El 18 de abril de 1973, miércoles santo, mi maestro de segundo de secundaria, Manuel Mijares, nos impartió una conferencia sobre la Sábana Santa que se preserva en Turín. Al finalizar, permanecía en pantalla el negativo (positivo) de la fotografía de la Sábana , y mi maestro advirtió algo que provocó que se hiciera la pregunta en voz alta: “¿Como es posible que aparezcan las manchas de sangre según la dinámica de la crucifixión, y no estén deformadas por como se debió manipular el cuerpo para desclavarlo y bajarlo de la cruz, trasladarlo y depositarlo en el sepulcro, ni aparezcan huellas de las manos que lo manipularon?” Como única respuesta obtuvo un prolongado silencio.

Tal pregunta me rondó durante 25 años, hasta que a inicios de 1998 consideré que, si Pilato debió salir del Pretorio para atender a quienes acusaban a Jesús, impedidos de entrar para no contaminarse y así poder celebrar la Pascua, por la misma razón quienes sepultaron a Jesús estaban impedidos de tocar el cuerpo, pues la Ley mosaica dictamina siete días de impureza a quien incurra en tal contacto, así como dos baños en días salteados y asperjársele aguas lustrales para poder recuperar la pureza (Núm 19, 12-15). Más todavía, al ser declarado blasfemo, Jesús debió ser sujeto de la ceremonia de anatema mediante la cual se le apartó de la Asamblea de los Puros de Israel, se le maldijo, y se le condenó a muerte. Desde ese momento Jesús quedó impuro para los israelitas, y ya no se le pudo tocar, a riesgo de quedar impuro. Pero, ¿cómo fue entonces que lo manipularon sin tocarlo? Todo ese año discurrí en el posible modo, hasta que a fines de año llegué a una hipótesis:

Ante la cruz se colocó vertical un varal tan largo como la Sábana, y con vendas se fabricó un arnés para sujetar el tórax al varal; y con una venda simple, las piernas por las corvas. Bastaría desclavar los pies, y elevar el cuerpo con el varal apoyado en el patíbulo de la cruz, para pasar a desclavar las manos, orientándolas con una venda para hacerlas reposar en el regazo; así sólo se tuvo que tomar el extremo del varal apoyado en el patíbulo, para trasladar al sepulcro el cuerpo asido al varal a modo de anda, como presa de caza o cordero sacrificado. Ya allí, se bajó el varal y bajó el cuerpo sobre la Sábana previamente humedecida en la solución de mirra y áloe para que la propia tela impregnara el cuerpo al tender la sección superior sobre éste luego de correr el varal para desasir venda y arnés. Así, en vez de complicar la manipulación del cuerpo sin tocarlo, la crucifixión la facilitó. Me conformé con la satisfacción personal al no tener manera de comprobar mi hipótesis.

Fue diez años más tarde, que, una vez resuelta la fotocomposición del rostro de Jesús, y aguijoneado por las suspicacias que me generaron las conclusiones del edices sobre el uso del Sudario de Oviedo, que consideré que si tenía una imagen coincidente con el rostro impreso en la Sábana de Turín, podía con esta rastrear las aplicaciones del Sudario de Oviedo al rostro, pues para identificarlas contaba además con la herida en forma de tres en la frente del rostro impreso en la Sábana de Turín.

Me fue relativamente fácil detectar las aplicaciones y comprender la razón de cada cual, por cuatro factores. El primero fue que contaba con un rostro más detallado que el impreso en la Sábana. El segundo fue que tenía una hipótesis previa, que con este ejercicio resultó confirmada. El tercero fue el peculiar uso y manejo del sudario y de la Sábana, de forma sistemática, para que no proliferaran las fuentes de impureza, y de forma metódica, para que la sangre no se expandiera por las telas, lo cual además confirma su operación por judíos cuidadosos de no contaminarse. Y el cuatro es que en la Sábana se hallan las huellas que explican las del sudario, y el sudario contiene las que explican las de la Sábana, lo que confirma la autenticidad de ambas telas, y su correspondencia con el proceso sepulcral de Jesús, que detallan.

