Un acercamiento a la huella del puño en el Sudario permite advertir que a la mano le faltaba el dedo medio. Las únicas huellas humanas que aparecen la Sábana, ajenas al cuerpo de Jesús, son las de unos dedos en la región de la planta del pie izquierdo, bajo el talón, que, en apariencia, se quedaron con la sangre de la superficie que tocaron, lo cual vincularía la huella al sepelio. Pero el ángulo excesivo entre los dedos, cuyos extremos casi se tocan, indica que la mano ejercía presión sobre el pie para obligarlo a girar; y el similar tamaño de los dedos nos indica que son el índice y el anular, pues sobre el talón aparece el perfil del pulgar, y en el arco, el perfil del meñique, éste sí en concordancia de ángulo con el anular, por lo que esta mano carecía del dedo medio. Es, por tanto, del soldado que golpeó a Jesús y arrebató el Sudario a La Verónica. La sangre corrió hacia la planta del pie a través de la mano mientras los pies eran clavados, y dejó de correr hacia la planta al separarse la mano una vez clavados los pies, tomando un cauce natural por el empeine torcido, por lo que estas huellas no se borraron con el correr de la sangre durante el tiempo en que Jesús permaneció en la cruz. Esta huella indica, además, que la operación fue realizada con Jesús acostado, no de pie, pues la sangre no habría corrido por la mano hacia la planta a la altura del talón, de haber estado ya Jesús colgado, clavadas las manos al patíbulo en la cruz, según postula una teoría. Lo anterior nos informa, a su vez, que el stipes y el patíbulum de la cruz no estaban separados, sino que desde su construcción fueron unidos, de forma que Jesús tuvo que cargar la cruz completa. Y esto a su vez nos señala que las laceraciones de la espalda fueron provocadas por el deslizamiento de ésta sobre la cruz, cada vez de Jesús se elevaba para poder respirar, no por la carga del patíbulum, pues fue el stipes el que quedó sobre el hombro lacerado y luego luxado, quizá por ese mismo peso durante la tercer caída, por lo cual los soldados reclutarían a Simón de Cirene para que la cargara en el tramo final. | ![]()
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Lo anterior lo confirma que Jesús usara su mano para cubrirse del golpe y para desensartar las espinas o impedir que se ensartaran en el Sudario, pues de haber cargado sólo el patíbulo, se le hubiesen atado a éste los brazos, y no habría podido haber usado las manos. | |