de la Biblioteca. Faltaba crear el fondo hebreo. Filadelfo, que entonces también gobernaba Judea, pidió su colaboración al Sumo Sacerdote. Aristeas forma parte de la embajada que lleva la solicitud a Jerusalén, y queda admirado por la magnificencia del Templo y de Jerusalén, y por la sabiduría de los ancianos judíos. El Sumo Sacerdote envía la Torá a Alejandría junto con setenta y dos ancianos traductores que trabajan en la Isla de Faros. Durante su estancia Filadelfo les ofrece múltiples ágapes durante los cuales les hace innumerables preguntas que los ancianos responden con sabiduría. Es aquí donde el autor encubierto resbala al poner en boca del faraón la pregunta sobre la conveniencia para el pueblo de tener un rey con estirpe o uno plebeyo, y uno de los traductores responde: "El de mejores cualidades naturales. Un buen carácter que se ha familiarizado con la cultura es apto para mandar". Terminada la traducción, los ancianos traductores reúnen en la isla a la comunidad judía de Alejandría y proclaman la Ley traducida, y al amenazar con anatema a quien osare cambiar, quitar o poner palabra a lo traducido, tácitamente la declaran inspirada. De las imprecisiones de esta Carta respecto a la época de Ptolomeo Filadelfo, se infiere que fue escrita en época muy posterior.

La tradición sobre la traducción de Los Setenta señala que los traductores realizaron diversas copias ciegas que, al cotejarlas una vez terminadas, coincidieron palabra por palabra.

La colaboración de Jerusalén con Alejandría fue total. Ciento sesenta años después de iniciado el proceso de traducción, el autor de la Segunda Carta de los Macabeos ofrece a los judíos de Alejandría la biblioteca de Nehemías: los Libros dispersos reunidos por Judas, y les propone que envíen a alguien a Jerusalén para que se los lleve a Alejandría. La traducción de los libros proféticos continuó en Alejandría y Jerusalén hasta muy próximo el nacimiento de Jesús. La tradición también identifica al anciano Simeón, que tuvo en sus brazos a Jesús recién nacido, como uno de los últimos traductores. Llegó a ser tan popular la Septuaginta, incluso en los territorios israelitas, que seis de cada siete alusiones a las Escrituras que se hacen en los Evangelios, están referidas a ésta.

Es posible que esto mismo despertara el celo de los rabíes de Jerusalén, que sintieran por ello mermada su influencia y, para recuperarla, idearan la transcripción "Tradicional" (Masorética), a una letra no tradicional, y aprovecharan esto para hacer una edición de los Libros Sagrados que los distanciara de la traducción Septuaginta. Fue entonces que los alejandrinos respingaron. Los jerosolimitanos les cuestionaron a los alejandrinos trece pasajes o palabras, y el diálogo se tornó ríspido. Todavía los jerosolimitanos habrían puesto como prueba de su postura el prólogo del Libro de la Sabiduría de Jesús ben Sirac, no incluido en la versión Masorética pero sí en la Septuaginta, donde el nieto de Jesús se excusa: "...allí donde se crea que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación, no hemos podido acertar en alguna expresión. Pues no tienen la misma fuerza las cosas expresadas originalmente en hebreo que cuando se traducen a otra lengua. Cosa que no sucede solo en esto, sino que también la misma Ley, los Profetas, y los otros libros presentan no pequeña diferencia respecto de lo que dice el original". De modo que les habrían exigido a los alejandrinos corregirla, o ellos en Jerusalén lo harían.

Los alejandrinos optaron por defender la fidelidad y la literalidad de su Traducción por la vía de la carta pseudoepigáfica de Aristeas, y del libro Sobre la vida de Moisés, en donde Filón se atreve a escribir que al leer la Traducción de la Torá al griego, "tanto los hebreos como los griegos que conocen la lengua de los otros, creen que se trata de dos lenguas hermanas, o por mejor decir, veneran en ella a una sola y misma lengua, tanto en el contenido como en la expresión, y no llaman simplemente 'traductores', antes bien hierofantes y profetas a quienes pudieron manifestar con expresiones tan transparentes el puro pensamiento de Moisés".

Al leer los ensayos de Filón se advierte la similitud de estilo con la Carta de Aristeas. Ya antes, al notar su traducción al francés de esta Carta, en 1962 André Pelletier sj apunta: "el alegorismo del Pseudo-Aristeas sólo halla un término de comparación adecuado en Filón". Y, al referir la censura a la Traducción que finalmente los rabíes asentaron en el Talmud (Massakhet Soferim I:7-10), remata: "Los tiempos idos del trabajo entusiasta casi lírico de Filón". Con esta magistral línea, califica sus exégesis ficción, mala novela la Carta, y alevosía la rabínica moción a destiempo.

Pero ya antes de Pelletier, los sacerdotes y rabíes de tiempos de Jesús advirtieron la relación de Aristeas con Filón, pues, además del estilo, ya deja sentirse con el giro del título: Filócrates, y con aquella respuesta más ufana que sabia del Anciano a Filadelfo, y les resultó intolerable que en esa Carta se lanzara un anatema contra quien osase modificar la Traducción, pues, además, anatemizar era atributo exclusivo de los tres sanedrines territoriales y de los tres sanedrines jerárquicos que, nos ilustra Dan Jaffé en Las raíces judías del cristianismo, funcionaban dentro de los territorios israelitas, y sólo dentro de estos territorios. Así que, para burlarse de Filón —que mediante la frágil mixtura de su filosofía alegórica y un rebuscado estilo intentaba ganar prosélitos—, por contraste escribieron la escueta Carta de Aristóteles a Alejandro Magno, en la cual el filósofo griego dice haberse entrevistado con un Anciano judío que lo hizo darse cuenta de su sabiduría y lo introdujo a la grandeza de la Torá. Y, tras advertir cómo Dios puede manipular la naturaleza, desearía quemar todos sus escritos, y manifiesta que le avergonzaría que por difundirlos perduraran. Advierte al emperador macedonio que casi todas sus teorías sobre la ley natural son falsas. Pide perdón por ello y, antes de morir, se abandona a la clemencia de Dios y del Emperador —empero, Aristóteles sobrevivió a Alejandro Magno—.

