El Sudario de Oviedo es un tafetán de lino de cincuenta y tres por ochenta y tres centímetros. Está muy manchado de sangre y muy maltratado por haber estado expuesto a la devoción.

Se le sacó de Jerusalén en un arcón en el año 614; recorrió el norte de África para llegar a España tres años después. Conforme el Islam avanzó en la Península Ibérica, el arcón fue llevado cada vez más al norte, se le ocultó en Monte Sacro y en el año mil se le depositó en Oviedo. Ahí la reina Sancha y el Cid Rodrigo Díaz de Vivar abrieron el arcón para inventariar su contenido, y hallaron una sandalia, un "pan", y el Sudario.

El primero que se fijó en esta otra tela fue Mons. Giulio Ricci, quien antes había estudiado la Sábana Santa.

Por lo que creyó advertir en la Sábana, Ricci formuló sus hipótesis de que Jesús no portó ya la corona de espinas rumbo al Calvario y en la cruz. Que no cargó toda la cruz, sino sólo el patíbulo que le fue amarrado a los brazos. Que Jesús fue clavado al patíbulo y ya así fue levantado para ensartar el patíbulo en el estípite de la cruz. Y que ya muerto Jesús, se bajó el patíbulo y en el piso se le desclavó. Y modeló un crucifijo con Jesús muerto, con el brazo derecho flexionado y el Sudario asido a la cabeza, como según creyó que la envolvió.

Años más tarde, el Equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología (edices) retomó la hipótesis de Ricci de que el Sudario envolvió la cabeza de Jesús en la cruz, e hizo sus propias investigaciones, y concluye que:

• El Sudario se usó en un hombre muerto.

• Doblado circunvaló parcialmente la cabeza con el cuerpo de pie, se cosió a la cabellera de la nuca. Permaneció así cuarenta minutos. Fue sostenido por un puño.

• Después yació el cuerpo en el piso otros cuarenta minutos en decúbito supino con el brazo derecho levantado hacia la cabeza.

• Así se produjo un manchón con réplica por trasminado en efecto espejo, al estar doblado el Sudario.

• Y una mancha extensa y tenue por fluido salido de la nariz proveniente de los pulmones.

• El Sudario se desprendió y se volvió a colocar circunvalando la cabeza, amarrado por uno de sus lados en forma de capucha. Así se trasladó el cuerpo al sepulcro, y ya ahí se sacó de la cabeza el Sudario amarrado.

Estas conclusiones son insatisfactorias:

Si Jesús sangró profusamente de la cabeza por la corona de espinas, como el propio Ricci ilustra, ¿por qué el Sudario, que circunvaló la cabeza, sólo se manchó con la sangre del rostro y de la nuca al envolver la cabeza en formas parcial y total?

¿Por qué la mancha producida por trasminado en efecto espejo tiene mayores tamaño y densidad aparentes?

Sostiene que el brazo crucificado impidió que en la primera aplicación el Sudario rodeara completa la cabeza. Pero según muestran las imágenes de los experimentos de Pierre Barbet con cadáveres crucificados, la tensión de la crucifixión, de los músculos intercostales a los músculos externoncleidoastoideos impide que la cabeza pueda reclinarse más de seis grados; y según los estudios de los reguerillos de sangre hechos por Barbet, el ángulo que guardaron los brazos respecto a la cabeza no impide que una tela la circunvale. El escultor Juan Manuel Miñarro, miembro del edices, elaboró el Cristo de la Universidad, crucificado con los brazos en un ángulo 20 grados divergente del crucifijo realizado por Charles Villandre de acuerdo a los estudios de Pierre Barbet a las trayectorias de los reguerillos de sangre en los brazos que muestra la imagen impresa en Sábana. Aun así, cuesta trabajo hacerse a la idea de que el brazo interfiera para que una tela pueda circunvalar la cabeza. Sólo el inoperante doblez del Sudario.

El sufrimiento prolongado que padeció Jesús, con intensa pérdida de sangre, anticipó el proceso de respiración anaeróbica de las células, lo cual propició que el rigor mortis se presentara casi de inmediato a la muerte ¿Cómo conciliar esto con los amplios tiempos y los movimientos que sugiere el informe del edices, y con el acomodo del cadáver para bajarle el brazo después de una hora y veinte minutos al disponerlo en el sepulcro? Además, estos movimientos de descendimiento, yacimiento en el piso, levantamiento, acarreo y depósito en el sepulcro, necesariamente habrían afectado las huellas de sangre y contravenido las disposiciones de la Ley mosaica.

El médico multiespecialista José Suárez Lledó Alemany publicó en la Internet un informe en el que rechaza que la mancha extensa y tenue sea fluido que saliera por la boca desde los pulmones, pues eso implica que Jesús sufriera disnea, y al no poder respirar, no pudiera hablar y gritar en la cruz, como asientan los Evangelios que hizo Jesús.

En efecto, Jesús tuvo dificultad para respirar, pero no por el colapso de los pulmones que apunta el informe del edices, sino por la opresión de los músculos intercostales a la caja torácica por efecto de la tensión producida por los brazos en cruz que soportaban el cuerpo, y que Jesús venció levantando el cuerpo cada vez que necesitó respirar y quiso hablar.

El edices expone que el Sudario fijó los mechones como si el cuerpo estuviera de pie. Pero eso habría manchado de sangre el sudario como no lo hizo, y hecho que el cabello se adhiriera a las sienes, y los mechones no bajaran paralelos al rostro y se imprimiera en la Sábana a semejanza del nemes egipcio, tal como se imprimieron.