Los mantos mortuorios eran objetos que transmitían impureza. Tal era la Ley que hasta los objetos manchados con sangre del difunto, con su cuerpo se sepultaban. Y preservarlos habría sido considerado idolatría. Esto hace que se descarte a los fieles a la Ley: María, los Apóstoles, y las otras mujeres. Los mantos mortuorios de Jesús los debió rescatar un gentil o un proscrito. En cambio, Verónica tenía una relación laxa con la Ley, muy entendible: al presentársele el flujo de sangre, tuvo que abandonar al esposo, si era casada; y con él, a los hijos, e ir a vivir fuera de la ciudad, en donde nadie la visitaría porque su sola cercanía acarreaba impureza. Tras 12 largos años, estaba tan ávida de contacto humano y social que arriesga su vida. Tocar a persona pura le implicaba pena capital por transmitir deliberadamente impureza. Jesús siente la fuerza curativa que sale de Él, mas también habrá sentido la fuerza morbosa del mal. Se detiene y pregunta: “¡¿Quién me ha tocado?!” Verónica siente hundirse el piso bajo sus pies, mas la alivia escuchar que Pedro le quiere hacer ver a Jesús lo absurdo de la pregunta cuando una multitud se arremolina a su alrededor; pero Jesús repite la pregunta, espera, y ella tiene que dar la cara: “Yo, Señor”, dar cuenta de su mal: un flujo de sangre por 12 años ya, y la razón de su acción: “pensé que con sólo tocar la orla de su manto sanaría”. Está en evidencia. Jesús no sólo la perdona por transmitirle su impureza sino que | deja que le robe la salud: “Vete, mujer, tu fe te ha salvado”. A otros tocaría Verónica al abrirse paso para llegar hasta Jesús, pero ya nadie la reprochó y lapidó por haberle también transmitido su impureza. Mas en la Vía Dolorosa Verónica actúa a la inversa: arriesga la vida social por auxiliar a Quien le había dado salud y recibía una inmisericorde golpiza. Se conduele y se vuelve proscrita por el Proscrito. Luego de la Resurrección aun apostará su fama al rescatar del Sepulcro todos los objetos relacionados con Jesús.
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