La primera mención de esta otra Carta la hace Hayyim de Briviesca en 1370, al declarar que Abraham ibn Zarza le había asegurado que el escrito cerraba un libro atribuido al filósofo llamado Las dos manos gruesas, que recibió del visir Ibn al-Jatib, sin aclarar si el escrito estaba en árabe o en hebreo (Jewish Encyclopedia); posteriormente fue traducida de otro códice del árabe al hebreo por el talmudista Gedalías Ibn Yahya ben Joseph, quien la incluyó en Shalshelet Ha-Kabbalah, publicado en Rávena en 1580 (Zinberg 82). Desde luego esta Carta no pudo escribirse en la Edad Media, cuando los judíos perseguidos no practicaban el proselitismo, que es la falsa intención de este escrito, y en esa época se contaban con los dedos de las manos los conocedores de Aristóteles, de modo que el personaje no era referencia para nadie. La traducción de esta Carta desde el árabe avala su origen antiguo, pues a través de los árabes Occidente recuperó las obras de Aristóteles y de otros autores de la antigüedad.

Una vez puesta en su contexto antiguo, esta Carta deja evidente su intención de mofa: en la antigüedad Aristóteles era conocido y nadie hubiese creído que él fuese la fuente de tales palabras. Sería como si ahora se encontrara una carta con similares palabras escrita por Isaac Newton, dirigida al rey Jorge. Esta Carta hace mofa de Filón, del indiscriminado proselitismo de sus textos. Con esta otra Carta Jerusalén le dio un portazo al diálogo con los alejandrinos; y Filón, herido en su amor propio, y, temiendo que los Libros originales que sustentaban la Septuaginta fueran destruidos, tramaría su "rescate", y sería el peregrino que contrata a Dimas para su robo.

El señalamiento no puede tener más sustento puesto que fue un hecho delictivo que Filón y los demás implicados callaron, aunque en el fondo pensaran diferente: eran los rabíes de Jerusalén quienes cometían sacrilegio al cambiar palabras a los Escritos Sagrados, no ellos, que lo que pretendían era "rescatar" del sacrilegio esos Escritos, cuyos ancestros no habían tenido el cuidado de copiar en letra caldea al tiempo que los traducían al griego en la Escuela de Traductores de Alejandría.

¿Tendría Filón la influencia y la capacidad para financiar un robo de tal complejidad y magnitud?

Una familia acaudalada y con influencias

Por el propio Filón sabemos que conoció a Poncio Pilato, pues en uno de sus escritos detalla su personalidad —también habrá conocido a Jesús, puesto que debió estar aquella Pascua a la que llegó después de que Dimas y Gestan fueran apresados. Y bien se guarda de referirlo para no traicionarse al escribir—. También por él sabemos que su hermano Alejandro casó a su hijo Marcos con Berenice, hija de Herodes Agripa I, y que Agripa era deudor de su hermano Alejandro. Uno de sus Diálogos Filosóficos parece tener como destinatario a su sobrino Tiberio Julio Alejandro, hijo de Alejandro, para convencerlo de retornar a la fe israelita. Este escrito es indicio de la relación estrecha de Filón con su hermano Alejandro. Finalmente, de su propio puño sabemos que encabezó una embajada a Roma para pedir la intervención del césar Cayo Calígula a fin de detener la persecución que emprendió el gobernador Flaco contra los judíos en Alejandría.

Casi tres siglos más tarde, Eusebio de Cesárea señala a Filón como el primer filósofo cristiano y refiere que en Roma se entrevistó con el Apóstol Pedro. Sus escritos han llegado casi íntegros hasta nosotros porque fueron conservados por las comunidades cristianas, no por las comunidades israelitas que sólo en fechas recientes se interesan en él. Hay quien sostiene que el elevado poema con el que Juan inicia su Evangelio, está influido por las disquisiciones de Filón sobre el Logos de Dios. De sus escritos y de la Carta de Aristeas se puede inferir una personalidad lastrada por la vanidad en sus aspiraciones más elevadas.

Sin duda Flavio Josefo es una inapreciable fuente de datos sobre la familia de Filón, que de forma indirecta nos aproxima al escritor con aspiraciones de filósofo, y, además, nos proyecta a hechos posteriores de relevancia que agravarán y cerrarán el ciclo del robo de los Libros.

Alejandro, hermano menor de Filón, era alabarca de Alejandría, puesto que parece haber implicado la administración y fiscalización del Puerto, y que tendría una flota mercante. Siendo menor que Filón, él administraría la herencia que recibieron de su padre, y la aumentaría de forma considerable. Alejandro estudió en Roma y vivió en casa de Antonia Menor, la cuñada y consuegra de Tiberio que lo enteró de la conspiración de su hija Livia y de Sejano. Como hija de Marco Antonio, fue receptora de una porción de las herencias acumuladas de su padre, de Julio César, de Augusto, de Pompeyo, y de los Ptolomeo de Egipto, además de la propia herencia recibida de Druso y de Tiberio. Madre de césar Claudio a quien repudió por ser cojo, tartamudo y de inteligencia obtusa, y abuela de Cayo Calígula, por quien posiblemente se suicidó para que no dispusiera de su fortuna, que pasó a administrar su antiguo huésped Alejandro, al cual nombró albacea. Su riqueza incluía innumerables construcciones y predios productivos y recreativos en Italia, Grecia, Siria y Egipto. De él recibirían manutención Claudio y Marco Antonio Palas, liberto de Antonia, descendiente de la realeza de Arcadia, en Grecia, que llegó a ser Tesorero del Imperio Romano y que fue asesinado por Nerón para quedarse con parte de su fortuna.

Alejandro le negó al dispendioso Agripa el préstamo que le solicitó, que en cambio se lo proporcionó a la esposa de éste, Cipros, una vez que Agripa se embarcó a Roma desde Alejandría: diez talentos, suficientes para pagar un mes a diez legiones, incluidos oficiales. Alejandro donó al Templo las planchas de oro con que se recubrieron ocho de las nueve puertas del conjunto sacro. Fue aprisionado en Roma por Cayo Calígula. Dos pueden ser los motivos que no refiere Flavio Josefo: que Calígula quisiera presionar a Alejandro para que incumpliera los deseos de su abuela Antonia y acceder a su fortuna, o que Alejandro le reclamara al césar la destrucción de parte de su flota, retenida y ocupada por Calígula en tender un puente sobre el cual cruzó a caballo y en carruaje la Bahía de Nápoles, flota averiada por los trabajos de la hechura del puente, y después hundida y encallada por una tormenta. Al asesinato de Calígula, su amigo Claudio le devolvió la libertad.

