Epílogo05/06/2009inicio|anterior|siguiente
Expuesto este triple estudio y rendidas sus conclusiones, exteriorizo mi punto de vista desde la fe que profeso y que es el motor que me movió, sin tener por ello que renunciar a la razón y a la lógica, antes bien, empeñado en satisfacer sus exigencias, tal como considero que han sido satisfechas:

Al concluir el estudio y preparar su publicación, meditaba sobre cómo estas sagradas telas sugieren a los dos testigos del Apocalipsis: “Pero haré que mis dos testigos profeticen durante mil doscientos sesenta días, cubiertos de sayal” (11,3). Entonces Dios puso ante mis ojos esta profecía: “Porque toda bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en sangre serán para la quema, pasto del fuego” (Is 9,4). Así, comprendí el riesgo que representa a estos dos testigos testificar, pero aun el destino de estas santas reliquias entra dentro de los providenciales designios de Dios. Está escrito.

Y así como al bajar del Sinaí, Moisés, airado, destruyó las Tablas de la Ley grabadas por Dios al ver que los israelitas se habían hecho un becerro de oro que idolatraban, estas dos telas en las que está grabado por Dios a sangre y fuego el Nuevo Mandamiento: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”, podrían sucumbir a la ira divina ante el idolátrico hedonismo de la humanidad, en otros tiempos cristiana, que hoy lo desdeña con fanfarrona y blasfema altanería –humanidad que por eso también sería destruida–. Al respecto hemos sido avisados por la Virgen María en Garabandal; aquí, la entrevista a Conchita González, una de las videntes. Aún es tiempo de, convertidos, acogernos a Su Misericordia.