Las pinturas en la capilla de Nuestra Señora de los Palomares, en Trebujena , y en la Catedral de Jerez de la Frontera , traslucen el carácter ingenuo del original pintado por Hanan, archivero del rey Abgar, que posiblemente fuera sustraído de Constantinopla durante el saqueo perpetrado por miembros de la IV Cruzada, y llegado a España, vuelto a robar a principios del Siglo XIX por las fuerzas francesas que apuntalaban el régimen de José Bonaparte.

En la era paleocristiana a Jesús se le representó como romano: imberbe y togado. Esto sugiere lo tardío de tales representaciones, acaso porque los primeros cristianos heredaran del judaísmo la prohibición mosaica de hacerse imagen de cuanto hay en cielos, tierra, aguas y abismos.

Las excepciones las representan el Jesús pintado a modo de Zeus , y la pintura de la Catacumba de san Marcelino y san Pedro .

La coincidencia de rasgos y proporciones entre el rostro en la pintura de la Catacumba de san Marcelino y san Pedro y el de la fotocomposición, apuntan al conocimiento de la persona, y en el apartado sobre La Verónica, ha quedado establecido cómo ésta es la muy probable artífice. Hay consenso en que es la primera pintura que representa a Jesús barbado, como el judío que fue.

Apenas descubierta la Sabana en Edesa en el año 525, ya en el siglo VI se pintó este Pantocrátor, del cual también hay consenso que tuvo como modelo el rostro impreso en la Sábana de Turín. El pintor pudo discernir que el rostro impreso en la Sábana estaba invertido (efecto espejo) y con cierto perfil, no de frente, y así lo pintó.

Empero, al revertir la inversión del perfil, omitió invertir los lados, de tal manera que el lado derecho, que queda más lejano del espectador, aparece de mayor tamaño, como si estuviera en primer plano, mientras que el lado izquierdo, que queda más cercano del espectador, lo representó de menor tamaño, como su ocupara un segundo plano. Este detalle hace aparecer el rostro cóncavo y no convexo. Esta concavidad en un inicio involuntaria, pasó a formar escuela en el Oriente, para la elaboración de los iconos, como significado de introspección, nos informa Tania Vielmans en “El Mundo del Icono”.

De igual forma, la rigidez de las figuras superiores, originales de la Tabla de Edesa, formó escuela ya desde el pantocrator descrito, para representar hieratismo en los iconos orientales, como signo de muerte para el mundo.

Es probable que el rostro en el vaporoso Velo de Manopello tejido con seda marina del molusco Pinna nobilis y dejado por un forastero a un parroquiano en 1508, fuera calcado del rostro impreso en la Sábana de Turín, mientras esta permanecía oculta por los Templarios, según descubrió Bárbara Frale, y sea este el rostro que veneraban los miembros de dicha orden religiosa y militar. Acusa el calcado la curvatura de la nariz, la mancha acuosa que el pintor confundió con un mechón de cabello en medio de la frente, y que también confundió el labio inferior con los dientes superiores. El autor se manifiesta así como un incompetente intérprete del rostro impreso en la Sábana. Esta calca habría dejado en la Sábana los vestigios de pigmento que adviritó Walter McCrone, un microanalista separado del equipo que analizó la Sábana en 1976.

  Richard Neave, de la Universidad de Manchester, reconstruyó el rostro de un cráneo hallado en Jerusalén, datado como del Siglo Primero. Sin embargo, al difundir su trabajo en diciembre de 2002, Mike Fillon de Mecánica Popular, lo presentó como “el verdadero rostro de Jesús”, para lo cual argumentó que el esterotipo religioso “occidental” de Jesús, diverge del de un judío del Siglo Primero, del que no se distinguía Jesús. Y que este estereotipo se opone a la censura de Pablo al cabello largo en los hombres (1 Cor 11, 14). Así, dice que Jesús debió medir 1.56 metros, tener la tez oscura y maltratada, y usar cabello corto. Todo esto es una flemática broma inglesa llevada al extremo al proponer al culto al “hombre de Neavertal”, previas sesiones con el estilista, que le creció el cabello; con el cirujano plástico, que le aclaró la tez; y con el analista, que le ayuda a sobrellevar el pánico escénico.

Al ser expulsados de Cananea por Adriano en el año 135, los judíos se diseminaron por Europa , de forma que el estereotipo religioso “occidental” o “europeo” de Jesús tiene mucho de judío, igual del Siglo Primero que del contemporáneo , tanto, que hay obras de los grandes pintores que guardan mucha similitud con la fotocomposición . Al igual que Sansón, Jesús fue primogénito nazoreo que debía conservar largo el cabello. El cráneo reconstruido por Neave proviene de un falasha muerto en Jerusalén . Los falasha son hebreos descendientes de la tribu de Dan, más inclinada a mezclarse que la tribu de Judá, que huyeron a Etiopía al ser conquistado por Asiria el Reino de Israel, en el siglo VIII a.C..

Ray Downing, de los Estudios Macbeth de animación, en Nueva York, interpretó el rostro de Jesús a partir de la Sábana de Turín.Para la difusión de su trabajo contó con History Channel. Justifica la divergencia del rostro que propone respecto al que se aprecia en la Sábana, por haberse imprimado esta siguiendo las sinuosidades anatómicas, de forma que, según él, Jesús debió medir 1.72 metros, y no el 1.80 que registra la Sábana. Se equivoca al no considerar que, por su cerrado tejido, la Sábana tendió puentes entre las prominencias del cuerpo, como él mismo ilustra.

Al igual que Downing, que lo ensancha, otros reconstructores del rostro impreso en la Sábana de Turín lo ensanchan o angostan, al adaptar su interpretación a uno u otro de los lados del rostro con perfil de la Sábana.

El propósito extracientífico del trabajo de Downing queda en evidencia al ver que, al igual que Neave, propone su modelo al culto.