El propio Claudio nombró epistrategus a los hijos de Alejandro. A Marco, de Arcadia, en el delta del Nilo, y a Tiberio Julio Alejandro, de la Tebaida. Con ello la familia Alejandro dominaría la fiscalización de toda la ruta del Nilo desde Elefantina, pues Alejandro ya era fiscal de Egipto, a no ser porque, por entonces, Tiberio Julio Alejandro abandonó la fe israelita. A raíz de esto, Alejandro apartaría a Tiberio de su familia y lo desheredaría. Y poco después, Marcos, que era con quien todavía Tiberio mantenía contacto epistolar, fue muerto al ser asaltado, dejando viuda a Berenice, hija de Herodes Agripa I.

Tiberio Julio Alejandro ocupó después el puesto que antes ocupara Poncio Pilato en Judea, luego fue convocado a servir bajo las órdenes del general Cneo Domicio Córbulo, abocado a recuperar la influencia de Roma en los territorios que disputaban a los partos; y escolta al campamento romano a Tiridates I, rey de Armenia, el cual viajará a Roma para sujetarse a Claudio.

Pasados los años, Nerón nombra a Tiberio gobernador de Egipto. Agripa II es invitado a Alejandría para las fiestas por su ascenso cuando llega a Judea el nuevo procurador Gesio Floro, quien días después sustrae del Templo los depósitos de particulares, lo cual desata la primera guerra judeo romana. Por los acontecimientos, Agripa II se ve urgido a regresar a Judea. Amparado en esto, Tiberio desata una nueva persecución contra los judíos en Alejandría, y mueren cuarenta mil.

Tiberio Julio Alejandro es el primer gobernador en reconocer como césar a Vespasiano en el año en que se suceden cuatro césares por la guerra civil que se desata a la muerte de Nerón. Vespasiano nombra a Tiberio estratega de Tito para terminar de aplacar la rebelión judía. Pese a que en reunión de Estado Mayor Tiberio se adhiere a la opinión de Tito de que se respeten el Templo y Jerusalén, Flavio Josefo narra que cuando ya se ha retirado Tito de los atrios donde han tenido lugar las batallas, se inicia el incendio del Templo. Alertado, Tito regresa, a gritos demanda detener y azotar a los incendiarios y aplacar el fuego, pero nadie le hace caso. Muy extraña conducta la de los soldados romanos, de los cuales el propio Flavio Josefo pondera su disciplina. Esta conducta es indicio de que una autoridad militar les demandó hacer lo que hicieron, y les garantizó impunidad ante Tito. Finalmente, tanto el Templo como Jerusalén fueron destruidos y se cumplió la profecía de Jesús de que de éstos no quedaría piedra sobre piedra.

Un apunte marginal. Es durante la narración del inicio de la guerra en Judea que Flavio Josefo aporta datos significativos que pueden aclarar por qué las Actas de Pilato también se conocen como Evangelio de Nicodemo. Refiere que los soldados que habían resistido los embates de los rebeldes en la Fortaleza Antonia, finalmente pactan su rendición, pero al deponer las armas ante Gorion, hijo de Nicodemo, éste no pudo imponerse a sus compañeros rebeldes para que respetaran la vida de los soldados que capitularon. De igual manera refiere que a José, nieto de Nicodemo e hijo de Gorion, se le encomendó el gobierno de la ciudad junto con Anás, hijo de Anás. Desde el momento en que Gorion queda posesionado de la Fortaleza Antonia, Nicodemo habría tenido acceso a los archivos del Pretorio —algunos piensan que el Pretorio funcionaba en el Palacio de Herodes, pero una razón de peso contra esta opinión, es que ese Palacio estaba dentro de la ciudad, mientras que la Fortaleza Antonia estaba fuera de la ciudad. Y dado que ahí tenían lugar los juicios in extremis, de personas ya condenadas por el Sanedrín, la Fortaleza Antonia era el lugar más apropiado para juzgarlos y retenerlos en tanto se les ejecutaba, sin macular la ciudad "pura"—. En el Archivo del Pretorio Nicodemo se habría puesto a buscar las actas de Juicio a Jesús y la posterior indagatoria de Pilato, hasta encontrarlas. Todavía recuperó la Declaración de José de Arimatea del legajo del Caso de los Libros robados, por aludir ahí a Jesús.

Después de la guerra Tiberio Julio Alejandro en nombrado Prefecto del Pretorio y un antiguo empleado de su padre, Catulo, enemistado con aquél, es nombrado gobernador de la Pentápolis Líbica, donde se ha refugiado Alejandro, el cual es acusado falsamente, junto con otros judíos notables, de sostener el movimiento del tránsfuga sicario Jonathan. Los judíos notables, entre los cuales están Alejandro y su esposa Berenice, son ajusticiados. Todavía Catulo llega a Roma con Jonathan y sus hombres como falsos testigos para interponer más acusaciones contra judíos residentes de Roma y de Judea.

Berenice, hija de Herodes Agripa I y hermana de Herodes Agripa II, viuda de Marcos, hijo de Alejandro y para entonces también viuda de su tío Herodes Polio, rey de Calcis, divorciada de Polemón II, rey del Ponto, y amante de Tito ya desde la guerra en Judea, llegó a intervenir como juez, y parece haber abogado por los judíos falsamente acusados, de forma que Vespasiano manda ejecutar a Jonathan y sus secuaces, pero, otra vez de forma extraña, Catulo no es depuesto y procesado, sino que retorna como gobernador a la Pentápolis.

Estos últimos sucesos los consigna Flavio Josefo en Antigüedades Judías, cuando debió escribirlos en La Guerra de los Judíos. Todos estos hechos son indicio de que, al ser desheredado por su padre Alejandro, Tiberio Julio Alejandro juró vengarse de él, por eso persigue y mata a los judíos de Alejandría. Pudo haber intrigado para que Gesio Floro sustrajera del Tesoro del Templo los depósitos de particulares, pues seguramente ahí tendría depósitos Alejandro. Muy probablemente fue el responsable de la contraorden para que el Templo y Jerusalén fueran incendiados y destruidos, y habría influido ante Vespasiano para que el inepto Catulo fuera nombrado gobernador de la Pentápolis Líbica con la consigna de dar muerte a su padre Alejandro, y para que Catulo fuera perdonado, cuestión que Flavio Josefo escribe en Antigüedades Judías para evitar que el Prefecto Tiberio Julio Alejandro lo censurase, pues al ver que en este libro refería las historias bíblicas, se desinteresó del mismo. En esta escultura del tiempo en que se le nombró epistrategus de la Tebaida y apostató del judaísmo, el rostro de Tiberio Julio Alejandro manifiesta una personalidad rencorosa.

