¡Rescaten el Sudario!22/05/2009inicio|anterior|siguiente
La pintura que hasta ahora se ha creído que refiere la leyenda del rey Abgar es la última pista y un testimonio valiosísimo de la historia de La Verónica: El manto en las manos de “Abgar” es del tamaño y la proporción del Sudario, la Faz está inclinada, como las manchas que en éste aparecen, y tiene flecos, es decir, está deshilado. Si lo que se quería era explicar la aparición de la Sábana en Edessa, ¿por qué el registro iconográfico se corresponde al Sudario, que no estuvo en Edessa, y no a las propiedades de la Sábana, que además no tiene flecos o no está deshilada? ¡Porque Verónica estuvo en Edessa! Que el hombre tome el Sudario con una tela gruesa, indica que no es armenio, sino judío, pues lo toma mediante otra tela para no contaminarse, lo que a su vez indica que el manto que sostiene es mortuorio. Esto también revela algo insólito: la identidad judía del artífice, pues los judíos tienen vedado representar, pero ese detalle sobre la pureza sólo pudo haberlo considerado un judío.

Avisada por su naturaleza de que su muerte está próxima, Verónica recurre al rey Abgar –si Tito, rey de Aquitania, había acudido a Jerusalén, y el mismísimo emperador Tiberio había enviado un emisario para arrebatársela, no iba a dejar la Sábana con cualquiera–, y le pide atesorar la Sábana, explicándole su contenido, y enviar a alguien para que rescate el Sudario. Y con esa alma de artista que sólo puede desfogar hacia el final de su vida y fuera de Jerusalén, se lo grafica a modo de códice para salvar las fronteras del lenguaje. ¿Rescatarlo? Sí, de las manos de un judío que seguramente se desharía de él al ser un manto mortuorio, si en nombre de Verónica no iba alguien a Jerusalén a pedírselo a un hombre como el de la pintura que respondía al nombre de Nicodemo. El gesto del muchacho es de solicitud; el del hombre, de restitución.