Al colocar la fotocomposición en la mancha más apreciable, el rostro adquirió un gesto de dolor, por tanto estaba vivo, pues un muerto no gesticula. El Sudario es, pues, el velo de La Verónica, y esta aplicación fue para limpiarle a Jesús el rostro camino del Calvario, cubierto por la sangre que manaba de las heridas bajo la corona de espinas. Es perceptible la silueta de una mano que se interpuso entre el rostro y el Sudario, lo que impidió que el Sudario recogiera la sangre del pómulo derecho; esta mano es del mismo tamaño y proporción que las impresas en la Sábana. La mano presenta la palma, no el dorso. Jesús se cubría de un golpe, y desearía impedir que las espinas se ensartaran en el Sudario, o bien, desensartarlas.

En la parte baja del Sudario se imprimió la huella de un puño de tres dedos que golpeó el dorso de una mano femenina. El golpe fue cuando esta mano estaba sobre la barbilla de Jesús. Una línea recta gruesa marca la trayectoria del puño que hizo que la tela se plegara envolviendo la mano femenina, y registrara doble huella del puño, y de la mano que golpeaba, esta última por la palma —amarillo— y por el dorso —rojo—. Esa mano limpiaba el Rostro con el Sudario, mediando una tela entre la mano y el Sudario. El golpe hizo que La Verónica quedara impura por el contacto del Sudario con el dorso de su mano. La posición de la mano femenina nos indica que Jesús yacía en el suelo, pues la mujer accionó sobre la cabeza de Jesús. Un segundo golpe, de menor fuerza y en tangente, lo recibió Jesús en el pómulo y en la mano con la que se cubría el ojo.

Posterior a los golpes, por la parte inferior del Sudario unos dedos, encerrados en círculos, arrebatan el Sudario, originando las huellas en forma de acordeón encerradas en línea discontinua. Está proyectado el desplazamiento del Sudario por los golpes anteriores, que nos hace saber que las líneas del extremo izquierdo se produjeron al resbalar de la tela sobre el antebrazo de Jesús –también proyectado con línea discontinua– durante el arrebato del Sudario. Las líneas del extremo derecho las produjo el deslizamiento del Sudario sobre la mano de Jesús; y los puntos, el trepidante resbalar de la tela sobre la corona de espinas durante el arrebato de la tela.

Después del arrebato, el soldado se burla de La Verónica: la mano que tiene asido el manto por la parte baja se lo presenta repetidas veces, La Verónica lo toma y entonces el soldado lo jala una y otra vez, originándose la serie de líneas sobre los círculos de línea discontinua que encierran las marcas de cada intento, y provocando la furia de La Verónica, que, burlada y sabedora de que ha quedado impura, deja la tela que mediaba entre su mano y el manto, y toma el Sudario directamente, (círculo en rojo). A quienes presenciaban la escena, les quedó claro el desdén de La Verónica a la Ley de Moisés: en vísperas de la Pascua que se acercaba, auxiliaba a Quien había sido declarado blasfemo, y sin temor, disputaba una tela que transmitía impureza. El propio hecho la hacía una proscrita, y por esta razón, los evangelistas, que no dejaban de ser judíos, no refirieron en sus escritos el suceso.

Aún resbala el Sudario de la mano de La Verónica, quien lo vuelve a tomar con la mano desnuda, pero en esta ocasión el soldado espera a que La Verónica aplique todas sus fuerzas, entonces aparenta tomar con la otra mano el Sudario para disputar la tela, pero suelta el Sudario para que la mujer caiga de sentón, tal como indican las dos líneas que se desprenden de la zona encerrada en línea discontinua en dirección al círculo rojo, que marca la zona donde tomó La Verónica el Sudario. Las huellas de la aparente toma del Sudario con la otra mano están confundidas con las huellas de aplicaciones posteriores, bajo el gran manchón de sangre que media entre el círculo y las líneas.