En cuanto a Filón, de la riqueza compartida con Alejandro se puede inferir que contaba con recursos suficientes para pagar un robo de tal magnitud, así como las influencias para disimularlo, y las personas y los medios para operar su traslado a Alejandría. Pero todo esto no resultó suficiente para poder liberar a Dimas y a su cómplice Gestas una vez que estos fueron apresados y condenados a morir en una semana. Le urgía un plan "B": un motín que distrajera a los soldados acuartelados en la Fortaleza Antonia, para poder entrar a liberar a Dimas y Gestas. Pero necesitaba de alguna personalidad carismática que a todos cautivara. Al verlo aproximarse a Jerusalén no le cupo la menor duda de que era el idóneo: Jesús de Nazaret. Alguno de sus compinches objetaría el plan: se decía que era el Mesías. Además, se necesitaba que estuviera dispuesto a ser apresado y morir crucificado. Filón manifestó su escepticismo: desde el cielo tendría que hablar Dios para que él creyera que Jesús fuese el Mesías. Y, seguro de sus dotes, pidió que le dejaran a él eso de convencerlo. Lo haría mediante alguna alegoría para las que él era muy ducho: ¡La semilla debe morir para multiplicarse! Lo convencería de que un héroe vale más muerto que vivo. Se pondrían a sus órdenes y, una vez levantada la plebe por Jesús, a la reacción de los soldados se dirigirían a la Fortaleza Antonia a liberar a Dimas y Gestas, de ahí a recuperar los Libros robados y escondidos, y huir. Protocolario como era, pese a tenerlo próximo ordenó a dos de sus hombres que fueran con el más anciano del primer círculo de seguidores de Jesús a buscar una entrevista con él. Fueron con Felipe, éste le transmitió el deseo a Andrés; juntos se acercaron a Jesús y le dijeron que unas griegos querían verlo. Jesús les respondió públicamente con palabra similares a las que Filón había preparado para convencerlo: "Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. En verdad, en verdad les digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. Ahora mi alma está turbada. ¿Y qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu nombre." Y desde el cielo retumbó una voz: "Le he glorificado y de nuevo le glorificaré." Y Jesús concluyó: "No ha venido esta voz por mí, sino por ustedes. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. Y cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí." Pero los alejandrinos ya se habían escabullido.

A Juan le admiró que esos griegos se evadieran cuando Jesús se manifestaba como Mesías y recibía respuesta desde el cielo. ¿Entonces para qué querían hablar con él? Y así, sin entenderlo ni interpretarlo, lo asentó en su Evangelio, y, discreto, dejó a los griegos en su mutis. De que se trataba de judíos de cultura griega se infiere al Juan consignar que "subían para la fiesta". No necesitó escribir que eran judíos, como no lo necesitó Marcos cuando en Hechos escribe que el día de Pentecostés, por la fiesta estaban ahí: "partos, medos y elamitas..." Se entiende que judíos venidos de tales lugares, y, en esos días Alejandría era más Grecia que Atenas.

Ya el lector podrá interpretar que la Pascua de Jesús, Palabra hecha carne, tuviera lugar en medio de la intriga por la validez e inspiración de las versiones Septuaginta y Masorética de la Biblia.

Para despistar al enemigo, Filón habría solicitado el robo de todos los Libros, y no sólo los escritos en letra caldea que eran los que les interesaban a los alejandrinos, según se infiere de los libros encontrados en las cuevas de Qumrán. Por eso en el Templo sólo obrarían los testimonios de los muertos Alejandro y Rufo cuando Pilato pide explicaciones a los sacerdotes, respecto a los que las Escrituras refieren sobre lo acontecido con Jesús.

El Gran Rabí y el Talión

Es posible que Flavio Josefo todavía estuviera afanado en escribir alguno de sus dos libros, o recién los hubiera concluido, cuando hacia los años 92 o 93 llega a Roma una comisión de rabíes presidida por el Rabán Gamaliel II y conformada por Eleazar ben Azaria, Yehosúa ben Hananyah y Akiva ben Yosef. Aunque deseaban entrevistarse con Domiciano para pedirle que exentara a los judíos el sobre impuesto que antes daban al Templo y ahora iba a parar al templo de Júpiter Capitolino, cosa que no pudieron hacer pues el césar no estaba en Roma, su cometido principal era instruir a las comunidades israelitas sobre las nuevas disposiciones acordadas por el Sanedrín de Yanve, del que Gamaliel era su presidente. La más sensible de todas fue una adición a la Oración de las Dieciocho Bendiciones que rezan los israelitas al iniciar su dia, al concluirlo, y en los oficios del Shabat, y que a propuesta de Gamaliel se prestó a redactar el rabí Samuel ha-Katán, de Babilonia. Tal adición tenía como cometido sujetar de una vez por todas a las diferentes expresiones del judaísmo a la férula de la Halaká o Escuela de Hilel, particularmente a los seguidores de Jesús, a los que llamaban nazarenos (nosrim), y a un sector con mayoría de judíos alejandrinos a los que llamaban herejes (minim). Tal bendición, que es una maldición o anatema, reza: "Que no haya esperanza para los apóstatas y que el reino del orgullo sea rápidamente erradicado en nuestros días; los nosrim y los minim mueran de súbito y sean borrados del libro de los vivos y no se les cuente en el número de los justos. Bendito sea el Señor que humilla a los orgullosos". Fue por esto que los seguidores de Jesús dejaron de concurrir a las sinagogas solo hasta pasados sesenta años de su muerte y resurrección; y para consolarlos Juan escribió su Evangelio, donde consigna la advertencia de Jesús de que serían expulsados de las sinagogas. El otro sector configuró el gnosticismo. Es posible que Flavio Josefo aprovechara la estancia de estos rabíes en Roma para señalarles al intrigante judío Tiberio Julio Alejandro como la voluntad que operó para que el Templo y Jerusalén fueran destruidos.

