Verónica se embarca a Roma22/05/2009inicio|anterior|siguiente

Continuando con la narración de Vindicatis Salvatoris, “Verónica decide abandonar cuanto poseía por el amor de Cristo” y sigue a Velosiano, quien la interroga sobre lo que busca o quiere:

“Y ella contestó: ‘Busco la faz de Nuestro Señor Jesucristo, que me ha iluminado no por mis merecimientos, sino por su piadosa misericordia. Devuélveme la imagen de Nuestro Señor Jesucristo, porque me mata el dolor de no tenerla. Si no me la devuelves, yo no te abandonaré hasta que no vea dónde la has depositado, pues quiero, miserable de mí, servirla todos los días de mi vida. Porque creo que es mi redentor, y que vive en la eternidad’ (5,32).”

Velociano la acoge en su comitiva que parte ese mismo día y que entregará en Roma a Pilato y a varios jefes judíos, embarcados antes rumbo a Damasco. Vespasiano y Tito se quedan en Jerusalén.

De acuerdo al argumento que hemos esgrimido respecto al por qué de tal anillo, a Velosiano se le presenta aun la oportunidad de presentar ante Tiberio a la mujer que preservó la Sábana, de ahí la facilidad con la que la acoge en la comitiva.

Al concluir, Vindicatis Salvatoris narra que Tiberio recupera la salud al postrarse ante la Sábana y pide ser bautizado e instruido por Nathan; Pilato es ahogado en el Tíber y los jefes judíos son vendidos como esclavos a treinta por moneda.

No era común que viajaran mujeres; menos en un navío oficial. La travesía de meses entre soldados y galeotes habrá sido un martirio para Verónica.