En tales circunstancias y siendo un asunto de Estado, representar al emperador era, más que un honor, la forma más segura de acabar en el cadalso, tal como le sucedió a Sejano, quien condenado por Tiberio por alta traición, fue dado su cuerpo a la plebe para arrastrarlo por las calles de Roma y exterminada su familia.
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Es así que Velosiano procede con finísima y perspicaz prudencia para conjurar cualquier sospecha y comprobar ante la fiscalizadora mirada del paranoico y cruel Tiberio, su fiel representación y el cabal cumplimiento de la encomienda. De manera que, recién desembarcado en Judea, se hace de un anillo con el que pudiese ostentar la representación que lleva, pero a la vez, y dado el caso, confirmase su estancia en el lugar al que ha sido enviado.
| ¿Y qué mejor que un anillo que tuviera engarzada una moneda acuñada en la ceca de Banias, en las faldas del monte Hermón, en y para la provincia romana de Cesárea Filipa, y que por ser del más humilde artificio y de la denominación más baja, a nadie le interesara sacarla del territorio donde se usaba, y por tanto fuera casi imposible hacerse de ella fuera esa jurisdicción?
De esta manera tan original y en verdad magistral, Velosiano hace la mínima ostentación de la representación que lleva ante los demandantes de su presencia y ante los residentes de Cesárea Filipa, y le procura las máximas seguridades al emperador Tiberio; es decir, a sí mismo. |