El último de estos rabíes, Akiva, era hijo de un prosélito. Humilde pastor que una vez sacada adelante su familia cumplió con la promesa que hiciera a su esposa Raquel y entró a estudiar para rabí sin siquiera saber leer y escribir. Cuando al cabo de varios años ya como rabí manifestó su opinión por primera vez en una sesión rabínica, cautivó a Gamaliel II, y a la muerte de este, lo sucedió como presidente del Sanedrín de Yavne, electo por sus colegas.

Uno de los discípulos de Akiva, el también prosélito griego Aquila de Sínope, había sido seguidor del Mesías Jesús, pero reprendido por practicar la astrología, se resintió y se hizo fariseo, entró a estudiar para rabí, y le manifestó a su maestro Akiva su interés en hacer una traducción de los Libros Sagrados al griego. Akiva se prestó a supervisarlo, y Aquila haría casi una transliteración del hebreo al griego. Esta supervisión, los trabajos del Sanedrín en esos días para establecer el canon sagrado israelita y recopilar la tradición rabínica que después coniguraría la Misná el Talmud, obrarían para que hacia el año 113 Akiva se enterara del robo de los Libros sagrados acontecido ochenta años atrás —debió conocer, cuando menos, la Declaración de José de Arimatea—, y la presunta responsabilidad de los alejandrinos, ya que eran los únicos que les habían reclamado la transcripción Masorética en defensa de su traducción Septuaginta.

Parte de la reacción consistió en censurar del Talmud toda la tradición judeoalejandrina. Está el Talmud de Babilonia y el Talmud de Jerusalén, pero no existe el Talmud de Alejandría o de Egipto, pese a que aquella diáspora era tan activa, antigua y numerosa como la de Babilonia. Así, pese a que Akiva supervisó a Aquila en su traducción, en Massakhet Soferim I: 7-10 del Talmud se censura: "Acaeció una vez que cinco (?) Ancianos escribieron la Ley en griego para el rey Ptolomeo. Este fue un día funesto para Israel, como el día en que Israel fabricó el Becerro de oro, pues la Ley no podía ser traducida según todas sus exigencias". Y respecto al día de la Fiesta en la Isla de Faros con la cual los judíos de Alejandría celebraban anualmente aquella primera vez que se leyó su Ley en griego, en Megillat Ta’anith, 50 se dice que pasó a ser "día de ayuno y duelo, para expiar el pecado cometido al divulgar la Torá en la lengua de los Goyim".

Por esos días los partos invadieron nuevamente Armenia. Trajano ya no sólo quiso reconquistar Armenia, sino que ahora también se lanzó a la conquista de Partia. Puesto que sabía que muchos partos, medos, elamitas, asirios y babilonios eran de estirpe hebrea y fe israelita que seguro lucharían al lado de los partos de parta estirpe, para proteger su retaguardia, imperio adentro prohibió el estudio de la Torá y la celebración del shabat. Y, al tiempo, ordenó a las legiones acuarteladas en el norte de África desplazarse a Arabia y conquistar el reino Nabateo para abrir un camino de abastecimiento a sus legiones desde Egipto. El propio gobernador de Egipto las encabezó y abrió camino por el sur hasta Partia, en tanto Trajano reconquistaba Armenia y proseguía por Asiria y Babilonia. Como su perspicacia le indicó, los hebreos de ese lejano oriente lucharon al lado de los partos. Para apoyar a su emperador, los griegos romanos comenzaron a atentar contra las comunidades israelitas de sus ciudades. Los israelitas, ya heridos por la prohibición del estudio de la Torá y de la celebración del shabat, no tardaron mucho en responder con respectivos atentados, singularmente virulentos en Chipre, donde Artemión y sus fuerzas mataron a doscientos cuarenta mil grecoromanos, y en la Cirenaica, donde Marcos o Andreas y sus huestes mataron a más de doscientos veinte mil, y arrasaron sus siete ciudades.

Y si pocos indicios hay de que Filón estuviera detrás del robo de los Libros, menos de que Akiva viera en la desprotección de Alejandría y en la animosidad de una de estas fuerzas rebeldes la oportunidad de vengar el robo de los Libros, y la destrucción del Templo y de Jerusalén —todas afrentas alejandrinas—, y pidiera al rebelde Marcos o Andreas dirigirse a Alejandría y, ojo por ojo, diente por diente, destruir biblioteca por biblioteca, templos por Templo, y barrios griegos por ciudad. El caso es que de las veintiséis ciudades donde se registraron levantamientos, los israelitas no se desplazaron a otros lugares para continuar sus revueltas, sólo Marcos o Andreas y sus huestes se molestaron en desplazarse hasta Alejandría, viaje de una semana por desierto a lomo de camello, y destruyeron todos los monumentos y edificios públicos entre los que se encontraban el Museo y la Gran Biblioteca, así como los templos gentiles y los barrios griegos de Alejandría.

Para ser sincero, fue una perspicacia cinematográfica, ya que un amigo crítico de cine, a quien di a leer mis disquisiciones sobre el robo de los Libros y Filón, al punto que terminó, exclamó en todo de suspense: "¿Quien habrá quemado la Gran Biblioteca de Alejandría?" Y yo, reactivo, respondí: "¡Si es cierto!" Antes me había parecido un tanto soberbio Claudio Ptolomeo al advertir que su ciencia la hacía sólo desde su empírica experiencia. Ahora comprendía que quizá lo decía porque ya no contó para ello con el acervo de la Gran Biblioteca. según se infiere de las teorías que formuló. Lo tomé como referencia y supuse que, nacido en Luxor habría llegado a Alejandría entre los catorce y diecisiete años. Indagué qué había acontecido en aquella ciudad por esos años iniciales de la segunda centuria en cuyo umbral nació, y no tardé en estar leyendo lo muy escaso que hay sobre la Guerra de Kitos.

