| Los únicos que dieron crédito a La Verónica fueron José de Arimatea y Nicodemo –los dos que, junto con ella, dieron sepultura a Jesús–, según se deduce del libro La Venganza del Salvador (Vindicatis Salvatoris) o Historia de la curación del emperador Tiberio, el cual confirma que fue Verónica quien preservó los mantos mortuorios de Jesús. Este libro es un anexo del Evangelio de Nicodemo o Actas de Pilato, el cual refiere, además del Juicio a Jesús, su muerte, sepultura y Resurrección, los intentos de los sacerdotes por acallar la Resurrección de Jesús; cómo Pilato les exige que le digan la verdad y cómo éstos reconocen que hay indicios de que Jesús es el Mesías prometido y esperado; entonces Pilato escribe a Tiberio advirtiéndole de la falsedad de la versión difundida por los sacerdotes de que el Cuerpo había sido robado por los discípulos; que según los testimonios recabados, Jesús había Resucitado y Ascendido a los cielos. Vindicatis Salvatoris narra cómo, en su travesía, la barca de Nathán, embajador judío que lleva a Roma el pacto entre su pueblo y el imperio, es arrastrada al norte de África, donde en la ciudad libia de Burdigalla le predica a Tito, rey de Aquitania, luego de que éste lo abordara en busca curación; y cuando lamenta la muerte del Salvador que lo habría podido curar, queda sanado de una llaga en el rostro y pide ser bautizado. | En gratitud, Tito jura vengar la muerte redentora; avisa a Roma sobre sus razones e intenciones y acomete Jerusalén con Vespasiano. Apresado Pilato y advertidos por José de Arimatea y Nicodemo de que Verónica tiene la tela mortuoria con la efigie de Jesús, mandan emisarios a Roma pidiendo la presencia de Velosiano, a quien el emperador Tiberio envía a Jerusalén, encomendándole castigar a quienes dieron muerte al Mesías, y de regreso, traer a alguien que lo cure de lepra de entre los seguidores del Cristo. (Que el rey Tito pidiera la presencia de Velosiano señala que éste ocupaba el puesto equivalente a Canciller imperial. Y que Tiberio enviase a Velosiano, indica que había leído el informe de Pilato.) En Jerusalén, Nicodemo y José de Arimatea le confirman a Velosiano que Verónica resguarda el manto que envolvió el cuerpo de Jesús, y aunque ella lo niega, cede a la violencia y muestra la Sábana: “Y viéndola, Velosiano, se prosternó en tierra y, con fe sincera y corazón encendido, la tomó, la envolvió en una tela dorada, la cerró en una caja, y la selló con su anillo. E hizo un juramento: Por el Dios vivo y por la salud del César, que no verá su faz nadie hasta que vea yo la de mi señor, Tiberio” (5,29). |