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• | Es el manto de La Verónica con el cual enjugó el rostro de Jesús rumbo al Calvario. Contiene las huellas de un golpe y del arrebato de la tela durante la primera aplicación, en la Vía Dolorosa. La huella de esa mano coincide con la que sujetó el pie izquierdo para clavarlo, impresa en la Sábana. Fue usado en forma sistemática y metódica como auxiliar para no tocar el cuerpo de Jesús, de acuerdo a la Ley de Moisés. Las huellas de la mano de La Verónica están asociadas a la disputa por el Sudario con un soldado, no a la manipulación del Cuerpo, durante la cual, Verónica, aunque ya impura, habría cumplido los preceptos. Ambas telas sirvieron para dar sepultura al mismo Hombre, martirizado, que por el tipo de proceso funerario que se le dio, y la filacteria, era un judío y fue sepultado por judíos. Las aplicaciones describen a detalle el proceso funerario de Jesús: contención de fluido por la lanzada, retiro de la corona de espinas, asimiento con arnés, descendimiento, traslado y depósito, cerrado de ojos, acomodo y honras fúnebres. Contiene las huellas de las heridas de los clavos y de la lanzada, así como las de las espinas de la corona. Con éste se realizaron un total de 23 aplicaciones, nueve de ellas al rostro de Jesús, coincidiendo en todos sus rasgos con los del Hombre de la Sábana: arcos superciliares, barba, cabello y peinado, pómulos, frente, tamaños de boca y labios, además de las manos. Para hallar seis de las ocho aplicaciones al Rostro, la huella de la herida en forma de “3” que ostenta en la frente el Hombre de la Sábana fue fundamental. Las huellas refieren la inmediatez y rapidez con que fue sepultado Jesús. Contiene las huellas del traslado de los objetos cuyas huellas han sido halladas a los lados del Cuerpo en la Sábana, así como las huellas del asimiento de objetos para su compilación y acomodo. Las huellas de las heridas de los clavos en el Sudario y la Sábana, y de pies y piernas en la Sábana, indican que Jesús sufrió esguince y dislocación de tobillo derecho y esguince de tobillo izquierdo, lo que provocó que perdiera el dominio de sus pies antes de pasada una hora. Al respirar por dos horas soportó su cuerpo con el sólo brazo izquierdo; se abrevió su estancia en la cruz, pero fue más penosa. El Sudario confirma lo que la Sábana sugiere, y la Sábana confirma lo que el Sudario sugiere, lo cual hace que el Sudario y la Sábana queden indefectiblemente vinculados. Continúa la Tercera Parte: “La Verónica” |