Todavía guerreando con los partos, Trajano encomendó a Lucio Quieto hacerse cargo de los israelitas en Asia, y a Quinto Marcio Turbo hacer lo propio en África. Lucio Quieto avanzó a tierra arrasada. Exterminó a los judíos en Chipre y dictó que, ni por causa de naufragio pudiera un judío tocar costa chipriota. Por sus triunfos, Trajano lo nombró senador, gobernador de Judea y cónsul, perfilándolo como su sucesor. En cambio, Quinto Marcio Turbo lo más que pudo fue apresar judíos a ciegas, y confiscarles sus bienes para pagar con éstos las destrucciones en Alejandría y Cirene, pues Marcos o Andreas y sus huestes se habían esfumado. Se supone que huyeron a Judea, donde se encontraba Akiva. Otro frágil indicio. Eusebio de Cesárea apunta que esta guerra adquirió "indecibles proporciones". Y así parece, contando sólo con los datos de los estropicios de Artemión y Marcos o Andreas, la genérica reacción romana, y el recuento de ciudades, aportados por Eusebio de Cesárea, Dion Casio y el Talmud, donde se le llama la Guerra del Exilio. No hay mas. ¿Cómo pudo ser que una guerra que, por el territorio que abarcó, las naciones que implicó, y las destrucciones y muertes que ocasionó, en proporción equivalente a una guerra mundial, no fuera pormenorizada en los informes imperiales y en los anales por algún historiador antiguo?

Pero, ¿por qué señalar a Akiva? De nuevo estamos ante un hecho delictivo cuyo autor bien se guarda de hacer alarde. Sin embargo, ¿a qué personalidad habría obedecido Marcos o Andreas para emprender con sus huestes ese viaje por el desierto y atacar Alejandría? A aquélla a la que cualquier comunidad israelita le reconociera autoridad. Y esa personalidad era Akiva, nadie más. Antes y durante la Guerra de Kitos, Akiva mostró una actitud de dignidad al violar el decreto de Trajano instruyendo en la Torá en plaza pública. El indicio de su actuación a trasmano sólo lo tenemos de forma indirecta cuando, en la Tercera Guerra Judeo Romana, propone a los judíos al líder rebelde Bar Kosiba como mesías al renombrarlo Bar Kokba (hijo de estrella).

Respecto a la Gran Biblioteca, la última mención que se hace de ésta en operación la escribe Suetonio al consignar en la Vida de los 12 césares que Domiciano (81-96 d.C.) “envió a Alejandría una comisión para sacar esmeradas copias o corregir los textos”, a fin de reponer los de las bibliotecas que mandó restaurar en todo el Imperio. Pero cuando la Historia Augusta refiere la estancia de Adriano en Alejandría, dice que visitó el Museo y departió con sus sabios, pero no que visitara la Gran Biblioteca, y este es un indicio cierto de que ya no existía la Biblioteca, pues esta Historia es escrita por encargo de Adriano, que gustaba ufanarse de su cultura griega, entre otros muchos alardes. No habría permitido tal omisión. También llama la atención el silencio de Suetonio sobre la destrucción de la Biblioteca, pues con Trajano fue encargado del Archivo Imperial y superintendente del las bibliotecas públicas del Imperio.

Los alejandrinos todavía recopilaron manuscritos con los que reabrieron el Serapeo, que finalmente fue destruido por el Califa Omar hacia el año 642, el cual, por otro lado, construyó la Mezquita de la Cúpula de la Roca ahí donde antes se levantó el Templo de Jerusalén.

De cómo el inicio de la Edad
Media se anticipó 360 años

El concepto cosmopolita, apenas sugerido por Platón y Sócrates, lo usa explícitamente el cínico Diógenes de Sínope, más para evadir su responsabilidad ciudadana, que para hermanarse con otros hombres y pueblos. Crísipo lo circunscribe a quienes viven en armonía con el cosmos, y los estoicos romanos —Séneca— lo figuran como la ciudadanía de todos los seres humanos en virtud de su racionalidad.

Alejandro Magno conquista naciones, les impone su lengua y su cultura. Los griegos desdeñan las culturas sojuzgadas. El Macedonio se casa y casa a sus generales con princesas persas, y la voluntad postrera que transmite a sus generales es ir a la conquista de Iberia para mezclar a iberos y persas, y estos con griegos. En lo cultural y en lo racial busca la homogeneidad, no el respeto a la diversidad que sí en cambio practicaron los romanos que imperaron. Augusto les concedió a los israelitas un estatuto que les permitió guardar el shabat, estudiar la Torá, no rendir culto a los dioses romanos y al emperador, ni aportar a esos cultos, en especie o en metálico. Absorbidos por Roma, los griegos siguieron practicando sus ritos y los egipcios el culto a sus dioses y a los muertos. E incluso Roma adoptó a algunos dioses de los griegos y de los egipcios. Pablo de Tarso apela a su ciudadanía romana para no ser juzgado por el Sanedrín, y los Romaní así se designan por el orgullo que les depararía a los gitanos que se les reconociera como ciudadanos romanos. Eso pretendieron los germanos también. El cosmopolitismo entrevisto por los griegos, tiene un tipo de realización funcional con los romanos.

Las conquistas romanas aseguraron a los pueblos conquistados el relativo respeto a sus costumbres, pero no los hermanaron. Esto es lo que vino a proponer el cristianismo. El término católico (universal) lo define como el culto único que puede adoptar cualquier persona de cualquier latitud, raza, cultura y lengua, ante los cultos superpuestos que diferenciaban y separaban a cada familia, tribu, ciudad, pueblo y nación, y hermana a quienes lo asumen. Por lo novedoso de su propuesta, el cristianismo se extendió rápidamente, concluye Fustel de Coulanges en La ciudad antigua, pero también porque tuvo como vehículo la lengua koiné impuesta a multitud de pueblos por los griegos, y las vías romanas, que agilizaron el desplazamiento de los predicadores, apostilla Arnaldo Momigliano en La sabiduría de los bárbalos. Los límites de la helenización.

Aunque conquistó amplios territorios, Trajano no regresaba a Roma victorioso. Con los partos debió negociar, y los israelitas le habían causado más bajas y destrucciones que las que sufrió en su fracasada conquista de Partia, y todavía no los sometía del todo. Prepararía un informe sombrío a Roma, confiando que su trayectoria como buen gobernante le atrajera la indulgencia, pero muere en Selinus, Cilicia, hoy Gazipaga, Turquía, cuando retorna desde Partia a Roma. Con él están su esposa Plotina, y Adriano. Plotina falsifica el testamento de Trajano y Adriano sale ya césar de la tienda.

