![]() | Las catacumbas eran usadas como sepulcros y como eventuales refugios por los menesterosos antes de ser usadas por los cristianos para ocultarse de las persecuciones. Luego de salir de Capri –donde Tiberio ha sido asesinado y Calígula toma el poder y le reintegra la Sábana–, a su paso por Roma Verónica pinta a Jesús en la catacumba de san Marcelino y san Pedro, en un posible momento de prédica a eventuales contertulios –habrá preferido pintarlo (nueva violación a la Ley de Moisés) ante la insistencia de sus interlocutores por saber cómo era Jesús, que volver a mostrar la Sábana que recién ha recuperado–. La pintura de Jesús es muy clara: Jesús mira su entorno sin fijar la vista. Verónica ha captado el momento en que Jesús se detiene, voltea y pregunta: ¡¿Quién me ha tocado!? Quizá ya por segunda ocasión –frunce el ceño acaso por la impertinencia de Pedro, quien lo cuestiona cómo pregunta si ha sido tocado cuando todos alrededor lo tocan por la aglomeración que ocasiona su sola presencia–. El gesto señala cómo Jesús ha sentido la fuerza morbosa que lo acomete y la fuerza virtuosa que sale de Él. Es el instante posterior en que ella ha sanado de hemorroides al tocar la orla del manto de Jesús. |