Se advierte que el puño que dejó su huella en el Sudario pertenece a una mano a la que le falta el dedo medio. Las únicas huellas humanas que aparecen la Sábana, ajenas al cuerpo de Jesús, son las de unos dedos en la región de la planta del pie izquierdo, bajo el talón, que, en apariencia, se quedaron con la sangre de la superficie que tocaron. El ángulo excesivo entre los dedos, cuyos extremos casi se tocan, indica que la mano ejercía presión sobre el pie para obligarlo a girar; y el similar tamaño de los dedos nos indica que son el índice y el anular, pues sobre el talón aparece el perfil del pulgar, y en el arco, el perfil del meñique, éste sí en concordancia de ángulo con el anular, por lo que esta mano carecía del dedo medio. Es, por tanto, del soldado que golpeó a Jesús y arrebató el Sudario a La Verónica, y que sujetaba el pie para clavarlo. La sangre corrió hacia la planta del pie a través de la mano mientras los pies eran clavados, y dejó de correr hacia la planta al separarse la mano una vez clavados los pies, tomando un cauce natural por el empeine torcido, por lo que estas huellas no se borraron con el correr de la sangre durante el tiempo en que Jesús permaneció en la cruz. Esta huella indica, además, que la operación se realizó con Jesús acostado, no de pie, pues la sangre no habría corrido por la mano hacia la planta a la altura del talón de haber estado ya Jesús colgado, clavadas las manos al patíbulo en la cruz, según postula Ricci. Lo anterior nos informa, a su vez, que el stipes y el patíbulo de la cruz no estaban separados de acuerdo a esa misma hipótesis, sino unidos, de forma que Jesús cargó la cruz completa. Jesús necesitaba libres las dos manos y los dos brazos para cargar la cruz completa. Ya en primera aplicación se observa que Jesús tenía las manos libres, por lo que se pudo cubrir el ojo del golpe que recibiría.

Contención de sangre por la lanzada. La mancha es del mismo tamaño, proporción e inclinación que la de la Sábana, que al aparecer breve y discontinua, indica que fue limpiada. Para esta aplicación el Sudario fue puesto en sentido vertical. En el Sudario, bajo la gran mancha de la lanzada, se aprecian múltiples rectángulos producidos al oprimir el Sudario con una venda enrollada, el torso y el costado de Jesús, repetidas veces, para recoger con éste la sangre y el agua que escurrían. Esta operación también grabó en el Sudario varias heridas en el vientre por la flagelación, las cuales se señalan con rojo en el esquema. Es la mancha que el EDICES atribuye al fluido salido de la boca.

Para retirar la corona de espinas, se ensartaron en las espinas los extremos del sudario, y con su parte media se jaló hacia arriba la corona. En morado, las huellas delas espinas frontales; y en amarillo, las posteriores. Las huellas de sangre que llegan al borde del Sudario, son las de la cabellera. Las flechas en verde señalan la coleta.

Si el Sudario se coloca vertical a la Sábana, las huellas de la coleta y la cabellera indican la inclinación y giro de la cabeza al operar el retiro de la corona. El desfase de la aplicación del Sudario se debió a que la corona se retiró cuando Jesús colgaba muerto, con la cabeza reclinada. Las flechas en verde señalan las huellas de la coleta. Las amarillas superiores, el cabello que caía por delante del cuerpo, y las inferiores, el cabello que caía por detrás. Si se hace coincidir, recta con la de la Sábana, la huella en el Sudario de la coleta del peinado que llevaba Jesús al ser crucificado, el Sudario se proyecta fuera de la vertical, inoperante para la extracción de la corona; más aun por el desfase en que fue posicionado para ensartarlo a las espinas. Esto confirma que la cabeza estaba reclinada.

La ubicación del Rostro en esta aplicación la dieron las huellas del ceño y el arco superciliar derecho; las demás manchas eran hasta entonces inciertas, dado que ocupa la misma región que tuvo contacto con la herida del costado. El Sudario medió entre el Rostro y el varal con el que se levantó la cabeza para colocar en el mentón la venda con que se practicaba el arnés; las flechas amarillas señalan el borde de esta venda, que por haber servido para oprimir el Sudario contra el torso para limpiarla herida de la lanzada, estaba manchada y húmeda. Aparece la huella del palo en medio de la frente y no aparece la herida en forma de 3 porque el Sudario se usó para preservar el palo del contacto con cadáver, no para limpiar el Rostro. Se aprecian los orificios nasales taponados con una gasa ya saturada de sangre, y la nariz deformada por la opresión del palo. La mancha de sangre de la barbilla, más baja que ésta, indica que, al levantar la cabeza, la boca se abrió, lo cual revela que esta operación se realizó recién muerto Jesús, con el cuerpo todavía no afectado por el rigor mortis.