Adriano sabía que le disputaba el trono a Lucio Quieto, y supuso que su sino dependía de que se mantuviera incólume la fama de Trajano, que "lo había adoptado". Intercepta en Judea a Lucio Quieto, lo envía a Roma y allá es implicado en un complot junto con los generales y senadores Palma, Celso, Nigrinus y Lusius, también enviados a Roma, y son ejecutados por Atilio Aciano, enviado por Adriano con anterioridad para gobernar Roma mientras él terminaba de pacificar a los judíos en Cananea, y con esta secreta encomienda que Adriano nunca reconoció. Después compró el silencio de Suetonio al confiarle la correspondencia imperial; y la pluma de Plutarco de Queronea, primer sacerdote del Oráculo de Delfos, el cual retrotrajo la pérdida total de la Biblioteca de Alejandría a la conflagración del almacén portuario ocasionado por Julio César al incendiar la flota egipcia. Adriano no retornó a Roma luego de pacificar a los judíos al prometerles que los dejaría reconstruir Jerusalén y el Templo. Abandonó Mesopotamia conquistada por Trajano y se quedó en Oriente para replegar y asegurar las fronteras. Posteriormente fue a supervisar las fronteras con Dacia y Germania. Ahí ordenó derribar el Puente Trajano que cruzaba el Danubio —hecho adjudicado también a Aureliano (270-275)—, construido por Apolodoro de Damasco. Después se desplazó a Occidente donde supervisó la edificación de una muralla con fortificaciones que dividió Bretaña en dos, para proteger los territorios caledonios conquistados (122-132).

Apenas termina esta muralla, regresa a Oriente para evitar una nueva guerra con los partos (132), y debe enfrentar la Tercera Guerra Judeorromana (132-135), provocada por incumplir su promesa de dejar a los judíos reedificar el Templo y Jerusalén, y en lugar de esto ordenar la construcción de una ciudad romana, Aelia Capitolina, sobre las ruinas de Jerusalén. Esta guerra lo entretendrá tres años en Oriente y concluirá con la expulsión de los judíos de su tierra, bajo pena de muerte. De este modo Adriano siempre tuvo motivo para estar lejos de Roma y así eludir al Senado y evitar que Roma conociera las catástrofes sobre las que se erigió emperador. Sólo hasta su informe sobre la Tercera Guerra Judeorromana, en la que ocupó doce legiones, dada la ruinosa victoria en su informe al senado omitió el saludo habitual: "Yo y las legiones estamos bien".

Con la pérdida de la Gran Biblioteca de Alejandría, el helenismo perdió vigor y entraron en declive las prácticas de la filosofía, de las ciencias, y de las artes; y con el cierre de fronteras llevado a cabo por Adriano, Roma abandonó el cosmopolitismo que la había hecho imperio estable. De forma más precisa es esto lo que marca el inicio de la Edad Media, y no la caída del Imperio Romano a manos de los germanos trescientos sesenta años después del incendio de la Biblioteca. Por la pérdida de la Gran Biblioteca los germanos no se pudieron helenizar como lo hicieran los romanos, sino hasta que las obras griegas fueron traducidas del persa y del árabe, se conocieron, y gestaron y alumbraron el Renacimiento.

Cerradas sus fronteras, Roma se ensimismó. De modo que cuando los germanos desplazados por las conquistas de Atila quisieron guardarse en sus territorios, Roma se los negó. Con este fin los germanos adoptaron el cristianismo, pero Roma persistió en su negativa, de modo que los germanos la invadieron. Para entonces ya los césares, los augustos, los cónsules, los generales y los gobernadores se comportaban como señores feudales, cada cual atrincherado en su feudo. Al adoptar el feudalismo los germanos creyeron adoptar el sistema político de la Roma clásica, pero estaban equivocados.

No muy diferente pasó respecto a la adopción del cristianismo. Cuando los emperadores Constantino, (de Occidente) y Licino, (de Oriente) decretaron la libertad religiosa mediante el Edicto de Milán (313), muchos romanos interpretaron que el emperador se hacía cristiano; luego entonces, que el cristianismo pasaba a ser la religión de Estado, y que, en consecuencia, había que adoptarlo. Esta creencia se acentuó debido a que, ya como gobernante del Imperio unificado, Constantino sentenció los consensos conciliares de Nicea (325), pero su interés hacia el Concilio estaba cifrado en que terminasen las pugnas doctrinales que no pocas veces llegaron al derramamiento de sangre. En ese sentido era un asunto de Estado. También obraron para el mal entendido la activa profesión de fe de su madre Helena, el sueño en el que se le dijo que bajo el signo del crismón triunfaría, y que donara al Papado el Palacio y la Basílica de la familia Letrán, que lo hizo su sede. Sin embargo, Constantino sólo se bautizó hasta su lecho de muerte en el 337. Pero el malentendido estaba dado y en los territorios de Roma convertirse al cristianismo fue la moda, de hecho la palabra moda tiene su origen ahí, en ese entonces y por esa razón. También la palabra pagano, que originalmente denominó al habitante del pago o campiña, se comenzó a usar para señalar a quienes se resistían a la moda de hacerse cristianos, en su mayoría campesinos. De este tipo de cristianos tomarían ejemplo los germanos que adoptaron el cristianismo al suponer que así serían aceptados por Roma.

Como a los griegos a los que Pablo predica en Atenas, a los germanos no les cupo el Hombre Dios derrotado y crucificado, y salpimentaron con sus rústicas fantasías vindicativas los escritos desprotegidos por haber quedado fuera de canon. Y se hizo la oscuridad.

Así las cosas, el oscurantismo medieval no es un subproducto del cristianismo, sino una consecuencia de que, por la pérdida de la Gran Biblioteca, los germanos no se pudieran helenizar como antes lo hicieran los romanos, sino hasta el Renacimiento. Los germanos no actuaron como actuaron por haber adoptado el cristianismo, sino por su propio temperamento. Como tampoco los latinos de esa época tardía se hicieron livianos por adoptar el cristianismo, más bien livianamente lo adoptaron.

