Las inscripciones en latín, griego y hebreo descubiertas, unas, por el QFB Piero Ugolotti y el paleógrafo Aldo Marastoni, de la Universidad de Milán, y otras por los expertos en óptica André Marion y Anne Laure Couragey, del Instituto de Óptica Teórica y Aplicada de Orsay, en el lado de la Sábana donde no hay imagen, alrededor del Rostro, y de las cuales se han reconstruido frases y palabras sueltas: “yo atestiguo” o “yo certifico”, “Sombra de Rostro”, “Nazareno muerto” o “Nazareno condenado”, “Tiberio” y “Adán”, conforman el solemne juramento de Velosiano a Tiberio, atestiguado por tres testigos de alto rango, diferente nacionalidad y continente: Tito, rey de Aquitania, africano; Nathan (“Adán”), embajador judío, asiático, y el jefe militar romano Vespasiano, europeo. Hay al menos cuatro razones de que las inscripciones se corresponden al juramento, y no al proceso funerario, como sus descubridores creyeron: 1. El texto histórico que la refiere. 2. Fue solemne. La cultura latina primó lo escrito sobre lo verbal. 3. La Resurrección de Jesús se había convertido en un asunto de Estado, según el informe de Pilato, la propagación del hecho hasta el rey de Aquitania y la presencia de Velosiano en Jerusalén. 4. Velosiano se jura al Emperador, y a la vez, certifica la autenticidad de la impresión, protege la Sábana de suplantaciones y la incorpora al acervo imperial. |
| De esta manera, la Sábana ostenta la certificación sobre su autenticidad, realizada por el emisario del Emperador, no más allá de cinco años luego de la Resurrección, |