En la Sábana, la ausencia de imagen de la coronilla, los hombros y el alto tórax, así como dos cruces en la espalda, indica que en esas regiones se interpuso una venda entre el cuerpo y la Sábana. El arnés comenzó en la barba, subió a la coronilla, bajó por delante a las axilas –pero por detrás de los mechones de cabello que caían por delante, de forma que el arnés mantuvo los mechones como si el cuerpo estuviera en pie cuando yació en la tumba, y por ello se imprimieron paralelos al rostro a modo de nemes egipcio– cruzó por atrás hacia las partes yuxtapuestas de hombros y cuello, se proyectó hacia el varal, y de éste hacia la parte contraria del cuello y los hombros (esas secciones descansaron sobre el alto tórax ya en el Sepulcro), de ahí cruzó por la espalda hacia las costillas, y de éstas se proyectó de nuevo hacia el varal al cual se amarró.

Para desprender las extremidades, se usó la misma parte del Sudario que estuvo en contacto con el Rostro al ser limpiado por La Verónica. Primero se desprendió el pie izquierdo (pi), clavado sobre el pie derecho, después este otro pie (pd); se izó el palo apoyándolo en el patíbulo y se precedió a desprender la mano derecha (md), y luego la mano izquierda (mi).

Cobertura del rostro durante el traslado al sepulcro. Esta aplicación se halló gracias a la herida en forma de “3” (flecha roja). Las flechas amarillas señalan el contorno de la parte de la venda que rodeó la cabeza y cerró la mandíbula; las flechas en naranja señalan las partes de la venda que soportaron el Cuerpo colgado del varal, y que aparecen distendidas porque tocaron el Sudario al depositar el cuerpo en el Sepulcro. Las mismas huellas de la venda con la que se elaboró el arnés, nos informan que permanecía mojada en la sangre que manó del costado, por lo que no habría transcurrido mucho tiempo desde cuando, con esta venda, se oprimió el Sudario para que recogiera la sangre y el agua que manaba de la herida del costado. A esta aplicación la complementa la mancha de sangre en la Sábana del reguerillo que corrió hacia la espalda por la posición y movimiento del cuerpo pendido del varal a modo de anda al trasladarlo.

El traslado del cuerpo asido al varal a modo de anda, produjo que la sangre que manaba de la herida en el costado, se desplazara hacia la espalda y allí formara un reguerillo a la altura de los riñones, la parte más baja del cuerpo en la posición de traslado, antes de caer al suelo.

En la Sábana, en la zona de los glúteos, hay un doble registro, que indica que en el sepulcro el Cuerpo fue depositado en forma parcial, pero como sobresalían los pies de la Sábana, de inmediato fue levantado para desplazarlo ocho centímetros hacia arriba y cuatro centímetros hacia la derecha. En el primer depósito quedó marcado el pliegue glúteo con sangre, y en el segundo depósito, definitivo, el pliegue glúteo aparece como una sombra, pues no contenía ya la sangre que sólo se había acumulado ahí y que ya se había transferido a la Sábana mojada en la solución de mirra y áloe, en el primer depósito, parcial. El doble depósito provocó que la impresión del Cuerpo en la Sábana parezca tener la espalda muy larga y las piernas muy cortas; esta desproporción aparente ha sido esgrimida como argumento para desacreditar la autenticidad de la Sábana. La aplicación del Sudario para el traslado, complementa estas huellas en la Sábana, pues la venda tocó el Sudario al distenderse al quedar el cuerpo depositado en el sepulcro.

Acomodo de pies y manos en el sepulcro. Se consignan de acuerdo al miembro: mano derecha: md; mano izquierda: mi; pie derecho: pd; pie izquierdo: pi. Cuatro huellas indican que el pie derecho fue acomodado cuatro veces. En la Sábana, el talón del pie derecho dejó cuatro diferentes rastros de sangre, cada rastro se corresponde a una aplicación del Sudario. El acomodo final coincide con el registro de la radiación de la Resurrección. En el negativo de la Sábana es más apreciable cómo el pie izquierdo dejó un doble registro; al igual que los glúteos. La sangre es de la primera posición; y la imagen por radiación, en donde ya no aparece sangre, la posición definitiva.