Por obvias razones, los primeros cristianos repudiaron a los ídolos de los griegos y romanos, y, en cuanto judíos, repudiaron las imágenes, pero las Cartas de Pablo son buen ejemplo de lo abierto que estuvo el cristianismo en sus orígenes a la filosofía, al grado que el Apóstol de los gentiles impele a "dar razón de nuestra fe". No hay ironía en que Rafael pintase La escuela de Atenas en una de las estancias vaticanas. Ligeramente se señala al obispo Cirilo de Alejandría como el que azuzó a la turba que asesinó a Hipatia. Ciertamente los filósofos fueron vistos como paganos por cuanto siguieron rindiéndoles culto a sus dioses, pero no así por la práctica de la filosofía y de las ciencias. Sinesio de Ptolemaida solía remitirle sus escritos a la sabia alejandrina para que los revisara y opinara. Pervive una de sus misivas. Fue la antes dicha ligereza grecorromana la que provocó que la filosofía languideciera y a la postre se apagara. Cuando Justiniano (529) cierra la Escuela de Atenas creada por Platón —y ya señalé qué tipo de cristianismo rehén operaba— Isidoro, Damascio, Simplicio y otros filósofos, casi respiran aliviados al tener un pretexto para dejar Atenas ya abandonada a la molicie, y emigran a Persia atraídos por la fama de filósofo del rey Cosroes, llevándose consigo la ingente cantidad de escritos que a los grecorromanos ya no les interesaba leer, y que allá se tradujeron al persa. Fiasco se llevaron por la ligereza de Cosroes, y, alicaídos, retornaron a Atenas para ya no profesar, dejando en Persia los texos griegos y latinos que allá llevaron.

Los Sellos y los Tiempos

En estricto sentido la Sábana y el Sudario están sellados con el cuerpo de Cristo, y parecen representar los sellos del Libro que sólo puede abrir "un cordero como degollado", mencionados en el Apocalipsis, ya que sucesos alrededor de estos mantos coinciden con hitos de la Historia Universal:

En el año 525 es hallada la Sábana en Edesa. Ese año Dionisio el Exiguo calcula las Pascuas transcurridas desde la Pascua de Cristo, y, sumados los 33 años de vida de Jesús, quedó establecida la era cristiana: a.C/d.C.

En el año 1000 la reina Sancha y el Cid Rodrigo Díaz de Vivar abren en Oviedo el Arcón, y consignan la existencia del Sudario. Ese año, en China, es inventada la pólvora, que cambiará las condiciones de la guerra.

En el año 1453 Luís de Saboya adquiere la Sábana de Margarita de Charny, a cambio de un castillo y de un estado feudal. Ese año cae Constantinopla a manos de los turcos otomanos, que, gracias a la pólvora, logran abrir su infranqueable muralla que había resistido mil años al enemigo. Ese año Gutemberg imprime el primer libro: la Biblia, y marca el inicio del Renacimiento.

En el año 1946 la Sábana retorna a Turín luego de permanecer siete años oculta en Montevergine para protegerla de las pretensiones nazis. Ese año tienen lugar los Juicios de Niuremberg, se crea la ONU, una de cuyas primeras resoluciones es la partición del protectorado británico en un Estado árabe (Palestina) y otro hebreo (Israel), y un beduino encuentra los primeros Manuscritos de Qumrán.

Entre el año de la muerte de Jesús y el año 525, cuando es hallada la Sábana hay 492 años. Una cifra muy próxima a los 490 años de las setenta semanas prometidas a Daniel, para el advenimiento del Mesías. Esto podría indicar que si los años de esos hitos se proyectan hacia atrás a partir de la Pascua de Jesús, posiblemente señalen otros hitos, y así adquiere todo su sentido la expresión de Pablo: "En la plenitud de los tiempos":

525–33=492–33=459 a.C.: El rey persa Darío permite que los israelitas retornen del exilio y que Zorobabel construya el Segundo Templo.

1000-–33=967–33=934 a.C.: Salomón construye el Primer Templo.

1453–33=1420–33=1387 a.C.: Revelación de la Ley a Moisés en el Sinaí.

1946–33=1913–33=1880 a.C.: Dios promete a Abraham bendecir por su medio a todas las naciones, por su disposición a sacrificarle a su hijo Isaac.

Además, a estos mantos parecen aludir el Apocalipsis con los "dos testigos vestidos de sayal" (11:3), e Isaías al profetizar: "Porque toda bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en sangre, serán para la quema, pasto de fuego" (9:4). Y así como Moisés destruyó las Tablas de la Ley al ver que el pueblo idolatraba al becerro de oro, estos mantos en los que está escrito el nuevo mandamiento de amor, podrían ser destruidos al empecinarse el hombre en sus idolatrías.

 

Morelia, Michoacán, México
Primera edición: 26 de noviembre de 2006
Segunda edición: 25 de febrero de 2009
Tercera edición: 24 de octubre de 2010
Cuarta edición: 7 de diciembre de 2014

 

Agradecimientos

Miguel Emigdio Félix Meléndez (México)
Perla Ramos de Mazariegos † (México)
José Antonio Duch Manzano (México)
Dorothea Link (Alemania)
Richard Faenza (Malta)
Guido Rojas (Colombia)
Liliana Gómez (Colombia)
Fernando Miguel García Irízar (Cuenca, España)
Gloria Polo (Colombia)
Rodolfo Hernández Rodríguez (Washington)
Luigi Battistini (Perú)
Rodolfo Vera Hernández (México)
Rodolfo Hernández Labastida (México)
Ramón Hernández Labastida (México)
Fernando Izquierdo (Málaga, España)
Miguel Alejandro García Jaramillo (México)
Demetrio Olivo Fernández (México)
P. Antonio López (Jerez de la Frontera, España)
Teodomiro González Garrido (Cádiz, España)
P. Manuel Ignacio Gallardo Simeón, (Trebujena, España).
Mercedes Ferrer (Barcelona, España)
A los creadores de la Internet, Google, Wikipedia y Proyecto Prometeo, recursos invaluables.
A los inopinados colaboradores de las fuentes consultadas.

 

Fuentes consultadas

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Ash, Mimi. “Rollos del Mar Muerto”. Excavaciones bíblicas. Descifrando los manuscritos del Mar Muerto. Investigación: Mimi Ash, Guión: Daniel Cohen y Nissim Mossek. Director: Nissim Mossek. Sharon Schaveet Biblical Productions.

1. La opinión consensuada

1.1. URL: http://www.youtube.com/watch?v=LKXRdLCQtgs

1.2. URL: http://www.youtube.com/watch?v=JCrAOmv3m8c

1.3. URL: http://www.youtube.com/watch?v=8fDIKkGfppw

2. Discrepancia con la opinión consensuada

2.1. URL: http://www.youtube.com/watch?v=klG20o0yby8

2.2. URL: http://www.youtube.com/watch?v=b6rA7-4Nk6w

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Documentos

 

Bíblicos

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Relatos de un peregrino ruso

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Milagros Eucarísticos (externa)

Ciencia

Pierre Barbet. Un cirujano en el Calvario

Recuento de los sufrimientos de Jesús

Informe del médico José Suárez Lledó Alemany (pdf)