Es muy probable que Jesús cubriera su desnudez al ir a la cruz, sujetándose a la cintura su taled o manto de oración, inutilizado al cortarle los flecos en la ceremonia de anatema por blasfemia, y que una vez muerto, ya en el sepulcro se doblase y se le colocara cubriendo las partes nobles, y sobre este descansaran las manos, ya que en la Sábana hay ausencia de radiación en la zona que ocupó esa tela, y Juan consigna que a Jesús se le sepultó “según la costumbre judía”.

Las huellas del Rostro asociadas a esta aplicación son inapreciables, pues el Sudario sólo sirvió para retirar la gasa con la que se taponaron los orificios nasales para las operaciones de descendimiento, traslado y depósito. Como se puede apreciar, es la misma región del Sudario que sirvió para seis de las aplicaciones anteriores.

En esta ocasión el Sudario se utilizó para cerrar el párpado derecho, sobre el que se aprecia la huella del pellizco con el que se asió el párpado para bajarlo. En la parte alta del párpado izquierdo se observa cierta acumulación de sangre, lo que indica que durante esta operación ese ojo aún estaba abierto. El parche gráfico ayuda a apreciar mejor las huellas de la operación.

El Sudario se desplazó para cerrar el párpado izquierdo con la misma parte del Sudario con la que se había cerrado el párpado derecho. El parche gráfico ayuda a apreciar el pellizco para asir el párpado izquierdo para bajarlo, y cómo el párpado derecho, ya cerrado, aparece limpio, pero con cierto rastro de sangre en la parte baja, señal de que ya había sido cerrado.

Se utilizó el Sudario para mediar con el varal con el que se hizo presión sobre el lado derecho de la nariz y la frente con el propósito de levantar la cabeza que permanecía reclinada conforme a la posición en la que quedó al morir Jesús: es la razón por la que el Sudario se encuentre girado seis grados. La huella del varal es perfectamente visible, y parece que se expande en la frente por efecto del desplazamiento del palo al cambio de posición durante la elevación de la cabeza. Retirada la gasa de la nariz, la sangre fluyó mojando el bigote. Se aprecia que de la boca también alcanza a salir sangre.

Esta aplicación es la continuación de la anterior: se enderezó el Sudario para continuar haciendo presión con el varal sobre la cabeza para girarla a la izquierda –su huella se aprecia al centro de la frente y por toda la nariz–, se siguió oprimiendo el párpado izquierdo, lo cual se ve mediante el parche gráfico de la segunda imagen. La expansión de la herida en forma de “3” indica la resistencia de la cabeza a quedar derecha y el tiempo que duró la aplicación, suficiente para que el Sudario, fortuitamente doblado por la orilla, recogiera la volumetría de la parte derecha del Rostro, que por desgracia se cortó para someter ese fragmento a la prueba del carbono 14; también se limpió la sangre que fluyó de la nariz al ser retirado el tapón. Se aprecia que aún sale de la boca un reguerillo de sangre que se desplaza desde la comisura derecha.

Esta aplicación tuvo una doble finalidad: continuar la opresión de ambos párpados y la colocación del tefilin o filacteria profanada en el puente nasal. La colocación del tefilin parece indicar que quien realizó la limpieza del cuerpo, discrepaba de la opinión del Sumo Sacerdote de que Jesús hubiese blasfemado y, en franca rebeldía hacia el Sanedrín y repudiando su dictamen, aun profanado lo colocó en su lugar para una íntima ceremonia fúnebre.

Los tefilin o filacterias son unas cajitas de cuero que los israelitas se amarran a la frente y en el brazo izquierdo, para significar que se graban la Ley en la mente y en el corazón (Dt 6,8), contienen pasajes de la misma, así como las bendiciones por acatarla, y las maldiciones por trasgredirla (Lv 26; Dt 27) . A Jesús le profanaron los tefilin para extraer de estos los fragmentos de las maldiciones, y leérselos durante la ceremonia de anatema.

El Sudario se usó para trasladar al Sepulcro todos los objetos manchados con sangre o que tuvieron contacto con Jesús declarado blasfemo, y para disponer esos objetos a los lados del cuerpo en la Sábana. Sobre el letrero de la cruz –su huella enmarcada en línea discontinua color amarillo– se colocó el Sudario, y sobre éste, los objetos que se recopilaban en el Calvario. Se encierra en línea discontinua color naranja la parte del Sudario que sirvió para la recopilación de objetos y para luego acomodarlos a los lados del cuerpo sobre la Sábana, en el Sepulcro.

Coinciden con las huellas de los objetos hallados en la Sábana por Alan y Mary Whanger: letrero, sandalia (el modelo es la huella del pie en la Sábana), esponja, lanza, flagelos, clavos, pinzas y tefilin. Es posible que sobre estos objetos quedaran la corona de espinas y el martillo. En la parte superior del letrero, que se conserva en Roma, hay huellas de calafateo de un uso anterior, que también recogió el Sudario. Las sandalias fueron puestas suela con suela, de forma que el Sudario recogió la huella del pie de Jesús, marcada en la sandalia. Es probable que el “pan” inventariado del Arca de Oviedo, sea la esponja. El Sudario estaba húmedo por todas las aplicaciones que se han explicado, de forma que recogió las huellas de los objetos con nitidez destacable.

Concluida la preparación del Cuerpo, se cubrió con el Sudario la zona genital para la íntima ceremonia fúnebre. Al estar húmedo por una aspersión ritual, el Sudario recogió gran parte de la sangre acumulada alrededor de las heridas de las muñecas y en el taled bajo las manos. Puesto que la aplicación fue para cubrir y no para limpiar, aún quedó sangre, particularmente en la herida de la muñeca izquierda, que era la más lastimada por cargar Jesús con ella todo su cuerpo para poder respirar, sangre que se transferiría a la Sábana por estar, ésta sí, mojada.

Finalmente, el Sudario fue levantado del regazo de Jesús, volteado y puesto de nuevo sobre éste, en ángulo de 33 grados, para proceder a doblarlo dejando al interior la cara que había tenido contacto con el Cuerpo. Durante esta acción, quedaron apenas grabados los nudillos de la mano izquierda de Jesús en la parte superior del Sudario.

Una vez que la Sábana fue puesta sobre el cuerpo. La cabeza giró seis grados hacia la derecha y se reclinó otros seis grados, para volver a la posición fijada por el rigor mortis. esto hizo que la tela sufriera flexión, y su trama, torsión. La propia Sábana guarda los registros de este doble movimiento: 1. Por el giro y la reclinación de la cabeza, se hicieron las arrugas que arriba y abajo enmarcan el rostro. En la arruga superior están muy definidos los dos movimientos con las dos diferentes trayectorias. La Sábana se tensó o abrió hacia la izquierda, y se distendió o cerró hacia la derecha. 2. El arco supeciliar derecho aparece más breve que el izquierdo. 3. La herida en forma de “3” aparece como dibujo recargado por el desliz de la Sábana sobre el Rostro. 4. El perfil del Rostro está en alto contraste del lado derecho, y se diluye del lado izquierdo. 5. Del lado derecho el bigote se contrajo de descendió, y hacia el lado izquierdo se expandió. 6. El cabello del lado izquierdo se imprimió con mayor fuerza que el cabello del lado derecho. 7. La barba se desplazó hacia la izquierda por el giro de la cabeza a la derecha.

Esta flexión y torsión de la tela, es la que deforma el rostro retratado por Jackie Haas , y por ello coincide todavía más con el rostro impreso en la Sábana, respecto a las demás fotografías que conforman la fotocomposición. Esto puede observarse nítidamente en la coincidencia entre los rizos del cabello de la fotografía, y los reguerillos de sangre que escurren por estos rizos en la Sábana.

Sábana mojada - Sábana seca y arrugada. Cerrado el Sepulcro, la Sábana, mojada, se fue secando y arrugando, más todavía porque la tela era nueva, y de lino; de modo que, al momento de imprimarse el cuerpo al resucitar Jesús, la Sábana estaba muy arrugada. Eso es lo que plasmó la quemadura por radiación, y eso lo que registra el visor VP8 de la NASA. John Jackson, uno de los científicos que usó ese instrumento, afirma que en la Sábana hay un desfase entre los registros de sangre (Sábana mojada) y los de quemadura por radiación (Sábana seca y arrugada); y que al ser radiada, la tela estaba arrugada, pues la quemadura que produjo es dispareja.